
Trece días después de jugar la final del Mundial y con tres entrenamientos encima, Lionel Messi volvió a jugar un partido oficial. No tenía ningún choque decisivo ayer por la noche, solo un encuentro más de MLS, por la fecha 18, que no definía nada. Pero el 10 decidió que, aunque era tiempo de empezar a hacer el duelo de lo que ocurrió con España, también era tiempo de dejar en claro el orgullo de haber sido el capitán de un grupo que jugó cinco finales en cinco años y que solo no ganó la última.
Leo volvió a la acción y, lógicamente, y después del enorme Mundial que hizo, empiezan las preguntas en el horizonte. ¿Seguirá jugando en la Selección? ¿Llega a la Copa América? ¿Y si en el 2030 está en el partido inaugural en el Monumental?
La Pulga, que se tomó una semana de vacaciones en Rosario para estar cerca de su papá, se ganó el derecho a jugar al fútbol hasta cuando él tenga ganas. Aún no tomó una determinación de qué hará con la Selección, si seguirá jugando o no. Es tiempo de dejarlo procesar y que continúe brillando en Inter Miami, donde tiene contrato hasta finales de 2028.
Como le contó a Olé en la previa del Mundial, tomó la decisión de disputarlo sobre el final, cuando realmente sintió que podía seguir siendo una solución para el equipo y no una carga. Y vaya que fue importante para que la Selección jugara una nueva final, la tercera en sus seis Copas del Mundo: jugó los ocho partidos (solo uno arrancó desde el banco), hizo ocho goles y dio cuatro asistencias.
A los 39 años, ha demostrado una vigencia inusitada. Es un caso de estudio, pero también de alguien que se sigue preparando para cada reto que le pone su carrera por delante. Habrá que ver cuál es su próxima zanahoria: ¿ganar la MLS o la Leagues Cup nuevamente? ¿Llegar a la Copa América con 41 años?
Solo hay que disfrutarlo y nada más.
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