
La industria de la ciruela desecada del sur mendocino recibió una noticia histórica tras confirmarse que el acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea comenzó a reducir progresivamente los aranceles para el ingreso del producto argentino al Viejo Continente.
Según destacó el portal especializado Portal Ciruelas, la medida impactó de lleno en la economía de San Rafael y General Alvear, departamentos que concentran el 85% de la producción provincial y casi el 90% de la capacidad industrial del sector. Este cambio de paradigma comercial representó un alivio inmediato para los exportadores, quienes históricamente enfrentaron altos costos para competir en el mercado internacional.
El nuevo esquema comercial, que entró en vigencia de manera provisional el pasado 1 de mayo de 2026, estableció una baja inicial de la tasa arancelaria del 9,6% al 7,7%. El cronograma pautado contempló una reducción gradual del 20% anual, con el objetivo de alcanzar la eliminación total de los impuestos aduaneros en un periodo de un lustro.
Para los productores locales, este sendero de desgravación significó recuperar la competitividad perdida frente a Chile, principal competidor mundial, que durante años gozó de ventajas arancelarias que desplazaron al producto mendocino de las góndolas europeas.
Desde el sector industrial entendieron que esta apertura se convirtió en un punto de inflexión estratégico para diversificar las exportaciones más allá de destinos tradicionales como Brasil o Rusia. Al posicionar a Europa como un mercado de alta calidad, Mendoza se prepara para colocar una producción que hoy cuenta con unas 10 mil hectáreas cultivadas en el territorio provincial.
La estructura productiva, centrada mayormente en el sur mendocino con 6.300 hectáreas en San Rafael y 2.480 en General Alvear, se mostró lista para responder a la expansión comercial que demandó el nuevo escenario global.
El contexto internacional también jugó a favor de la provincia, dado que California, histórico gigante de la actividad, evidenció una caída sostenida en su superficie cultivada. Ante este repliegue estadounidense, Argentina logró consolidarse como el tercer exportador mundial de ciruela deshidratada, quedando en una posición privilegiada para captar la demanda europea.




