
El sector frutihortícola mendocino atraviesa una situación de extrema vulnerabilidad debido a la combinación de factores climáticos y una notable retracción en la demanda interna. Las primeras heladas registradas en el sur provincial marcaron el final de la temporada local para diversos cultivos, lo que derivó en un incremento automático de los valores en los mercados.
Al respecto, Omar Carrasco, titular de la Unión Frutihortícola Argentina, señaló: “Las ventas siguen hacia abajo y se ha dado lo que ocurre todos los años para esta época: con la primera helada, los precios de la mercadería de producción local suben automáticamente”.
Este fenómeno climático generó distorsiones significativas en los precios de pizarra de productos esenciales. En apenas una semana, hortalizas de consumo masivo experimentaron subas que, en algunos casos, alcanzaron el 200%, complicando aún más el acceso de los consumidores a estos alimentos.
Carrasco detalló la magnitud de estos incrementos al explicar que “el zapallito italiano, por ejemplo, pasó de 8.000 a 24.000 pesos la caja en una semana; el tomate subió de 9.000 a 15.000 pesos”, aunque advirtió que el alivio para el productor es efímero por la entrada de mercadería de otras zonas.
Ante la falta de rentabilidad en los canales de comercialización tradicionales, ha crecido la tendencia de los productores de instalarse con sus camionetas en las rutas para vender de forma directa. Para la UFHA, esta no es una elección estratégica, sino un síntoma de la desesperación por cubrir los costos operativos mínimos.
Según relató el dirigente a El Diario de San Rafael, esta modalidad surge como un mecanismo de defensa: “El productor busca sacarle más plata a lo que tiene para poder cubrir sus gastos. Muchos toman esta decisión porque, de otra forma, la mercadería se termina perdiendo en la propia finca”.
Sin embargo, esta práctica ha generado tensiones dentro de la cadena comercial debido a que se desarrolla bajo condiciones de informalidad, compitiendo directamente con los comercios que afrontan cargas impositivas y costos fijos. Carrasco reconoció este dilema al manifestar: “Somos conscientes de que entramos en un campo de competencia desleal para el comercio establecido. Al no pagar los impuestos correspondientes ni los costos de un lugar físico de venta, el productor puede ofrecer precios mucho más bajos”.
Las soluciones que piden desde el sector
Para la entidad que nuclea a los productores de Cuyo, la solución a largo plazo no reside en medidas de emergencia, sino en una reforma estructural de la organización agrícola en la provincia. Carrasco insistió en la necesidad de establecer un ordenamiento que evite los ciclos de superproducción que terminan destruyendo los precios de mercado.
En ese sentido, planteó: “Venimos luchando hace tiempo por tener un registro de la matriz productiva para tener un control de producción y consumo. Hace falta apoyo político nacional para que esto tenga peso”.
Finalmente, desde la Unión Frutihortícola se hizo hincapié en que la falta de previsibilidad está provocando un cambio silencioso pero irreversible en la geografía agrícola mendocina. Para revertir el abandono de fincas, Carrasco abogó por políticas de fomento que incentiven la diversificación de cultivos y brinden estabilidad financiera.
“Necesitamos ampliar la matriz y que quien lo haga reciba ayuda, como créditos con intereses bajos, para que el mercado no se mueva siempre por la ley del péndulo”, concluyó el referente, subrayando la urgencia de una intervención estatal coordinada.




