
En muchos hogares, el rechazo a ciertos alimentos suele interpretarse como una fase pasajera del desarrollo, sin embargo, cuando la selectividad alimentaria se sostiene en el tiempo o se vuelve muy restrictiva, puede convertirse en un problema con impacto nutricional real y, en estos casos, debe prestarse atención a cuánto come el niño, pero sobre todo a qué deja de comer.
La evidencia muestra que las dificultades alimentarias pueden asociarse a ingestas insuficientes de hierro, zinc, calcio, ácidos grasos esenciales y vitaminas clave. Esto puede ocurrir incluso en niños con peso adecuado, lo que muchas veces retrasa la consulta.
“La selectividad alimentaria forma parte del desarrollo, especialmente entre los 2 y 3 años, pero cuando se prolonga o limita de manera significativa la variedad de alimentos, puede comprometer el aporte de nutrientes esenciales”, explica la Dra. Irina Kovalskys, médica pediatra, especialista en Nutrición y Doctora en Medicina, y Directora Médica de INUMI.
Se estima que entre el 25% y el 40% de los niños sanos presentan algún síntoma de dificultad alimentaria durante su crecimiento, siendo la selectividad la forma más frecuente. Aunque en muchos casos es transitoria, puede no serlo.
Una alimentación diversa se asocia con adecuados niveles de micro y macronutrientes, biomarcadores en sangre estables y evolución esperable en términos de peso y talla. De todos modos, el peso y la talla, por sí solos, no reflejan necesariamente lo que está ocurriendo dentro de ese organismo y si presenta o no niveles adecuados de micro y macronutrientes.
Los niños con dificultades alimentarias pediátricas no alcanzan las recomendaciones establecidas y presentan riesgo de deficiencias nutricionales, porque no incorporan cantidades adecuadas de alimentos y bebidas, por la baja diversidad de su dieta y porque excluyen grupos enteros de alimentos.
Un metaanálisis reciente indica una asociación significativa entre una menor diversidad alimentaria y mayores probabilidades de anemia en niños y adolescentes, lo que confirma la importancia de la diversidad de la dieta como un factor potencialmente relacionado con la prevalencia de anemia.
Señales de alerta que requieren consulta
Diferenciar entre una etapa y una dificultad persistente es clave.
Algunos indicadores a considerar:
Duración mayor a 3 meses.
Menos de 10-15 alimentos aceptados.
Rechazo sistemático por textura, color u olor.
Tiempo excesivo para comer o conflictos frecuentes en la mesa.Impacto en la dinámica familiar.
“El rechazo por características sensoriales, como la textura o el color, puede ser una señal de mayor complejidad, incluso asociada a dificultades en el procesamiento sensorial”, agregó la Dra. Kovalskys.
Además, un dato revelador es que hasta un 20% de los niños con dificultades alimentarias no son adecuadamente diagnosticados, lo que refuerza la importancia de realizar una consulta con el pediatra o nutricionista y favorecer, así, la detección a tiempo para tomar las medidas que sean necesarias. NA



