
La industria de la carne de Mendoza enfrentó un escenario de fuerte retracción económica, con una disminución en las ventas que alcanzó niveles críticos durante el último mes. Al respecto, Edgardo Fretes, secretario de la Cámara de Abastecedores de Carne de la provincia, explicó que la situación respondió directamente a la crisis actual.
Según el directivo, “es lógico que por precio y un poco por la falta de plata que hay en la calle, la venta esté bastante deprimida, probablemente ha caído un 30% el consumo”.
El referente sectorial analizó que esta tendencia a la baja no fue exclusiva de los cortes vacunos, sino que se extendió a otras alternativas proteicas que habitualmente funcionan como sustitutos. A pesar de que históricamente el pollo y el cerdo ganaron terreno, el contexto recesivo impactó de forma generalizada en los mostradores. Al respecto, Fretes remarcó que, si bien el pollo igualó el consumo de vaca, “en este momento ha mermado toda la venta en general, inclusive el pollo y el cerdo”.
En cuanto a la evolución de los valores en las carnicerías, la entidad descartó la posibilidad de aplicar nuevos aumentos en el corto plazo debido a la fragilidad de la demanda interna. Las autoridades del sector consideraron que el mercado no resistiría un ajuste al alza sin que ello implicara una paralización total de la actividad comercial. En ese sentido, el secretario sentenció en una entrevista con Radio Regional: “Yo creo que no vamos a tener grandes novedades en el precio, porque el consumo no da para poner más plata, sería realmente catastrófico”.
Respecto al comercio exterior, la exportación se encontró momentáneamente en una fase de transición administrativa que contribuyó a la estabilidad de los precios domésticos y detalló que el envío de carne al extranjero estuvo frenado por la renovación anual de certificados obligatorios, lo que permitió priorizar el abastecimiento del mercado interno. Esta pausa en los despachos internacionales actuó como un amortiguador ante la posibilidad de presiones inflacionarias externas en el sector ganadero.
Finalmente, el representante de los abastecedores desestimó el impacto real de alternativas emergentes como el consumo de carne de burro, calificándolo como un fenómeno incipiente sin peso comercial.
Explicó que no existió una infraestructura de cría o engorde que permitiera considerar a este producto como una opción viable para el consumidor mendocino en el futuro cercano. “Puede ser una buena prueba, pero no existe la cantidad de cabezas ni tampoco un estudio sobre la reproducción y el engorde”, concluyó el entrevistado.




