
“No me importa lo que digan los demás; sé que soy una actriz buenísima y eso ha sido mi pasión desde niña. Sé que cuando algo me importa, me entrego al 100% y más. Sé que antes era joven e irresponsable, pero así es crecer. Se aprende de los errores. Y no me estoy volviendo más joven; quiero recuperar mi carrera, quiero el respeto que tenía cuando hacía grandes películas. Y si eso significa no salir de fiesta por la noche, que así sea. De todas formas, no es divertido. Me da igual. Siempre es lo mismo”, dijo Lindsay Lohan en una reveladora entrevista para Vanity Fair en 2011.
Tras haber pasado años de su juventud sumida en los excesos, problemas con la justicia, peleas con su familia y mal rendimiento laboral, Lindsay Lohan supo reconstruir su vida alejada de todo lo que le hacía mal.

Hoy vive en Dubái, lejos de las cámaras que la perseguían insistentemente en sus años de descontrol y fiestas nocturnas. “Dubái es un lugar seguro donde podemos tener una vida normal, lejos de lo que yo llamo ‘el ruido’. Donde mi marido y yo podemos decidir qué es lo mejor para nuestro hijo. Ya no se trata solo de mí”, indicó a The Times en 2025.
Los comienzos de Lindsay
Lindsay Lohan nació el 2 de julio de 1986 en el Bronx, Nueva York, pero creció en Long Island. Es la mayor de cuatro hermanos e hija de Dina, cantante y bailarina que más tarde sería también su mánager, y de Michael, exoperador de Wall Street con una larga historia de problemas con la ley.

La carrera de Lindsay empezó a los tres años, cuando firmó con la agencia Ford Models y apareció en campañas de Calvin Klein Kids y Abercrombie & Fitch Kids. Su cara estuvo en muchísimas publicidades de marcas famosas (se estima que más de 60) como Pizza Hut y Wendy’s.
Como un movimiento natural, de la publicidad pasó a la televisión. Entre 1996 y 1997, interpretó a Alexandra “Alli” Fowler en Another World, cuando tenía apenas 10 años. Este papel le dio la visibilidad para desembarcar en su primer papel para cine que marcaría su carrera para siempre.

Lindsay tenía 11 años cuando superó a unas 4.000 candidatas para quedarse con el papel de las gemelas Hallie y Annie en la película Juego de gemelas. “Lo recuerdo con mucha claridad”, dijo Lohan a The Times en 2025. “Mi prueba de cámara, tener que cortarme el pelo y luego empezar el rodaje en Londres. Era un mundo nuevo para mí. Este fue mi primer gran papel y recuerdo ser solo una nena en el set. Antes quería pasar todo el tiempo allí; ahora quiero hacer mi trabajo y luego volver a casa. Cuando sos mayor, le das demasiadas vueltas a todo, pero cuando sos niño no. Todo es gratis. Simplemente es gratis”.
La película fue un éxito. De repente, una muy pequeña Lohan iba de compras con sus amigas y desconocidos le pedían autógrafos. La vida le había cambiado para siempre.

La estrella adolescente
En 2003, con 16 años, Lindsay protagonizó junto a Jamie Lee Curtis la remake de Un viernes de locos, la comedia de Disney sobre una madre y una hija que intercambian cuerpos. El personaje estaba escrito como una adolescente gótica, un perfil que a ella no le convencía en lo absoluto.
Por eso, antes de la audición, lo cambió: se presentó con una camisa turquesa, pantalones caqui y una vincha blanca. No solamente quedó casteada, sino que el estudio terminó reescribiendo el papel.

Un año después, actuó en Chicas pesadas, su primera película fuera de Disney. La película la consagró como la nueva reina de las comedias adolescentes y años después The New Yorker ubicó la interpretación de Cady Heron entre las mejores del siglo XXI. También lanzó su música.
Otras interpretaciones muy recordadas son Confesiones de una típica adolescente, Herbie a toda marcha y Golpe de suerte. Después buscó un perfil más serio con Noches mágicas de radio.

Estos éxitos, sin embargo, venían acompañados de una vida muy expuesta en los medios. A los 17 se mudó sola a Los Ángeles, mientras su mamá se quedaba en Long Island con sus otros hijos.
Pasó años viviendo en hoteles, entre ellos el famoso Chateau Marmont, y los paparazzi y los tabloides empezaron a seguirla a todos lados.
Excesos, fiestas y caída
Durante el rodaje de Georgia Rule, Lindsay empezó a llegar tarde o faltar, y en julio fue internada brevemente por deshidratación y agotamiento.

James G. Robinson, un ejecutivo cinematográfico, le mandó una carta que se filtró a la prensa. Decía que su “agotamiento” era en realidad producto de “fiestas toda la noche”, la acusaba de portarse como una “nena malcriada” y amenazaba con hacerla responsable de los daños.
“Todos somos conscientes de que tus continuas fiestas nocturnas son las culpables de lo que llamás cansancio”, le escribió.
También la criticó Jane Fonda, su compañera en la película, quien aprobó el contenido de la carta en diálogo con Access Hollywood en 2006: “Creo que de vez en cuando, una persona muy, muy joven que está quemando la vela por los dos extremos necesita que alguien le diga: ‘Sabes, vas a pagar las consecuencias, será mejor que bajes el ritmo’. Así que creo que fue bueno”.

En 2007 todo se aceleró para mal. En enero se internó en una clínica de West Hollywood.
“Encontré una habitación tranquila, toda blanca, con parqué, ¡y era diferente! Me sentí segura. Pensé: ‘Me voy a quedar acá esta noche’. Y me quedé. Durante un mes. Fue genial”, le dijo a Allure cuando salió de ese establecimiento.
“Es tan raro que haya ido a rehabilitación. Siempre dije que moriría antes de ir a rehabilitación. No sé si soy necesariamente una adicta”, agregó.

Unas semanas después de haber dado esa entrevista, chocó su Mercedes en Beverly Hills y fue arrestada por manejar alcoholizada. La policía también le encontró cocaína, por lo que pasó otros 45 días en otra clínica de rehabilitación de Malibú.
Días después de salir, en julio, la volvieron a detener en Santa Mónica por manejar a alta velocidad, en una extraña situación. Según los reportes policiales, estaba persiguiendo a la madre de su asistente, que también iba manejando.

Tenía alcohol en sangre por encima del límite y cocaína encima. Además, llevaba puesta una tobillera de control de alcohol, ordenada por la justicia. Nada servía.
“La adicción es una enfermedad terrible y despiadada”, declaró a People Blair Berk, abogada de Lohan. “Desde que Lindsay pasó a recibir tratamiento ambulatorio, se la ha monitoreado con un brazalete SCRAM y se le han realizado pruebas diarias para apoyar su sobriedad”.
“Durante todo este tiempo, he recibido informes puntuales y precisos de las empresas que realizan las pruebas. Lamentablemente, ayer por la tarde me informaron que Lindsay había recaído. Ya se le ha retirado el brazalete. Se encuentra a salvo, en libertad y actualmente recibe atención médica”, afirmó la letrada tras el incidente.

En agosto se declaró culpable de estar bajo los efectos de la cocaína y no impugnó los cargos por manejar alcoholizada. Recibió tres años de libertad condicional, un programa de educación sobre el alcohol y un día de cárcel, que terminó siendo de apenas 84 minutos.
“Lohan recibió la misma sentencia que cualquier otra persona con una segunda condena por conducir bajo los efectos del alcohol. No recibió ningún trato especial”, declaró la fiscal adjunta Danette Meyers a TMZ en ese momento.
Justo después de negociar el acuerdo de culpabilidad por sus dos cargos de conducir bajo los efectos del alcohol, Lindsay emitió un comunicado: “Me queda claro que mi vida se ha vuelto completamente ingobernable porque soy adicta al alcohol y a las drogas”. La vida personal de Lindsay también era un infierno: ese mismo año se oficializó el divorcio de sus padres.

Los escándalos no fueron gratis, ya que su carrera fue en picada. En esos años, sus películas fueron destrozadas por la crítica o no pasaban por las salas de cine para ir directo a DVD. Los paparazzi la seguían a todos lados, por lo que descubrieron que había empezado una relación con la DJ Samantha Ronson.
Tras pasar una estancia prolongada en un centro de rehabilitación en Utah y cumplir su servicio comunitario en una sede local de la Cruz Roja, Lindsay le dijo a People: “Creo que simplemente me metía en situaciones equivocadas y no tenía la mente puesta en lo correcto”.
Vale recordar que Lohan tenía 21 años en este momento.
Idas y vueltas con Samantha, un padre ausente y justicia sin piedad
“Tenía muchos problemas en mi vida y esa (las fiestas y excesos) era una forma de evadirlos. No veía a mi padre; tenía mucho estrés laboral porque trabajaba constantemente y nunca me tomaba un respiro. Todo era un no parar, y lo más fácil era escapar, salir a beber por la noche. Ya sabes, a veces no tienes que pensar cuando te dejas llevar”, expresó Lohan en 2008 a la revista Paper.

Su padre, Michael Lohan, pasó dos años en la cárcel por manejar bajo los efectos del alcohol y estaba distanciado de su hija, ya que ella no quería verlo. Sin embargo, en ese momento, se reconciliaron. “Es bueno para toda mi familia, es saludable”, agregó.
Por otra parte, su relación romántica con Samantha Ronson no marchaba bien. Tras un tiempo distanciadas, volvieron a estar juntas y luego se separaron definitivamente. En diálogo con Ellen DeGeneres, Lohan afirmó: “La ruptura fue totalmente inesperada. No tenía ni idea de lo que estaba pasando. No la había visto en una semana. Simplemente desapareció”.

Tras esa declaración, la vieron varias veces en la casa de la DJ, por lo que la relación no estaba 100% terminada. Pero su entorno la veía muy mal físicamente, ya que había perdido muchísimo peso.
Una persona cercana al entorno de la actriz le dijo a People en abril de 2009: “Es una persona autodestructiva. Todo forma parte de su desesperación por llamar la atención. Quiere que Sam vea lo mucho que sufre y que Hollywood la vea como una ‘artista atormentada’ que se está consumiendo. Esto es un síntoma de algo mucho más grave: una necesidad desesperada de ser reconocida”.

Para 2010, los problemas habían aumentado. Lindsay incumplió los términos de su libertad condicional tras faltar a un ciclo de educación sobre el alcohol y sus efectos, por lo que la jueza Marsha Revel la condenó a 90 días de cárcel y a otros 90 de rehabilitación.
Tras escuchar la sentencia, Lindsay rompió en llanto y suplicó por comprensión.

“Hice todo lo que me dijeron, pensé que estaba cumpliendo. No me lo tomo a broma, es mi vida y mi carrera. No quiero que piense que no lo respeto a usted ni a sus condiciones”, dijo entre lágrimas la chica de 24 años.
Además de estar presa y en rehabilitación, Lohan tenía que mantenerse sobria durante un año. Otro de los puntos clave de la sentencia era que la actriz tenía que pasar por pruebas aleatorias de drogas y alcohol hasta agosto de 2011, cuando finalizara su período de libertad condicional.
Según reportes de TMZ, la actriz pasó solo 13 días presa y luego recibió un tratamiento por adicción a la metanfetamina y trastorno bipolar.

Tras su internación, dijo en 2011 a Vanity Fair: “Fui irresponsable, y no pongo excusas”. Indicó que su principal problema fue haber perdido toda estructura a los 18 o 19 años, tras mudarse sola, tener mucho dinero a disposición y no tener a nadie que la guiara con firmeza.
Luego de hablar a corazón abierto en la entrevista, la acusaron de robar un collar de 2.500 dólares en una joyería y la sentenciaron a cuatro meses de cárcel y a 480 horas de servicio comunitario, de las cuales 120 debían cumplirse en la morgue. Reportes de la época indican que Lindsay no quería hacerlas, por lo que en octubre tuvo que volver a ver al juez por faltar a nueve citas del servicio.
“Es una chica fuerte. Entiende que tiene que acatar la orden judicial”, declaró Steve Honig, representante de Lohan, a la revista People. “Es la decisión del juez y ella lo comprende. Va a hacer lo que le corresponde: irá a la morgue a realizar servicio comunitario”, agregó.

A fines de 2011 posó desnuda para Playboy, en una producción inspirada en Marilyn Monroe que fue un boom editorial. Hugh Hefner, creador de Playboy, opinó en ese momento que Lohan, de 25 años, cargaba con “un equipaje emocional considerable”.
En marzo de 2012 condujo Saturday Night Live y bromeó con su arresto domiciliario, pero entre junio y noviembre se acumularon un choque contra un camión, el arresto en Nueva York por atropellar a un hombre con su Porsche y otro por una pelea en un boliche, con cargo de agresión. En medio de eso, filmaba la película Liz & Dick, que recibió malas críticas.
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Para marzo de 2013, un acuerdo judicial le evitó seis meses de cárcel a cambio de 90 días de rehabilitación y acumulaba ya 6 fotografías en detención.
En abril le dijo a David Letterman que la internación era “una bendición”, unos días antes de ingresar nuevamente a rehabilitación.

Tras salir, tuvo una reveladora entrevista con Oprah en la que recordó sus peores años: “En el fondo sabía, y de alguna manera quería, ir presa. Creo que era para encontrar algo de paz”.
La reinvención de Lindsay Lohan: tranquilidad, sobriedad y familia
Lindsay encaró el 2014 junto a Oprah Winfrey, con un reality de su propia vida: la docuserie Lindsayla mostraba intentando reordenarse. En 2015, se levantó su libertad condicional, tras completar el servicio comunitario.

Una fuente cercana de la actriz le dijo a People que ella estaba llevando una vida más calma: tomaba clases de cocina con amigas y prefería quedarse en casa. También hizo trabajos comunitarios por propia voluntad: en 2016 se la vio ayudando a refugiados sirios.
Sin dudas, el gran cambio de Lindsay fue gracias a Dubái. La actriz armó las valijas y quiso dejar Estados Unidos atrás para siempre. En 2017 dijo a Entertainment Tonight: “Me encanta vivir en Nueva York, pero también me encanta la serenidad y la paz que encuentro en Oriente Medio, porque en Dubái no hay cámaras y puedo centrarme en lo que quiero hacer en la vida. No tengo que estar bajo constante escrutinio. Puedo tener una vida privada y una vida pública, cuando yo lo decida. Y creo que eso es muy importante”.

Al New York Times le contó en 2018: “Ahora tengo una faceta profesional, pero no estoy en Estados Unidos, así que nadie lo sabe, lo cual me viene bien. Porque así puedo centrarme en los resultados. Soy una persona normal y amable. Una buena persona. No tengo malas intenciones. Y mi pasado tiene que quedarse en el pasado. La gente tiene que dejarlo atrás y dejar de sacarlo a colación porque ya pasó. Está muerto. Y eso es lo más importante para mí”.
También se reinventó como empresaria. Fue socia de un club en Atenas con su nombre y abrió otros en Grecia. Esa etapa llegó a la tele en 2019 con Lindsay Lohan’s Beach Club, un reality de MTV sobre su local de Mykonos.
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“Quiero ser mi propia jefa”, dijo en el primer episodio. En esos días contó que Oprah le había cambiado la perspectiva de la vida, que seguía escribiéndole seguido, y que había aprendido a estar bien sola.
Además de los negocios, formó su familia. Se casó con el empresario Bader Shammas y tuvo un hijo al que llamó Luai, que en árabe significa “escudo” o “protector”.

Una gran alegría para Lohan, hoy de 40 años, fue cuando pudo volver a la actuación, su gran pasión. De la mano de Netflix, hizo Falling for Christmas, una comedia navideña, en 2022. Su regreso a Hollywood lo hizo con Otro viernes de locos, la secuela de la película con Jamie Lee Curtis.
Según reveló Lindsay en 2025, con Jamie estuvieron “en contacto de forma bastante constante” desde la película original. “Y a lo largo de los años, debido a que mi vida era tan pública, ella fue un espacio seguro para mí”, agregó.

“A mi yo adolescente, le diría: ‘Andá más despacio’. En aquel entonces, todo el mundo decía: ‘¡Vamos! ¡Vamos! ¡Vamos!’. Ojalá alguien hubiera estado detrás de mí, diciéndome: ‘No te preocupes, podés ir más despacio, nena’“, reflexionó.
Fuente: Radio Mitre



