
Martín Aveiro retornó de Buenos Aires tras unos días de claroscuros políticos. Diputado nacional peronista de Mendoza, ha mezclado en lo que va del año unas capas de cal y otras de arena. Mientras empuja leyes “sociales” en defensa de jubilados, discapacitados, municipalidades y deudores de tarjeta de crédito, entre otros, masticó con amargura la aprobación de la reforma de la Ley de Glaciares. Ya bien se conoce su postura en contra del desarrollo minero en el Valle de Uco y, sobre todo, en Tunuyán, departamento donde se desempeñó como intendente 12 años consecutivos.
Donde puede, Aveiro critica y denuncia la paralización de la obra pública nacional durante el gobierno de Javier Milei. Por eso, celebra su reciente asunción como presidente de la Comisión Permanente de Obras Públicas en la Cámara de Diputados de la Nación. Además de la labor parlamentaria que implica, es una función propicia para acercarse Gabriel Katopodis, actual ministro de Infraestructura y Servicios Públicos de la Provincia de Buenos Aires, y con él trabajar a favor de la candidatura presidencial del gobernador Axel Kicillof.
—Habrá sido para usted una semana difícil en el Congreso. La reforma de la Ley de Glaciares finalmente se aprobó.
—Y sí, es difícil asistir a una sesión sabiendo que vas a perder. Es decir, ir a que te insulten, a pelear y con el resultado ya puesto. Es una situación amarga. Cuando ya sabés que perdés, que tienen los votos y todo cerrado, vas un poco resignado. Estar catorce horas ahí, sabiendo que al final el resultado es inevitable, es duro.
—Pero pudo hablar en el recinto, que conste en actas…
—Por supuesto. Hay que dejar en claro el posicionamiento. Ellos intentan plantear que uno quiere frenar la minería, pero yo nunca me he pronunciado estrictamente en contra de la actividad. Lo que siempre he dicho es que se deben respetar las normas vigentes. Mi postura es clara: los glaciares representan el 1% de la cordillera; queda el otro 99% para trabajar. No hay necesidad de avanzar sobre la zona periglaciar, con lo que eso significa para las reservas de agua dulce.
—El agua versus la minería. Para muchos no es la manera de plantearlo.
—Pero es una locura no entenderlo. He subido un video a mis redes sociales de las nacientes del río Tunuyán, sobre el glaciar de la pared sur del volcán Tupungato. Es impresionante: se ve la cueva del glaciar y de ahí nace el río. Ese cauce, con otros afluentes que bajan de la montaña, le da vida a todo el este mendocino: Junín, Rivadavia, San Martín y a veces llega hasta Santa Rosa y La Paz. No digo que no se pueda hacer minería. Digo minería sí, pero no en zona de glaciares.
—Claro, usted no ve una pelea ambientalista sino de intereses económicos.
—Las peleas en el mundo son por los recursos naturales. No es un conflicto con Irán solo por una cuestión cultural; es por el petróleo. Lo mismo en Venezuela, o el gas en la guerra entre Ucrania y Rusia. Y paralelo a esto, el miércoles en el Senado se discutía la Ley de Tierras para quitar las restricciones a los extranjeros.
—Estará en contra también de ese proyecto.
—Actualmente hay límites para que extranjeros de una misma nacionalidad compren tierras en zonas de frontera. Bueno, las quieren liberar. Esto responde al pedido de Estados Unidos. Su embajador fue claro al decir que necesitaban la Ley de Glaciares para tener más rentabilidad minera y que les permitan comprar tierras donde están los recursos naturales, sobre todo en el sur, en la Patagonia. Se quieren quedar con todo.
—Dice que no se opone a la minería, pero ha cultivado un perfil altamente antiminero en Mendoza.
—Nuestro perfil es el de la protección del Valle de Uco. Planteamos que hay zonas y zonas. En el Valle de Uco, minería no, porque tenemos otro perfil productivo. Ahora, yo no puedo decidir sobre Malargüe. Siempre he sido respetuoso de las licencias sociales. Si fuera legislador provincial o cuando era intendente, yo no puedo opinar por la gente de Malargüe. Ellos deben decidir según su matriz productiva. Si Malargüe no hace minería, ¿qué va a hacer? En cambio, Tunuyán es agroproductiva, ahí soy contundente. No estoy en contra del proceso minero en sí, sino de que se aplique donde la matriz productiva ya funciona con otro sentido.
—Igual, siempre hay que controlar que se respeten las leyes. El Gobierno provincial pone énfasis en eso.
—Exacto. En Mendoza se puede hacer minería siempre que se respete la Ley 7722. No soy un fundamentalista: planteo que donde el agua ya está planificada para otro uso, la respuesta es no. Cada intendente sabrá qué es lo mejor para su pueblo, pero respetando las normas de protección ambiental.
—Hay que reconocerle la coherencia. A diferencia de muchos dirigentes, incluso del hoy oficialismo, que han cambiado su postura según la ocasión.
—Nunca me vas a encontrar en un archivo participando de una manifestación con un cartel, porque siempre he sido muy prudente con el mensaje. Me he peleado con ambientalistas de Tunuyán que me reclamaban por qué no salía a marchar. Yo les decía que no hacía falta. Yo estoy asegurando que en Tunuyán no haya minería mediante la gestión.
—¿Por ejemplo?
—Cuando arranqué en 2011, el turismo que tenemos hoy no existía. En 2012 trabajé para crear la reserva natural de El Manzano-Portillo de Piuquenes para garantizar el agua para la producción y el turismo. Hoy tenemos viñedos hasta a una cuadra del Manzano Histórico. Eso fue planificado. Ahora, insisto: yo no puedo ir a decirle a Malargüe qué hacer; eso es una cuestión de su intendente y su gente.
Martín Aveiro y el “derrame” en el Valle de Uco
—El Valle de Uco creció exponencialmente con la vitivinicultura y el turismo de alta gama, pero algunos números indican que la riqueza y las inversiones no “derramaron” como se esperaba.
—Ha derramado mucho en empleo. Tunuyán vivió una diversificación productiva muy importante. Antes éramos solo manzana y pera, pero por costos no podíamos competir con el Valle de Río Negro. La gente mutó hacia el durazno, la nuez y la vid. La tecnificación del riego permitió que zonas áridas, que antes eran solo piedra y jarilla, hoy sean productivas. Las perforaciones y las reservas de agua hicieron posible cultivar casi hasta el Manzano Histórico.
—¿Cómo impacta en las arcas municipales?
—En términos de impuestos directos, al municipio no le genera mucho porque solo se cobra tasa de comercio o limpieza. Pero ha generado empleo de calidad: hotelería, gastronomía, mantenimiento y seguridad. Hay muchísimas bodegas trabajando con gente de Tunuyán. Nosotros, como Estado, acompañamos con infraestructura: recuperamos el Manzano Histórico, arreglamos caminos rurales y construimos más de 70 kilómetros de ciclovías que unen los distritos. Tunuyán ha cambiado mucho, hay una fuerte inversión en cultura y deporte.
—Hablando del vino y turismo, son dos sectores que ahora están sufriendo bastante.
—Sí, es una situacion grave. Y tiene que ver con la situación financiera del país. El consumo ha caído notablemente. El poder adquisitivo dañado golpea al turismo: disminuyen las noches de estadía y la gente sale menos. Lo que antes eran cien cabañas llenas que luego consumían en restaurantes y comercios, hoy está en una situación crítica. La gente, si sale, ya no consume como antes. Quizás esas cien cabañas derramaban recursos en cabalgatas, trekking o rafting, pero eso disminuyó drásticamente. El poder adquisitivo no rinde y hay una caída masiva en el sector. Es un proceso que esperamos que cambie, pero hoy la situación es complicada.
—Y la vitivinicultura está más o menos igual.
—Atraviesa un momento difícil. Hay bodegas con stock del año pasado que no han podido vender. En el sector conviven dos realidades: el vino de autor, de baja escala y comercialización personalizada, y el perfil comercial masivo, que es el que más sufre por la caída del consumo. Además, hay un cambio cultural fuerte en los últimos dos años: el auge del mundo fitness. Hoy escuchás a los pibes hablar de proteínas, aminoácidos y creatina en lugar de vino. Hubo un volcado masivo a la actividad física post-pandemia y eso cambió las categorías de consumo.
—Tal vez si el turismo bajara los precios…
—No, es una crisis nacional. Más allá de algún movimiento en Semana Santa, la temporada de verano fue floja en toda la provincia y en el país. En Tunuyán dependemos mucho de la “escapada” de fin de semana, pero hace falta mucho ingenio para atraer gente. Si vas a un hotel de alta gama, quizás esté lleno, pero el complejo de cabañas orientado a la clase media es el que sintió el golpe más fuerte. Lo mismo el prestador de servicios: el del restaurante, el de las cabalgatas o el que organiza el Cruce de los Andes. El turista que antes planificaba cuatro actividades en cinco días, hoy con suerte contrata una.
—Un diagnóstico del Consejo Empresario Mendocino (CEM) señaló que Mendoza lleva 15 años sin crecer. ¿Qué solución ve a este estancamiento?
—Hay que ver si esos datos son reales o parte de una estrategia política para presionar por determinadas leyes. Yo creo que Mendoza crece, pero no al ritmo de otras regiones. Veo inversión privada en Tunuyán que a veces no se refleja en las arcas estatales. Para salir de esto, debemos mejorar la cadena de valor y la calidad para abrir mercados. Hoy la producción no es competitiva por el tipo de cambio. A muchos productores no les conviene ni siquiera cosechar la fruta.
—Encima, el Gobierno Nacional pregona por la apertura total de la economía. Eso no los ayuda en este momento.
—El mundo, aunque se diga lo contrario, se vuelve cada vez más proteccionista. Todos buscan equilibrar su balanza comercial. El mejor ejemplo es el precio de la carne: es difícil explicar que valga lo que vale cuando el consumo interno se desplomó. La explicación es que todo se va afuera. Beneficiás a los veinte grandes exportadores, pero el argentino llega al día diez y no puede comprar comida. En diciembre de 2023 el dólar blue estaba en un valor similar al de hoy, pero el kilo de carne costaba tres mil pesos. Hoy vale veinte mil. Es una apertura indiscriminada que desabastece el mercado interno.
—Pero al vino no le ha ido tan mal compitiendo de igual a igual con los grandes del mundo. ¿Cuál sería entonces el camino para Mendoza?
—Buscar términos medios. Ni cerrazón total ni aperturismo salvaje. Mendoza debe fortalecer su marca de calidad. Debemos ser implacables con la sanidad —como se hace con la polilla de la vid o la mosca del Mediterráneo— para clasificar nuestros productos y entrar en mercados de élite. Nos hemos quedado en discusiones políticas “berretas” en lugar de avanzar en eso.
Presidente, el Valle de Uco no fue un milagro ni un experimento de “No intervención”. Fue resultado de emprendedores, obra pública y gestión local que apostó al desarrollo. Detrás hay 15 años de Peronismo, planificación y trabajo sostenido. El Estado presente también fue clave. pic.twitter.com/hcSOjDtJYE
— Martín Aveiro (@MartinAveiro) October 9, 2025
—A propósito de la política, ¿qué opina del proyecto de reforma consiticional de Cornejo sobre la autonomía municipal? ¿Y la decisión de Omar Félix con la Carta Ogánica de San Rafael?
—Hay que separar los tantos. Lo sucedido en San Rafael con el desdoblamiento es un hecho consumado y avalado por la Suprema Corte y la Justicia Electoral. Querer volver atrás con eso no corresponde. Sobre la autonomía municipal, creo que es urgente. Hoy un municipio solo puede hacer lo que está expresamente legislado, y tenemos un atraso normativo importante frente a la dinámica actual. La autonomía debería ser una política pública de consenso, no una disputa de oportunidad, porque en el medio está el vecino que paga las consecuencias.
—Como docente, usted también ha sido crítico también con la gestión educativa en Mendoza.
—Me preocupa profundamente el crecimiento del ausentismo en nuestras escuelas, un fenómeno que en Mendoza tiene raíces claras: una crisis económica que desordena la vida de las familias y una deslegitimación de la escuela como motor de ascenso social. No podemos ignorar que hoy nuestros docentes, para alcanzar la canasta básica, deben sostener múltiples empleos, saltando de escuela en escuela, lo que atenta directamente contra su bienestar y la continuidad pedagógica. El desánimo escolar es el reflejo de un sistema que está al límite, donde la urgencia económica está desplazando el deseo de aprender y la posibilidad de enseñar con la tranquilidad que la excelencia educativa requiere.
—Cree entonces que a la educación, entre otras áreas, hay que sacarla de la obsesión por “la eficiencia” que tiene Alfredo Cornejo.
—Es así. Frente a la baja de natalidad que ya se proyecta, nuestra postura debe ser firme: esto no puede ser una excusa para el recorte o el cierre de aulas, sino una oportunidad histórica para transformar la educación mendocina. Debemos sostener los presupuestos para garantizar una enseñanza de mayor calidad y más atractiva, con aulas menos saturadas y docentes mejor remunerados que puedan enfocarse en nuevas formas de trabajo y formación continua.
— Menos chicos puede transformarse en más calidad y no en un ahorro presupuestario.
—Si, el futuro del trabajo nos exige escuelas conectadas con la realidad tecnológica y productiva. Por eso, el desafío es convertir el cambio demográfico en el impulso definitivo para que la educación vuelva a ser el eje central de nuestro desarrollo y el lugar donde nuestros jóvenes vuelvan a creer en el futuro.
—Bien, ¿y cómo ve al peronismo de cara al 2027? ¿Habrá chances de recuperar parte del terreno perdido?
—Tengo esperanzas en el plano nacional. Estoy convencido de que Axel Kicillof puede ser presidente. Sería muy bueno para el país. Es un dirigente medido, humilde y con mucho territorio. Administrar la provincia de Buenos Aires no es para cualquiera y sus indicadores muestran un trabajo impecable. Tiene una frialdad y un respeto institucional que hoy escasean. Nunca lo vas a ver fuera de sus cabales.

—¿Lo ve como el candidato de “la unidad” a la que tanto apela el peronismo cuando tiene que “resucitar”?
—Axel tiene la inteligencia para buscar ese punto medio que necesita Argentina. Se está reuniendo con dirigentes de diversos sectores, como Monzó o Pichetto. Necesitamos un proyecto abierto que genere consensos. Hay que slir adelante con gestión. Ayer escuchaba en la sesión a los libertarios jactarse de las exportaciones de gas. Eso es posible gracias a la obra pública que se hizo antes, como el gasoducto Néstor Kirchner. Se inauguró la primera etapa y, si se hubiese terminado la segunda, estaríamos exportando mucho más. Antes íbamos desesperados a comprar gas para pasar el invierno. Ahora ellos se jactan de que exportan, pero lo hacen con la obra pública que hicimos nosotros mientras hoy la tienen paralizada. Ahí ves una contradicción enorme.
—La obra pública también es esencial para las inversiones.
—Claro, plantean la Ley de Glaciares y la minería, pero la inversión también es logística: son caminos, conectividad y servicios. Sin rutas, energía, agua o cloacas, no hay forma de que un privado invierta. Muchas de estas leyes parecen más vinculadas a negocios cercanos al presidente que al desarrollo de las provincias. Abandonaron la infraestructura básica. Mirá la ruta Mendoza-San Juan: hablan de minería en dos provincias clave, pero frenaron la doble vía que las une. Esa es la pelea que hay que dar. Por eso creo que Kicillof es la gran oportunidad. Hay que involucrar a todos para buscar un consenso general.
—Muchos señalan el punto débil de Kicillof: conoce mucho Buenos Aires pero poco del resto de las economías regionales. Tendrá que caminar mucho las provincias.
—Por supuesto, pero para eso estamos nosotros: para acercarle esa realidad. Axel fue ministro de Economía de la Nación, sabe perfectamente de lo que habla. A veces, los que somos del interior cometemos el error de pensar que Buenos Aires es solo el Conurbano, pero también es Olavarría, Tandil o Bolívar. Tiene Pampa Húmeda, turismo en la costa y una matriz productiva inmensa.
—¿Está trabajando para Kicillof?
—Por ahora nos ocupamos de aportar la visión de las economías regionales. Los gobiernos centralistas suelen mirar solo la caja y dicen: “¿Cuánto aporta el aceite de oliva al tesoro nacional? Solo el 0,008%”. Pero no ven el valor agregado y la cadena de trabajo. Quizás la cosecha del durazno no compite con la soja o el trigo para la Nación, pero genera un circulante que da vida a los pueblos.

—Tampoco es la primera vez que pasa en la historia argentina.
—Exacto. Pero al durazno hay que podarlo, ralearlo y cosecharlo. Tenés a los que cortan álamos para los cajones, los aserraderos, las imprentas para el cartón y las etiquetas, las mujeres que seleccionan la fruta en los galpones de empaque, el transporte, el frío. Es una economía que sostiene comunidades enteras. Y lo veo a Axel preparado para entender esto. Tiene una tranquilidad en momentos difíciles que te da seguridad. Es un tipo que a las siete de la mañana ya está gestionando.
—Todo lo contrario al presidente actual, me dirá.
—Tenemos un presidente con más agenda en el exterior que en el interior. Si revisás sus actividades, tiene una foto de gestión cada quince días y, a veces, hasta están trucadas. El resto del tiempo está en Twitter —el otro día metió mil tuits en una jornada— o dando charlas en teatros para su grupo de libertarios. No hay agenda de gabinete ni de trabajo real en Casa Rosada, por eso todo pasa por el Congreso. Es una vergüenza que esté más afuera que gestionando la Argentina.
—Kicillof a nivel nacional. ¿Y en la provincia qué está pasando con el peronismo?
—En Mendoza nos puede ir mejor. Tenemos intendentes capacitados, figuras como los hermanos Félix o Florencia Destéfanis. Todos están listos para recuperar terreno. Pero sería imposible sin un proyecto nacional. Necesitamos una política nacional acertada que acompañe a la provincia.
—Sobre todo en Mendoza, ¿el peronismo debe plantearse un “post-kirchnerismo” para recuperarse?
—Nadie puede quedarse afuera. Cada uno tiene que entender qué rol debe ocupar, pero al peronismo no le sobra nadie. Somos un movimiento, no un partido. Ahí conviven la CTA, la CGT y diversos sectores. Perón lo decía: tenía gente de derecha, de centro y de izquierda. No habo de kirchnerismo adentro o afuera. Hablo de humildad e inteligencia para saber dónde sumar. Yo mismo, después de doce años como intendente y siendo el más votado, acepté ser candidato a concejal cuando hizo falta. Hay que saber empoderar el espacio desde donde toque.
—Su mandato termina en 2027. ¿En qué rol se imagina después?
—Es difícil saberlo porque la dinámica política es impresionante. Amo la política y quiero seguir trabajando. Te confieso que me costó mucho el Congreso después de doce años de gestión ejecutiva. Pasar de resolver problemas todos los días a la labor legislativa es un cambio fuerte, no es tan fácil como parece. Pero se aprenden cosas nuevas. Hace dos semanas me dieron la presidencia de la Comisión de Obras Públicas.
—Le dieron nada menos que la presidencia de la Comisión de Obras Públicas en la Cámara de Diputados de la Nación, justo el área que usted tanto critica del Gobierno.
—La pedí justamente por eso. Vengo trabajando con Gabriel Katopodis en un diagnóstico de toda la obra abandonada en el país. El próximo martes vamos al Ministerio de Economía con un documento firmado por más de quinientos intendentes. Vamos a reclamar por el impuesto a los combustibles.
—Lo que anticipó en el recinto la semana pasada.
—Sí, desde 2021 a la fecha se han recaudado 3,5 billones de pesos que por ley tienen afectación específica para Vialidad Nacional. El gobierno se guarda esa plata para vender un superávit ficticio, mientras la ejecución presupuestaria en Vialidad cayó un 74%. Cuando pagás el combustible, hay un porcentaje destinado por ley al arreglo y creación de rutas. Mi deber hoy es controlar y hacer que estas cosas se conozcan.





