
Cierran fábricas todos los días. El gobierno difunde números oficiales que indican una baja de la pobreza, pero no se siente en la calle ni se trasluce en las encuestas. Cada vez que Crónica hace una encuesta en su Instagram sobre el estado de situación de sus seguidores, el 80% indica que lo esta pasando muy mal.
Sus apoyos externos no son lo que eran. Donald Trump enfrenta una elección de medio término mas que complicada, en medio de una guerra que no fue lo que pensó, la inflación interna generada por la suba de los combustibles, la persecución a inmigrantes o a ciudadanos que tienen aspectos de inmigrantes y, todas las encuestas que indican que se dirige a una derrota contundente y una perdida de control de las Cámaras en el Capitolio.
¿Qué pasará entonces entonces con los apoyos financieros a los aliados geopolíticos como el presidente Javier Milei en la segunda mitad del mandato de Trump, justo cuando el libertario deba encarrilar su reelección?
Tiene algún resuello en todo este esquema. Las encuestas lo siguen dando, en su mayoría, liderando la intención de voto aunque con mucho menos margen que antes, pero lidera. La oposición no consigue construir una opción clara, que melle la base electoral oficialista o colecte de sectores del voto blando libertario. Aunque se vislumbra un inicio de ese proceso que el gobierno podría sencillamente detener o, al manos aminorar su aceleración, con un par de medidas y unos éxitos parlamentarios.
El último problema genérico que enfrenta la gestión de Milei, también puede verse en las encuestas. La corrupción empieza a ser uno de los temas de mayor interés y preocupación social, como cada vez que la economía real no funciona. Y es aquí donde entra a jugar Manuel Adorni, el salvavidas de plomo.
El actual jefe de Gabinete no es sustancial para la gestión, como pudo haberse supuesto de Nicolás Posse o Guillermo Francos, de hecho, es mas bien una traba por cuestiones de impericia y el clásico temor a hacer cuando no se sabe como hacer. Tampoco es un maestro de alianzas o de acuerdos imposibles, como podría pensarse del propio Francos o tal vez Diego Santilli. Ni un técnico insustituible en la gestión administrativa, digamos que su pasado osciló entre vender vehículos usados y comentar cosas en un micrófono o en redes sociales. No tuvo a su cargo la administración de un comercio de barrio.
Incluso se suma otro problema. Decíamos que el gobierno puede revertir la imagen temporalmente con algún éxito parlamentario, pero el 29 de este mismo mes, el propio Adorni deberá ir al pleno de la Cámara Baja a explicar la gestión y responder 5.000 preguntas y un millón y medio de chicanas. En este caso, ya no de “apenas un periodista”, a los que le gusta despreciar, pero a los únicos que esta acostumbrado a enfrentar. Muchos de los legisladores que estén presentes son avezados, mordaces. No tienen que volver a trabajar mañana a Rosada y temen la ira de Adorni. Se la juegan toda en esa pregunta que les toca con formato de puñalada trapera. ¿Cómo podría ser un éxito semejante situación ante tanta debilidad, reputacional, pero también argumental, formativa?
El valor de Adorni era otro: ser la ineludible voz del propio Javier Milei, “domar” a los periodistas de la Sala de Prensa de Casa de Gobierno, montar shows mediáticos y en redes con esa actividad y, ser confiable para los hermanos presidenciales.
Ahora bien. En la última conferencia de prensa, después del Adornigate, el domador salió domado. Su ironía y sarcasmo fueron siempre idiomáticamente deficitarios, pero en este caso, eso se notó. Su irascibilidad le jugó una muy mala pasada. Y además ¿cuan confiable le es hoy, al Presidente y la Secretaria General? ¿Sabían ellos de todas estas adquisiciones poco regulares? ¿De los vuelos privados? ¿De Marcelo Grandío y las posibles dádivas? ¿De las relaciones complejas que lo relacionan con “Don Chatarrían”? Y, para ser mas duros y aun sabiéndolo, ¿para que les sirve ahora sostenerlo?.
Es un misterio comprender como y porque, los hermanos presidenciales soportan y sostienen un vínculo que no puede producirles otra cosa que daño. Y con una situación que es irreparable.
Adorni será, de ahora en más y para siempre, un Meme, un sinónimo de corruptela pero además de torpeza. Nunca tantos hechos fueron descubiertos con tanta facilidad en tan poco tiempo. Habrá habido infinidad de funcionarios cuantitativamente mas corruptos, pero no hay memoria de otro tan estúpidamente descubierto. Y cuando todo eso ex vox populi, rápidamente es vox dei.
No hay retorno, no hay olvido. Los objetos de burla no recuperan valor. “De lo único que no se vuelve es del ridículo”, mencionó alguna vez alguien, que algo sabía.
De tal modo, ¿cuál es el valor asignado a este Adorni, cuando el gobierno parece hundirse de su mano, cuando el presidente en medio de, tal vez, el peor momento reputacional de su gestión, se abraza desesperado a ese salvavidas de 500 kg que lo arrastra al fondo del océano?
Si fuese solamente lealtad, una lealtad mal entendida porque la primera debería ser con un proyecto en el cual dice creer, ¿dónde esta la lealtad de Adorni que sabe que está despedazando el proyecto de su amigo por aferrarse a un cargo que ni fueros le da?.
Misterios del comportamiento libertario que tal vez jamás se diluciden. Pero lo que resulta indefectible, es que si uno golpea un clavo con algo, el clavo se hunde en la madera. Si lo hace con un martillo, con una piedra o con el canto de una llave francesa, igual se hunde. Las consecuencias son las mismas. Milei se aferra a un salvavidas de plomo que lo hunde inexorablemente. Dan lo mismo los porque. Si no lo suelta, el agua le va a alcanzar el cuello pronto.




