
Famosa por su estética ornamental y su carga simbólica en el Feng Shui como amuleto de abundancia, la Crassula ovata o árbol de jade es una suculenta todoterreno. Sin embargo, conseguir que lucientes hojas carnosas, brillantes y turgentes requiere afinar la rutina de cuidados.
Cuidados del árbol de jade
El secreto de su follaje radica en la luz. Es una planta que demanda entre 4 y 6 horas diarias de claridad intensa. En cuanto a la orientación, debe estar al este para aprovechar el sol suave de la mañana, o bien en exteriores bajo sombra parcial.
En tanto, se aconseja evitar la radiación directa del mediodía en pleno verano, ya que quema las hojas. La escasez de luz, por el contrario, estira la planta y vuelve sus hojas débiles y delgadas.
En cuanto a la hidratación de la planta, se aplica un riego profundo solo cuando la tierra está completamente seca. El exceso de agua vuelve el follaje blando y transparente.
Además, el árbol de jade requiere un suelo poroso. Funciona perfecto mezclar tierra para suculentas con perlita, pumita o arena gruesa en partes iguales. Se recomienda usar macetas de barro o terracota con buen drenaje.
La ventana ideal para cambiarla de maceta va de septiembre a diciembre cuando su actividad metabólica facilita la recuperación radicular.
Por último, aplicar fertilizante para cactus rico en nitrógeno y potasio cada 4-6 semanas durante primavera y verano y suspender en épocas frías.
Asimismo, la poda primaveral en las puntas promueve la ramificación y genera brotes más fuertes.




