

La Dirección de Áreas Protegidas del Ministerio de Energía y Ambiente mantiene reuniones semanales con referentes de arqueología vinculados a investigaciones desarrolladas en la reserva. El objetivo es articular esfuerzos para poner en valor este patrimonio y acercar a la comunidad el conocimiento científico sobre la presencia incaica en la cordillera mendocina.
La Dirección de Áreas Protegidas (DAP) del Ministerio de Energía y Ambiente de Mendoza avanza en una agenda de trabajo conjunto con especialistas en arqueología para profundizar el conocimiento, la conservación y la difusión del patrimonio cultural de la Reserva Natural Laguna del Diamante.
A través de reuniones regulares, equipos técnicos de la Dirección y referentes científicos intercambian información y analizan alternativas para dar a conocer la riqueza histórica y cultural de área natural, a partir de los resultados de investigaciones desarrolladas durante más de dos décadas en este sector de la cordillera mendocina.
En los encuentros participan Iván Funes Pinter, director de Áreas Protegidas; Mariana Raviolo, subdirectora de Áreas Protegidas, y Mauricio Pérez, integrantes del equipo técnico de la DAP; Mauro Manrique, del área de Vinculación; Pablo Sampano, del área de Uso Público; y Alejandra Gasco, arqueóloga e integrante del equipo de investigación dirigido por Víctor Durán.
La iniciativa busca fortalecer la articulación entre la gestión provincial y la comunidad científica, con el propósito de que los conocimientos generados a través de la investigación puedan trascender el ámbito académico y convertirse en herramientas para la divulgación y la valoración social del patrimonio.
La Laguna del Diamante posee un valor singular que trasciende sus atributos ambientales y paisajísticos. Las investigaciones arqueológicas realizadas en la zona han permitido documentar evidencias de la presencia incaica, entre ellas estructuras de distinta complejidad, áreas de ocupación, construcciones vinculadas con la circulación en ambientes de altura y manifestaciones que permiten profundizar en las dimensiones simbólicas y culturales de estas sociedades.
Estos hallazgos contribuyen a comprender la relación que los pueblos originarios establecieron con el territorio y con elementos destacados del paisaje, como volcanes, lagunas y cursos de agua. Desde esta perspectiva, la caldera del Diamante constituye también un espacio de interés para conocer cómo las sociedades del pasado organizaron y significaron su entorno.
El trabajo entre la Dirección de Áreas Protegidas y los investigadores apunta a identificar las mejores estrategias para comunicar estos conocimientos de manera rigurosa, accesible y respetuosa del patrimonio, mediante contenidos interpretativos y recursos de divulgación que permitan acercar esta historia a distintos públicos.
Al respecto, Iván Funes Pinter destacó: “La conservación de un área natural protegida también implica reconocer y valorar el patrimonio cultural que forma parte de su identidad. La articulación con especialistas que llevan años investigando en Laguna del Diamante nos permite fortalecer la gestión con conocimiento científico y trabajar para que esa riqueza pueda ser comprendida y valorada por toda la comunidad”.
Por su parte, Mariana Raviolo señaló: “Estas reuniones nos permiten vincular el trabajo técnico de la Dirección con el conocimiento que han construido los equipos de investigación a lo largo de muchos años. El desafío es encontrar formas de comunicar ese patrimonio de manera clara y responsable, para que la comunidad pueda conocer la historia del lugar, comprender su importancia y reconocer la necesidad de protegerlo”.
La continuidad de estos encuentros permitirá avanzar en una agenda compartida entre la gestión pública y los especialistas, orientada a integrar el conocimiento científico a las acciones de conservación y a generar nuevas herramientas de divulgación sobre el patrimonio cultural de la Reserva Natural Laguna del Diamante.
De esta manera, la Dirección de Áreas Protegidas reafirma la importancia del trabajo interdisciplinario y de la vinculación con referentes científicos como parte de una política de conservación integral, que contempla tanto los valores naturales como la historia y las huellas culturales presentes en las áreas protegidas de Mendoza.




