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A diez años de Casita robada: "No hubo reparación, no hubo recuperación de los bienes"

En marzo de 2016, al cumplirse cuarenta años del golpe de Estado de marzo de 1976, la escritora mendocina María Josefina Cerutti presentó Casita robada, una obra que reconstruye la historia de su familia y pone el foco en un aspecto muchas veces relegado cuando se habla del terrorismo de Estado: el robo de bienes. 

La casita robada es uno de los juegos de cartas familiares más populares de América Latina. Generaciones de chicos crecieron disputando cartas entre risas, arrebatándose montones sobre una mesa donde el único premio era ganar la partida.

Cartas del juego infantil “La casita robada”.

Pero, para la familia Cerutti, esas mismas palabras adquirieron un significado diametralmente opuesto. Lo que en la infancia evoca diversión e inocencia, en su historia se convirtió en la metáfora más cruel de una tragedia. La “casita robada” dejó de ser un juego para transformarse en una pesadilla marcada por el terrorismo de Estado, el despojo, la apropiación y el dolor.

María Josefina Cerruti, un verano en la Casa Grande en Mendoza

Detrás de ese título, tan familiar como inquietante, se esconde una historia real donde no hubo cartas ni vencedores, sino una familia atravesada por una de las expresiones más oscuras y siniestras de la última dictadura cívico-militar argentina. Una historia que, a diez años de la presentación del libro, sigue interpelando a la memoria colectiva y recordándonos que hubo hogares, identidades y vidas enteras que fueron arrebatadas.

Primera comunión de María Josefina en la Iglesia de Chacras de Coria en 1969 con toda la familia Cerutti. Victorio está detras de ella.

Diez años después de aquella publicación, Cerutti dialogó con este medio y reflexionó sobre el camino recorrido, la memoria, la justicia pendiente y el significado que conserva aquella casa que da nombre a su libro.

Victorio y Josefina en la Casa Grande.

-Se cumplen más de diez años de la publicación de Casita robada. ¿Qué siente hoy cuando vuelve a ese libro?

Siento que es lo mejor que pude haber hecho. Siempre quise escribir ese libro y finalmente lo escribí. Realmente fue un paso muy importante para poder ver la historia un poquito más afuera de mí y, a su vez, para entender mejor el horror que nos sucedió.

Consultada sobre si incorporaría un nuevo capítulo, responde que no.

“Quizás agregaría algunos detalles más de la historia, pero creo que fui muy precisa y muy concreta. No siento que necesite agregar un capítulo. Creo que la historia quedó ahí.”

Casamiento Jorge Cerutti con Carmen Gau en 1960

-¿Qué significó para usted publicar el libro?

“Todos los trabajos creativos son muy sanadores. La pintura, la escritura, la música… Escribir me ayudó a sufrir un poco menos.”

Sin embargo, aclara que la herida permanece abierta.

“Cada vez que voy a Mendoza, voy a Chacras, es muy triste para mí.”

También recuerda con desilusión su participación en la Feria del Libro de Mendoza de 2023.

“Fue una experiencia horrible.” , la secretaria de cultura de Mendoza me invitó me pago pasajes y hotel, pero no organizó nada, no hubo nadie .

Al analizar el presente, Cerutti sostiene que la sociedad argentina no ha profundizado la comprensión sobre lo ocurrido durante la dictadura.

También se refiere a quienes relativizan aquellos crímenes.

“Todavía hay gente que niega el Holocausto. Hay gente que dice que los desaparecidos están en Europa. Cuando uno quiere negar, niega, aunque le pongan las cosas adelante de la cara.”

Victorio poco antes de ser secuestrado , está parado a la izquierda de la foto.

Una historia que la autora, también habla de la apropiación de bienes

Al ser consultada por el caso de su familia, Cerutti prefiere remitir a los lectores directamente al libro.

“Hubo una dictadura que se apropió de bienes, además de personas y de bebés. Con esa excusa se robaron propiedades, mataron gente y robaron bebés. Esta es la historia de la Argentina de la dictadura del 76 al 83. Para más información, leer Casita robada.”

Sobre el significado de aquella casa, responde:

“Era la casa de la familia, era el recuerdo, era la presencia de los abuelos.”

Respecto del estado actual del reclamo, asegura que continúa sin resolverse.

“No hubo reparación, no hubo recuperación de los bienes.”Explica además que existió un dictamen, firmado en diciembre de 2015, que contemplaba convertir el inmueble en un Archivo de la Memoria, aunque afirma que esa decisión nunca se concretó.

“Nadie procede para hacerlo.”

Consultada sobre las posibles herramientas legales para reparar estos casos -a la luz de los antecedentes internacionales de restitución de bienes, como los aplicados a las obras de arte saqueadas por el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial o a bienes culturales expoliados de países como Egipto y otras naciones africanas :

“Es muy difícil recuperar los bienes porque – al menos cuanto yo entiendo – no hay una legislación dedicada a estos casos , tampoco un poder judicial comprometido, excepto varias y honrosas excepciones.”

Consultada sobre el clima político actual, Cerutti manifestó su preocupación por el rumbo del país.

“Me genera mucha preocupación este gobierno y todo lo que está haciendo. Por ejemplo, decir ‘kirchnerismo nunca más‘ es como una locura. Primero porque es discriminación. Cuando se dijo ‘Nunca Más’, era nunca más a una dictadura que secuestre y desaparezca gente. Claro que pone en riesgo la democracia este gobierno con semejante generación de odio. Claro que sí. Es muy peligroso.”

Para la autora, la memoria democrática requiere sostener políticas de educación y transmisión histórica que permitan comprender lo ocurrido durante la última dictadura y evitar que esos hechos vuelvan a repetirse.

“No ha tenido mayor conciencia porque votaron a esta persona que nos desgobierna. Creo, lamentablemente, que el sufrimiento es solo para algunos y la comprensión es para pocos.”

Victorio y Josefina 1974

Para Cerutti, una de las herramientas fundamentales sigue siendo la educación.

“Se debería enseñar más y mejor lo que fue la dictadura.”

¿Qué devolución recibió de los lectores? ¿Hubo personas que, a partir del libro, se animaron a contar historias similares?

“Recibí realmente cosas muy conmovedoras, gente muy conmovida por la historia, gente que conoció a mi familia. Conocí a más familiares a partir de esto. Sí, claro, hubo personas que se animaron a contar. He estado en la ESMA, acá en Buenos Aires, con personas que han querido empezar a contar.”

Dentro de su propia familia, cuenta que una sobrina estudiante de cine quiere llevar la historia a la pantalla.

“Memoria, identidad, justicia y dignidad”

Los nietos de Victorio en la Casa Grande

Al finalizar la entrevista, Cerutti resume el significado que conserva hoy aquella “casita robada”.

“Significa memoria, identidad, justicia y dignidad para una familia que todavía están pendientes. Es muy triste y muy terrible lo que pasó en mi familia, y es una herida muy dolorosa.”

Presentación en Flandes, Bélgica (julio 2026) del libro EULIN, historias de mujeres y de lino

Antes de despedirse, la escritora nos contó que en julio de 2026 presentó en Flandes Bélgica su nuevo libro, EULIN, historias de mujeres y de lino, una obra que reafirma su prolífica producción literaria y su compromiso con la recuperación de la memoria y las historias de las mujeres.

Una memoria que también interpela al patrimonio

Casita robada (Sudamericana, 2016) narra el secuestro, la desaparición y el despojo patrimonial que reconstruye María Josefina Cerutti, sufrió su familia , en una historia en la que el entonces almirante Emilio Eduardo Massera .

Calle Honor, en el ex barrio Wil-Ri. Foto: María Eugenia Cerutti.

Como una de las mas siniestras paradojas que atraviesan este caso, en el barrio que impulsó hizo bautizar sus calles con nombres como Honor y Justicia, una muestra del cinismo con la que la dictadura procuró revestirse , denominaciones que contrastan de manera elocuente con los crímenes de lesa humanidad por los que luego sería condenado.

La calle Justicia, una de las denominaciones originales del barrio. Foto: María Eugenia Cerutti.

A cincuenta años del golpe de Estado de marzo de 1976, la memoria colectiva sigue asociando aquel período con los 30.000 desaparecidos, los centros clandestinos de detención, las torturas, la apropiación de niños nacidos en cautiverio, la persecución política y otras graves violaciones de tipo  económicas financieras y fundamentalmente a los derechos humanos cometidas desde el aparato estatal. Fue un tiempo en el que el Estado, que debía proteger a sus ciudadanos, utilizó su poder para perseguirlos y destruir vidas, una de las páginas más oscuras de la historia reciente argentina.

Pero Casita robada invita a mirar otra dimensión de ese horror: el robo de bienes. Detrás del terrorismo de Estado también hubo familias que perdieron sus casas, sus empresas, sus campos y su patrimonio. El despojo económico formó parte de ese entramado represivo y dejó consecuencias que, en muchos casos, permanecen sin reparación.

La historia que cuenta María Josefina Cerutti recuerda que las víctimas no solo fueron privadas de su libertad, de sus proyectos o de sus seres queridos y hasta de sus vidas ; también hubo quienes fueron despojados de aquello que habían construido durante generaciones. Esa es una deuda de la memoria que todavía interpela.

Quizás por eso resulte valioso para quienes hoy viven en el ex barrio Wil-Ri -rebautizado como Casa Grande tras una consulta popular y una ordenanza municipal entre 2011 y 2013, debido a su origen vinculado con la apropiación ilegal de esas tierras- conocer esta historia.

Casa Cerutti

También invita a revisar una denominación que aún persiste: la vivienda suele ser mencionada como Casa Mazzolari-Cerutti, pero para la familia, que ha atravesado décadas de dolor y búsqueda de memoria, debería ser reconocida simplemente como la Casa Cerutti, el nombre que refleja su verdadera identidad histórica y evita asociarla con propietarios posteriores, algo que no suele ocurrir en otros casos similares.

Incluso, a  cinco décadas de aquellos terribles  hechos, todavía pueden encontrarse publicaciones inmobiliarias que identifican propiedades con el nombre “Wil Ri“, una denominación que remite al antiguo predio y cuya persistencia invita, al menos, a reflexionar sobre la memoria de ese lugar. Puede tratarse de una resistencia a revisar el pasado, pero también -y probablemente en muchos casos- de un profundo desconocimiento de la historia que dio origen a ese nombre.

La memoria no cotiza: el mercado sigue vendiendo “Will Ri”

 La inmensa mayoría, seguramente, adquirió sus costosas propiedades de buena fe y no tiene responsabilidad alguna sobre los hechos ocurridos décadas atrás. Pero conocer el origen de ese lugar también forma parte del ejercicio de la memoria. Porque antes de convertirse en el hogar de muchas familias, ese sitio fue la “casita robada” de otra. Y esa historia, como tantas otras atravesadas por el terrorismo de Estado, merece ser conocida, comprendida y recordada.

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