
Agustín Torrales, un adolescente de 12 años oriundo de la provincia de Mendoza que nació sin sus extremidades inferiores, transformó su vida de manera radical al incorporarse al equipo de básquet adaptado «Granaderos de San Martín», donde encontró un espacio de inclusión y desarrollo deportivo de cara a sus próximos compromisos competitivos en julio.
El joven, quien actualmente reside en el departamento de Santa Rosa y cursa el séptimo grado, logró dejar atrás una infancia marcada por la soledad para convertirse en un miembro activo de un plantel deportivo. «Me cambió la vida porque siempre quería estar en un equipo», resumió el protagonista durante una entrevista con TN.
El camino de Agustín comenzó en el departamento de La Paz, donde pasó sus primeros años de infancia signados por una condición física rara e inesperada que ningún estudio médico anticipó durante el embarazo de su madre, Aldana Salas, quien tenía apenas 17 años al momento del parto. Durante aquella primera etapa, el niño se desplazaba en silla de ruedas y canalizó su imaginación a través de su fanatismo por Spider-Man, personaje que se convirtió en su referente para enfrentar los obstáculos cotidianos. Con el tiempo, la familia decidió mudarse a Santa Rosa con el objetivo de obtener una mejor atención médica y un mayor acceso a especialistas de la salud.
La llegada al deporte ráfaga ocurrió casi por casualidad, luego de que su madre expresara en una consulta médica el deseo de que su hijo practicara alguna actividad física para estimular su desarrollo. Tras enterarse de la existencia de un club de básquet adaptado en el departamento de San Martín, la familia aprovechó los viajes de control médico para asistir a los entrenamientos en el polideportivo local.
Aunque el comienzo no resultó perfecto debido a las nuevas reglas y movimientos que el menor debía incorporar, el paso de las semanas transformó la obligación en una fuerte expectativa semanal.
La verdadera evolución del adolescente se consolidó en el plano socioafectivo al estrechar vínculos con pares que atravesaban realidades similares. Su madre explicó que el contacto con el club generó un cambio rotundo en la autoestima del menor, permitiéndole entrenar sin la necesidad de justificar sus limitaciones físicas ante el resto de la sociedad. Al respecto, Salas detalló: «Encontró una empatía que nunca había tenido. Encontró compañeros que comparten la misma condición que él y eso le dio mucha confianza».

Actualmente, el pequeño jugador se encuentra plenamente integrado a la Escuela Juan Pascual Pringles y equilibra sus estudios primarios con las exigentes jornadas de entrenamiento técnico y táctico. A pesar de considerarse un deportista en plena etapa de formación, Agustín demostró una gran madurez al analizar sus propias virtudes dentro de la cancha: «Soy bajito, pero doy buenos pases y leo bien las jugadas». Con una mezcla de timidez y entusiasmo, el joven mendocino confesó cuál es el máximo anhelo que proyecta para su carrera deportiva: «Mi sueño es encestar una canasta y salir campeón».
Tras concretar su debut oficial con la camiseta de los Granaderos de San Martín, el próximo objetivo del deportista se centrará en la provincia de La Rioja, donde el equipo tiene previsto disputar un torneo los días 4 y 5 de julio. Ante este escenario, sus padres iniciaron gestiones para conseguir apoyo económico que les permita costear exclusivamente los pasajes de traslado, dado que la estadía ya se encuentra cubierta por la organización. «Aún no conozco La Rioja. Sería la primera vez que voy», manifestó Torrales con gran expectativa ante el que será el primer viaje competitivo de su adolescencia.
Fuente: Mendoza Today.





