
Llegar a Caspalá, un pequeño pueblo del departamento jujeño de Valle Grande, requiere paciencia. Desde Humahuaca hay unos 115 kilómetros, pero los caminos de montaña son tan sinuosos que el recorrido puede demandar alrededor de seis horas. Al final aparece una localidad de apenas 300 habitantes, rodeada por enormes cerros.
Caspalá está ubicada a unos 3.100 metros sobre el nivel del mar en Jujuy y conserva una fisonomía muy ligada a las tradiciones de la zona. Calles empedradas, viviendas construidas con adobe y techos de paja se mezclan con terrenos donde las familias continúan desarrollando actividades agrícolas y ganaderas. La particularidad del pueblo trascendió las fronteras argentinas en 2021, cuando fue distinguido por ONU Turismo dentro de la iniciativa Best Tourism Villages. El reconocimiento puso en valor especialmente la conservación de su patrimonio, las costumbres rurales y el desarrollo del turismo comunitario.
Qué hacer en Caspalá
Uno de los lugares para conocer es la Iglesia Santa Rosa de Lima, levantada durante la década de 1840. Sus campanas de bronce y la imagen de la patrona fueron traídas desde Perú, mientras que cada 30 de agosto la localidad celebra su fiesta patronal.
También se pueden recorrer El Antiguito y Pueblo Viejo, dos sitios arqueológicos donde todavía aparecen antiguas construcciones realizadas con barro y piedra. Para quienes buscan caminar, desde Caspalá parten además recorridos por el paisaje montañoso y existen circuitos vinculados con el Camino del Inca y la Serranía de Hornocal.
Otra experiencia característica consiste en acercarse a las cooperativas de mujeres artesanas. Los rebozos y ponchos bordados forman parte de la identidad del lugar, y algunos recorridos permiten conocer las técnicas utilizadas para elaborarlos. También existen propuestas de agroturismo para compartir tareas y aprender cómo trabajan agricultores y ganaderos.
Quienes deciden pasar la noche pueden alojarse incluso en viviendas familiares y probar platos tradicionales como el guiso de papa verde, preparado a partir de cultivos andinos. Así, visitar este pueblo no implica solamente llegar a un punto remoto del mapa: también permite conocer de cerca una forma de vida que todavía conserva prácticas transmitidas durante generaciones.




