Crónicas Menducas: Fernando Fader, pintor de la Naturaleza

Roberto Suarez

Fernando Fader nació el 11 de abril de 1882 en la ciudad de Burdeos, Francia, donde residían sus abuelos maternos. Luego de una breve estadía en Albersweiler ciudad alemana de origen de la familia paterna- la vizcondesa Celia Bonneval (1846-1919) y el ingeniero naval Carlos Cristian Fader (1844-1905) se instalaron en Mendoza con sus seis hijos. Al poco tiempo Fernando volvió al viejo continente donde cursó sus estudios primarios y secundarios. En 1888 regresó a Mendoza y debatiéndose entre su vocación artística y la ingeniería volvió a Europa, recorrió museos y tras un intento fallido ingresó a la escuela de pintura de la Academia de Bellas Artes de Munich como discípulo de Heinrich Von Zügel. Junto a su maestro compartió varios veranos de retiro pictórico en un pequeño poblado a orillas del río Rhin practicando la pintura al aire libre. En Munich obtuvo una medalla de plata por La comida de los cerdos, hoy colección del Museo Nacional de Bellas Artes.

En 1904 regresó a la Argentina y realizó su primera muestra individual en la ciudad de Mendoza, donde también abrió la primera academia de pintura. Aunque el fallecimiento de su padre lo puso al frente de la empresa familiar -la construcción de una usina hidroeléctrica en Cacheuta- Fader no dejó de pintar y exhibió sus obras en 1905 y 1906 en el Salón Costa de Buenos Aires con gran éxito de público. El año 1907 fue clave para consolidar su posición dentro del campo del arte, abonando a la noción de un arte nacional con la conferencia Posibilidades de un arte argentino y sus probables caracteres, dictada en el marco de la primera exposición del Grupo Nexus, del que participó hasta 1908.

En 1909, tras la inauguración de la usina hidroeléctrica, su intensa actividad como empresario lo alejó de la pintura. Un aluvión destruyó Cacheuta en 1913 y su empresa se declaró en quiebra en 1914. Tras la pérdida de todos sus bienes, volvió a instalarse en Buenos Aires y retomó la actividad artística. Participó del IV Salón Nacional y con Los mantones de Manila obtuvo el premio adquisición compartido con Ernesto de la Cárcova, pero lo rechazó porque la recompensa económica representaba sólo la mitad del valor fijado por el artista.

Quién fue Fernando Fader: el paisajista que pintó Córdoba | TN



Obtuvo la cátedra de paisaje en la Academia Nacional de Bellas Artes y en 1915 hizo su último envío al Salón Nacional. Ese mismo año obtuvo una medalla de oro en la Exposición Internacional de San Francisco, California. y el galerista alemán Federico Müller se convirtió en representante y gestor de su obra en Buenos Aires. Allí expuso desde 1916 casi sin interrupciones hasta su muerte.

Por cuestiones de salud y aconsejado por los médicos se mudó a Córdoba junto con su familia y se instaló en Ojo de Agua de San Clemente en 1917. Al año siguiente la Sociedad Científica Alemana publicó Reflexiones de un pintor argentino e instalado definitivamente en Loza Corral compró su Ford, con el que inició sus campañas de pintura al aire libre por distintos sitios del norte de la provincia de Córdoba. En 1924, gracias a la invitación de su ex alumno Enrique Prins que se desempeñaba como vicepresidente de la Asociación Amigos del Arte, realizó su primera exposición retrospectiva en las salas de calle Florida de dicha entidad.

En 1931 emprendió su última campaña y para conmemorar sus 50 años, al año siguiente Müller organizó una muestra retrospectiva en las salas de la Comisión Nacional de Bellas Artes. La misma exposición se repitió en Rosario, gracias a la gestión de la Comisión Municipal.

El 28 de febrero de 1935 Fernando Fader murió en Loza Corral.

De familia acomodada, hijo único de un ingeniero naval, Carlos Fader, y de la vizcondesa Celia de Bonneval, desde la cuna gozó de los refinamientos y cultura cultivadora que caracterizaba a los muy pudientes de la época.

Se había casado, Fernando Fader con Adela Guiñazú. El solar es ahora el Museo Emiliano Guiñazú casa de Fader, donde el maestro solía emplazar sus atriles y desplegar su maestría. El color y la luz, la emoción y el desvelo, y sobre todo los enamoramientos con la naturaleza, fueron indudables guías de su insuperable arte.

Con Jorge Sosa, tuvimos la oportunidad de compartir varios momentos con la nieta de Fader, Rosa María Fader, una hacedora cultural, quien ser incorporó en 1983 a colaborar con el naciente gobierno democrático que conducían Alfonsín en la nación y Felipe LLaver en la provincia, ellas nos contaba parte de la biografía de su abuelo así supimos que, ciento cuarenta años tiene la casa que sostiene al museo que honra la memoria de Fernando. Lleva el pomposo título. Museo Emiliano Guiñazú, casa de Fader. Pero realmente esa casona enorme y señorial, magnífica en interiores y jardines nunca fue la casa de Fader. Fernando, en Mendoza, vivió en su casa de la calle Buenos Aires 640, plena tercera sección. Ocurre que en la época de verano, Fader y su familia iban a la casa de su suegro (Emiliano Guiñazú) de cercanas vacaciones. No nos olvidemos que estamos hablando de los comienzas del siglo XX. En Mendoza los lugares frecuentes de veraneo eran las termas de Cacheuta, los baños de Lunlunta, el Challao, y ciertas zonas de Luján.

FERNANDO FADER by Fader, Fernando: Buen estado Rústica (1988) | Buenos Aires Libros

Contó que el padre de Fernando, Carlos Christian Fader, era un ingeniero naval recibido en Italia y con posteriores estudios en Alemania. Al llegar a La Argetina, en Buenos Aires, levantó uno de los primeros astilleros. Quien lo invita a Mendoza fue Emilio Civit. Aquí se desarrolla como empresario de cuestiones que tendrá que ver con el futuro de esta tierra. Monta la primera usina de gas, la primera usina de petróleo y el primer oleoducto del país.

Los Guiñazú eran integrantes de una familia muy acaudalada, con varios emprendimientos en nuestra provincia. Criollos riquísimo, de aquellos que al viajar a Europa llevaba la vaca en el barco. Fernando fue llamado por Emiliano Guiñazú para que adornara las paredes interiores de la su enorme casona. Así lo hace Fernando, hoy podemos admirar sus frescos en el hall de entrada, en la pileta de invierno y en otros muros. Pero Fernando, a más de un trabajo seguramente bien remunerado, tiene otro premio. Conoce a Adela Guiñazú, la hija de Emiliano. El amor hace su juego y Adela y Fernando se casan el 6 de setiembre de 1906. Algunos expertos consideran que los retratos de Adela están entre sus mejores obras.

Rosa también recordó los importantes premios y distinciones . Fernando comienza a adquirir trascendencia nacional e internacional. Pero los más destacados son la Medalla de Plata en la Exposición de Munich por su trabajo “La comida de los cerdos”; el primer premio y medalla de oro en la Exposición Internacional de San Francisco en California, y uno que tenía una valoración moral, cuando el casamiento de Balduino y Fabiola, que repercutió en todo el mundo, el gobierno argentino regala a la pareja real un cuadro de Fernando Fader.

Grandes personalidades de la Argentina visitaban las galerías que exponían sus obras en Buenos Aires: Julio Roca, Irigoyen, Alfredo Palacios, se contaban entre sus admiradores.

El ochenta por ciento de su obra la realiza en Córdoba en la estancia Loza Corral, perteneciente al pueblo Ichellín. A pocos Kilómetros de Dean Funes y Capilla del monte. Ahí se muestra un museo magnífico que guarda reliquias de la obra de Fernando.

Las obras de Fernando están exhibidas en prestigiosos museos de nuestro País, el Museo Nacional de Bellas Artes, Museo Rosa Galisteo de Rodriguez en Santa Fe, Museo Emilio Carafa de Córdoba, Museo Municipal de Bellas Artes de Rosario, Juan B. Castagnino y obviamente, nuestro Museo Emiliano Guiñazú, Casa de Fader.

Más de novecientas obras realizó Fernando Fader. En su época y en la actualidad fue uno de los artistas mejor cotizado en el mercado nacional e internacional. El martes de la semana pasada, el oleo que él tituló “el vestido azul” fue vendido en 224.000 dólares. Sus evaluadores hacen esta figura, como comparación: “Nunca un cuadro de Fader valió menos que una casa, una casa bien puesta”.

Artículos Relacionados

Volver al botón superior