
La provincia de Buenos Aires se convirtió en el principal bastión de una batalla política donde se cocina el destino y el escenario electoral de cara a las generales del 2027.
En tal sentido, el pragmatismo parece empezar a ganar terreno por sobre lo meramente ideológico y es allí donde comienza a avizorarse un bloque de centroderecha que busca limar las posibilidades de la elección de un gobernador peronista para suceder a Axel Kicillof.
Si bien el PRO y La Libertad Avanza están en sintonías dispares y sus principales líderes alejados en lo referente al terreno nacional, hay una posibilidad, cada vez más concreta, de que confluyan en una propuesta bajo el ala del ministro del Interior Diego Santilli en terreno bonaerense.
Se trataría en todo caso de una alianza que le permitiría al Gobierno del presidente Javier Milei captar los votos de su base electoral, pero también de aquel votante republicano más moderado que no observa con buenos ojos el estilo disruptivo de la Casa Rosada.
En este contexto, el peronismo bonaerense comienza a mirar puertas adentro frente a la amenaza de una unidad de la derecha en medio de una serie de tensiones que ya no se esfuerza por ocultar.
Una novedad al respecto es el movimiento silencioso que viene gestando el ex candidato a presidente Sergio Massa, quien en su círculo más íntimo comenzó a revelar su decisión de competir en 2027 con el fin de llegar a Balcarce 50.
Este posible regreso del ex ministro de Economía de Alberto Fernández al centro de la escena política introduce una variable que mira con recelo el gobernador bonaerense Axel Kicillof.
El también ex ministro de Economía, que construyó su perfil de la mano de mostrarse como la antítesis del modelo libertario, se encuentra ante una encrucijada debiendo analizar si mantiene su protagonismo o termina por compartir el liderazgo con Massa con el fin de tener un frente unificado.
Será, en definitiva, la relación entre Massa y Kicillof la que definirá si el peronismo llega unido a la próxima elección con posibilidades reales de éxito o si cada uno irá con listas separadas beneficiando al PRO y a LLA, ambos con candidato propio.
En este juego, donde se reflejan las similitudes entre la división de la continuidad y el cambio, la provincia de Buenos Aires vuelve a demostrar que es el árbitro de la supervivencia política en la Argentina.




