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las lecciones que miran libertarios y peronistas rumbo a 2027

El espejo de 2018

Primer punto de coincidencia: tanto Cambiemos/Juntos por el Cambio como LLA ganaron las elecciones de medio término, en 2017 y 2025, respectivamente. Al año siguiente, ambos gobiernos comenzaron a sentir el freno de la actividad. En julio de 2018, el EMAE cayó 2,7% interanual. En julio de 2026 retrocedió 1,4% contra el mismo mes del año anterior y 2,9% respecto de junio en la medición desestacionalizada.

Este guarismo, sumado a la baja del PBI en el segundo trimestre de este año, encendió las alertas sobre una posible recesión técnica de la economía argentina, que el Gobierno atribuyó a la actividad desestacionalizada y hasta a una supuesta vagancia durante el Mundial, según una pícara explicación oficialista.

Pero, más allá de los nubarrones que tiñen el horizonte económico libertario, hay una serie de diferencias considerables en el plano político. “Cuando asumió Macri, la sociedad no tenía en la memoria una crisis económica, buscaba un cambio de modos políticos. En tal caso, había una crisis encubierta por el desorden de la macro, pero que no se había trasladado al bolsillo de la gente”, expresó ante este medio un dirigente de LLA. Una espada del PRO coincidió con el análisis: “Bajo ese precepto, las condiciones no estaban dadas para un shock como el que aplicó Milei. Todavía nos seguimos preguntando si hicimos bien en aplicar el gradualismo… y creo que sí”.

Ese shock es el que le da otro punto a favor de Milei: mientras Macri debió financiar déficit fiscal con endeudamiento externo, LLA ya hizo la tarea. “El ajuste Cambiemos lo hizo después de ir al FMI en 2018, y pagó el costo social cerca de las elecciones”, explican.

Tanto Cambiemos como LLA ganaron las elecciones de medio término, en 2017 y 2025, respectivamente, pero al año siguiente comenzaron a sentir el freno de la actividad.

Tanto Cambiemos como LLA ganaron las elecciones de medio término, en 2017 y 2025, respectivamente, pero al año siguiente comenzaron a sentir el freno de la actividad.

También hay una mirada concordante en las veredas violeta y amarilla respecto a que el peronismo se encuentra hoy en una situación de mayor debilidad que entonces. No solo porque el liderazgo de Cristina era más penetrante, ni únicamente por su situación judicial, sino porque el legado de 2023 fue una inflación galopante, derrumbe y cerrazón económica y la inédita emergencia de empleados registrados pobres, una daga en la base histórica del peronismo.

“En el gobierno de Macri, además, había 15 gobernadores peronistas, y hoy hay 5”, reflexiona un funcionario de aquel tiempo. El dirigente macrista también recuerda la resistencia interna de los integrantes de la alianza: los primeros en cuestionar la suba de tarifas fueron los líderes de la CC-ARI y de la UCR, Elisa Carrió y Alfredo Cornejo. Hoy, en cambio, las internas pasan por otros carriles.

Bajo esta mirada, Milei parece tener una ventaja: pudo pagar los costos del ajuste temprano y la oposición tiene menor poder de fuego. Sin embargo, hay hechos insoslayables: no solo cayó la actividad, sino que se conoció el reciente aumento de la pobreza, a lo que se suman la baja de la industria, del empleo y las turbulencias financieras, con un riesgo país que volvió a superar los 600 puntos. Todo, acompañado por un contexto internacional que incomoda a mercados emergentes como el argentino.

El magma que ocultan las planillas del orden fiscal erosiona los ingresos de millones de argentinos y es una de las explicaciones de la caída de Javier Milei en las encuestas, quien, no obstante, se mantiene en niveles competitivos. Pero el proyecto político enfrenta mayores internas que las que tuvo Macri. Y allí, en ese punto, asoma la figura de Patricia Bullrich, que sigue tensionando hacia adentro: el distanciamiento con Karina Milei ya es evidente.

La hermana del Presidente es esmerilada por otro escándalo, el que sacude a Olivos con denuncias de sobrecompras de alimentos, desmentidas por el Gobierno. Su ausencia del viaje a Nueva York, ciudad que marcó el principio del fin de Manuel Adorni hace medio año, no fue casual, dicen en la Casa Rosada. Incluso, hay quienes mencionan que cada paso en falso de Karina es un paso hacia adelante de Santiago Caputo, aunque muchos señalan que sus soldados digitales ya no militan cualquier causa. Toman distancia prudente.

Como sea, Patricia Bullrich volvió a sacudir al oficialismo con sus diferencias por el Presupuesto y los cambios en discapacidad. También resistió hasta último momento las presiones para modificar la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central. Y aquí vuelve a aparecer el recuerdo de la administración de Macri: “Si le hubiese dejado el lugar a Vidal, quizás ganaban”, dicen sus laderos. No es casual que esta semana la exministra de Seguridad haya declarado: “Tiene que reelegir el proyecto”. Proyecto, claro, no es lo mismo que Milei.

La analogía sirve como advertencia, no como calco. Bullrich tiene una trayectoria y una autonomía política que Vidal nunca tuvo frente a Macri. Se siente en la encrucijada de romper o permanecer. El problema para optar por la garrocha es que tiene un olfato que le hace prever que sus posibilidades se acrecientan dentro del proyecto libertario, dado que fue Milei quien abrió una ventana conceptual que le sienta bien, máxime cuando el círculo rojo busca una continuidad con otros modales. Cerrar la ventana de motosierra y mano dura puede ser perjudicial para la senadora.

Asoma la figura de Patricia Bullrich, que sigue tensionando hacia adentro y muchos la ven en un rol similar al que tuvo María Eugenia Vidal en 2019: un plan B.

Asoma la figura de Patricia Bullrich, que sigue tensionando hacia adentro y muchos la ven en un rol similar al que tuvo María Eugenia Vidal en 2019: un plan B.

“Vidal, de todos modos, siempre declaró que jamás le hubiese disputado el lugar a Macri, ya que reconocía que si fue gobernadora fue gracias a Mauricio. Fue leal”, manifestó un dirigente libertario; una frase que también resuena en otros cuarteles, aunque por razones distintas, donde la palabra “lealtad” tiene una fuerza simbólica de otras dimensiones.

Sin embargo, las dudas respecto a si dejar o no los pies en el plato libertario se nutren de otros hechos del pasado. ¿Qué pasa cuando al líder de un proyecto le va mal? En el bullrichismo, que vivió ambos gobiernos, creen que hay un efecto arrastre. Por caso, Vidal terminó siendo derrotada por Axel Kicillof, pese a que cerró su gestión con una buena imagen. Es decir, si el derrotero de Milei continúa cuesta abajo, ¿se podrá salvar una sola figura? ¿Alguien se salva solo? Y, en caso de que ese efecto arrastre se compruebe, ¿alcanza con saltar de vereda? Son preguntas que se hacen en despachos del Senado.

Todos miran 2027

La gestión misma empieza a estar atravesada por las candidaturas. Todos miran 2027. Al caso de Bullrich y Milei se suman actores de todos los estamentos. Diego Santilli y sus pretensiones en la provincia de Buenos Aires, afectada por los cambios en zona fría. Aunque sabe que, si el PJ está unido, sus posibilidades quedan reducidas: las consecuencias del modelo Milei en el conurbano difícilmente se reviertan en un año. Pero otros funcionarios quedan ante las mismas disyuntivas.

Otro ejemplo es el vocero Adrián Ravier, quien debe hacer equilibrio en el conflicto La Pampa-Mendoza por las regalías de Los Nihuiles. Por un lado, el peronista Sergio Ziliotto, que llevó la disputa a la Justicia; por el otro, el mendocino Alfredo Cornejo, aliado de Javier Milei. Ravier tiene aspiraciones en La Pampa, pero optó por el silencio en este caso. La cuestión hídrica en La Pampa, y en especial el cauce del Atuel, es una suerte de Malvinas pampeana.

El hecho tuvo ecos en el Senado, donde zona fría y la quita de subsidios al gas afectaron a ese distrito. Quien buscó capitalizar el silencio de Ravier por la disputa hidroeléctrica fue el senador radical Daniel Kronenberger, quien votó en contra pese a su cercanía a LLA. Pero, por otra parte, fue clave para que el oficialismo pudiera alcanzar el quórum, un guiño a Karina en clave de definición electoral. Las intenciones del radical de encabezar la boleta que competirá con el peronismo, que tampoco tiene aún candidato definido, quedaron a la vista.

Esas tensiones entre aliados y violetas por las listas del año próximo agitan focos en múltiples distritos. El mencionado Cornejo tiene lo propio: mientras el senador de su confianza Rodolfo Suarez votó en contra de zona fría, el mandatario no tiene chances de ser reelecto y observa encuestas donde crece Luis Petri, por encima de sus propios alfiles.

De todos modos, el techo bajo de LLA y del PJ sigue alimentando el sueño de terceras vías. No de los gobernadores, que ya vieron el fracaso del globo de ensayo de Provincias Unidas en 2025 y optarán ahora concentrarse en retener el pago chico. Pero sí de la propia Bullrich y también del PRO, que deja correr la candidatura de Hernán Lacunza mientras Macri sigue de gira federal, con escala el viernes pasado en Jujuy.

“Mauricio está preocupado por la situación, un equilibrio fiscal de baja calidad y una situación económica muy difícil”, dijeron en su entorno. Y, a través de Fundación Pensar, prepara el PRO un duro informe sobre la situación de los endeudados, que verá la luz en poco tiempo, con encuestas crujientes respecto a en qué rubros los argentinos reventaron los límites de sus tarjetas de crédito.

El poder de daño

En el peronismo hay una precandidatura oficializada y una de facto. La primera corresponde al sanjuanino Sergio Uñac, que entiende que un dirigente del interior le sentará mejor al proyecto. El segundo es Axel Kicillof, que evita expresarse sobre su postulación, pero ya se mueve como aspirante a suceder a Javier Milei.

“No te tenés que ‘larretizar’”, fue el comentario que le hizo un dirigente cercano. La referencia al exjefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta se bifurca: por un lado, al hecho de “creerse Presidente un año antes y armar un gabinete”. El gobernador bonaerense lo tiene claro y por eso evita lanzarse. “Es el año de construcción, el que viene es el de las candidaturas”, suele decir.

Pero hay una segunda lectura, referida a la relación con el líder político. Y aquí aparece otra analogía, en este caso entre Cristina y Macri. “Larreta vio que Macri medía 70% de imagen negativa. Entonces, no tuvo en cuenta la capacidad de daño del 30% de imagen positiva que le quedaba”. “Lo esperó, la puso a Bullrich y perdió 9 a 0”.

Las distintas vertientes del peronismo creen que Kicillof y Cristina terminarán acordando, pero mientras tanto todos tiran de la cuerda. En La Plata interpretan que, si La Cámpora se inclina por Sergio Massa, le terminará ordenando la campaña a Milei y por eso entienden que, en última instancia, apoyarán al gobernador. Pero hay quienes le alertan que podría inclinarse incluso por otra figura que no sea el tigrense. Uñac incluido —quien días atrás estuvo con Máximo y organizaron cumbre en San Juan—, o el santiagueño Gerardo Zamora.

“Cristina tiene poder de daño, y si la interna crece, le puede pasar lo mismo que a Larreta con Macri”. En el extremo, en el Instituto Patria consideran que el fallo de la Corte le impide ejercer el cargo, pero no le traba una candidatura. ¿Postularse pero no asumir por la inhabilitación? Un gris que, llegado el caso, deberá resolver la Justicia.

“No te tenés que ‘larretizar’”, fue el comentario que le hizo un dirigente cercano al gobernador Axel Kicillof.

“No te tenés que ‘larretizar’”, fue el comentario que le hizo un dirigente cercano al gobernador Axel Kicillof.

Imagen: Télam

“Larreta y Macri no compartían todo el electorado, Axel y Cristina, sí”, reflexionó un macrista, forzado a analizar la comparación. Es decir, en una interna, Kicillof tendría otras dificultades. Asimismo, recuerda que Larreta prefirió buscar ampliar electorado antes que blindar el voto cautivo del PRO, que decantó hacia Bullrich. Dilemas que deberá enfrentar el mandatario a la hora de salir a la cancha.

Los peronistas que tienen llegada a San José 1111 y a La Plata dicen que en ambos sitios cuentan la misma historia. “Lo que cambian son las interpretaciones”. El comentario es que hay una mala relación entre Máximo Kirchner y Kicillof desde 2013, pero que siempre Cristina le daba la razón al hoy gobernador. Ahora, el hijo es quien dice: “¿Viste? Yo te avisé”.

Cristina espera la visita de Kicillof, como también Macri esperaba el llamado de Larreta. La situación de indefinición, sin abrazos y sin rupturas, tiene un límite temporal. “Vamos a acordar, pero está difícil”, es el comentario más extendido.

También, en términos de enseñanzas del pasado, intendentes cercanos al gobernador le dicen que la campaña y la gestión no se llevan bien; que, para no repetir la experiencia de Daniel Scioli, otro gobernador-candidato, lo razonable sería pedir licencia en 2027.

Cuando reaparece el territorio

El peronismo sigue buscando el norte, y la falta de liderazgos definidos deja protagonismo a los liderazgos territoriales. “Cuando el poder es fuerte, disciplina. Cuando se debilita, reaparece el territorio. En instituciones federales eso se vuelve evidente: debajo de los bloques siguen existiendo regiones o provincias con intereses propios. Cuando afloja el pegamento del poder, vuelven los resguardos”, dijo a Ámbito un dirigente peronista.

Una muestra fue el Senado, donde el jueves el Gobierno logró que se sancionara zona fría sin presencia del bloque Popular en el recinto. Una vez garantizada la victoria libertaria, el peronismo no quiso mostrar diásporas. Por caso, la Ley de Biocombustibles contó con la disidencia de Juan Manzur, quien alzó la mano con LLA, ya que la iniciativa beneficiaba a Tucumán y su producción de caña de azúcar. Zona fría hubiese exhibido más dispersión, ya que los senadores hubiesen votado antes en función de sus provincias que de los intereses del bloque.

Quizás ordenar el liderazgo sea también la forma de volver a ordenar el territorio.



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