

La controversia sobre la posibilidad de que revise el respaldo de Estados Unidos a Gran Bretaña por las islas Malvinas impactó en el Reino Unido y en Argentina, pero también entre los expertos estadounidenses que conocen la disputa por las islas y siguen los vaivenes de la política exterior del republicano en la región. ¿Es solo un truco de presión de Trump a Gran Bretaña? ¿O hay pensada una estrategia en la zona? ¿Qué piensan del discurso de Javier Milei del jueves por la noche?
Consultados por Clarín, analistas coinciden en que los dichos de Trump podrían estar incluidos en su estrategia de revalorización del hemisferio occidental y el enfriamiento con Europa, aunque podrían ser solo una fuerte arma de presión a Gran Bretaña. Pero, advierten, que con el magnate “nunca se sabe”.
Algunos señalan que Trump se entusiasmó con el tema luego de ver la bandera de Malvinas en el partido contra Inglaterra y otros advierten, tras el discurso del presidente Milei del jueves por la noche, que EE.UU. podría sacar ventaja porque el mensaje “podría contribuir a justificar una presencia estadounidense en una base fueguina”.
Desde el Salón Oval, Trump dijo el lunes que “siempre reviso todas las posiciones. Esa es apenas una entre muchas”, cuando le preguntaron si podría cambiar el tradicional apoyo a Gran Bretaña para presionar al Reino para que incremente el presupuesto en defensa para contribuir a la OTAN y que ayude a EE.UU. en la guerra con Irán. Más vagamente, el jueves dijo a una cadena de televisión británica que podría no apoyar al Reino Unido.
En un discurso el jueves por cadena nacional, Milei se refirió concretamente a las palabras de su aliado estadounidense. “En el mundo corren vientos de cambio favorables a nuestro reclamo. Recientemente el presidente Trump declaró que los Estados Unidos están reevaluando su posición histórica con relación a Malvinas. Esta amenaza no es inocua”, dijo.
Y agregó: “Los Estados Unidos evalúan ese cambio de posición porque saben que en la Argentina tiene un socio confiable, alineado con los valores occidentales, en una posición de relevancia estratégica, que puede ser un aliado valioso en las décadas por venir. Sin ello, nada de esto sería posible”.
Michelle Paranzino, directora de Latin America Studies Group y profesora de Políticas y Estrategias del US Naval War College, ha escrito sobre las “dinámicas de las alianzas internacionales en la Guerra de Falklands/Malvinas de 1982”.
Consultada por Clarín, la experta señaló: “No puedo especular sobre por qué Trump señala este cambio en la política estadounidense, pero sí puedo decir que refleja el escepticismo de su gobierno sobre el valor de los aliados y socios europeos de Estados Unidos, y es coherente con una gran estrategia que prioriza el hemisferio occidental y desprecia las relaciones con Gran Bretaña y Europa continental”.
Paranzino explica la tradicional posición de EE.UU. sobre el tema. “Durante la guerra de las Malvinas de 1982, la administración Reagan declaró públicamente una posición de neutralidad, pero apoyó en privado al Reino Unido. Esto quedó patente en las aprobaciones del secretario de Defensa Caspar Weinberger a toda la asistencia militar solicitada por el Reino Unido, y en conversaciones privadas, cuando el secretario de Estado Alexander Haig dijo a la primera ministra británica Margaret Thatcher que la administración priorizaría la “relación especial” con Gran Bretaña”.
La experta agrega: “En mi opinión personal, la política estadounidense respecto a las Malvinas podría cambiar, y este cambio sería coherente con la repriorización del hemisferio occidental por parte de la administración Trump. Sin embargo, Trump es conocido por sus tácticas de fuerte presión, por lo que no podemos descartar la posibilidad de que esto sea táctico y que tenga como objetivo forzar concesiones a los británicos en lugar de reflejar una reevaluación estratégica más amplia”.
Para Benjamin Gedan, director de Estudios latinoamericanos del Stimson Center y ex funcionario del Consejo de Seguridad durante la presidencia de Barack Obama, “Trump nunca ha aceptado automáticamente los posicionamientos tradicionales de la política exterior de Estados Unidos, incluso aquellos que llevan décadas y siempre han sobrevivido a los vaivenes partidarios. Tampoco da preferencia automática a los aliados tradicionales en Europa, como en el caso del Reino Unido”.
Cita como ejemplo sus reuniones con el dictador de Corea del Norte, los cuestionamientos a la OTAN y el traslado de la embajada estadounidense en Israel a Jerusalén.
Gedan resalta a este diario que “Trump también suele mezclar temas muy diversos en las negociaciones diplomáticas, como cuando incorporó la cuestión del fentanilo a conversaciones con México que supuestamente estaban enfocadas en asuntos comerciales”.
Por eso, señala: “No tengo la impresión de que Trump haya tomado una decisión sobre las Islas Malvinas. Es más probable que quiera utilizarlas para presionar a los británicos. Pero con Trump, nunca se sabe. Como vimos con el rescate financiero de Argentina, Trump valora su alianza personal e ideológica con Milei y está dispuesto a tomar medidas dramáticas para ayudarlo”.
Sobre el discurso de Milei, señaló que “parece un viraje sustancial para un hincha de Thatcher”, aunque el experto no cree que Milei pueda llevar a Trump a un “conflicto serio” con el Reino Unido.
Sin embargo, Gedan afirma que “el Pentágono tiene su propio interés estratégico en el extremo sur, como demuestran las visitas recientes de los comandantes del Comando Sur a Tierra del Fuego. Nada que ver con el conflicto territorial, pero el mensaje sí podría contribuir a justificar una presencia estadounidense en una base fueguina”.
John Polga-Hecimovich, profesor de Ciencias Políticas, especializado en América Latina de la United States Naval Academy, afirma que las palabras de Trump parecen más bien estar vinculadas a los esfuerzos por presionar al gobierno británico para que aumente el gasto en defensa.
“El enfoque de Trump es transaccional y personal, más que territorial”, dijo a Clarín.
Además, señala el experto, “los comentarios de Trump también reflejan la estrecha relación entre los gobiernos de Estados Unidos y Argentina, y probablemente sean una consecuencia directa del partido del Mundial del 15 de julio, tras el cual los jugadores argentinos exhibieron su pancarta “Las Malvinas son Argentinas”.
Polga-Hecimovich resaltó que el episodio de la bandera “llamó la atención de la Casa Blanca de Trump, que intervino oficialmente para defender el derecho de los jugadores argentinos a exhibir la pancarta, en contravención de los protocolos de la FIFA”.
Consultado sobre por qué el Pentágono recomendaría esta estrategia de presión, señaló: “La soberanía de las Malvinas resulta prácticamente gratuita para Washington, mientras que cuestionarla le supone un costo enorme a Londres. Estados Unidos ya es formalmente neutral, por lo que no se puede retirar un apoyo que nunca existió. En cambio, la amenaza es retórica y no requiere ningún mecanismo político, algo que agrada a la administración Trump”.
“Esto parece ser más una campaña de presión contra las preocupaciones del Reino Unido y Estados Unidos sobre el reparto de la carga de la OTAN, que parte de una estrategia más amplia en el Atlántico Sur. Al mismo tiempo, se suma a un despliegue militar estadounidense real y preexistente en el Atlántico Sur y coincide con el reciente comentario de Milei sobre la necesidad de Estados Unidos de contar con un ‘aliado fiable’ para gestionar las rutas del Atlántico al Pacífico”, agrega.
Federico Finchelstein, profesor de Historia y director del Programa de Estudios latinoamericanos en The New School for Social Research, señaló a Clarín que las declaraciones de Trump sobre las islas “tienen más que ver con la falta de apoyo del Reino Unido a su guerra con Irán, en la que al presidente no le está yendo nada bien, y en ese marco utiliza el tema Malvinas para criticar al gobierno británico”.
El profesor argentino cree que “no hay de fondo un tema geopolítico, ni tampoco lo hay en el caso de Javier Milei, que de geopolítica no entiende demasiado y a quien el tema nunca le interesó”. Considera que el discurso del presidente libertario es una “mera reacción” a lo que dijo Trump y un intento de generar “una cortina de humo para no hablar de otras cosas”.



