La llegada de los “outsiders”: por qué se miden y para qué sirve

Nicolás Sanz

La inclusión de figuras ajenas a la política tradicional, u outsiders, en los sondeos de opinión pública va mucho más allá de la curiosidad y, en realidad, se trata de la muestra explícita de la crisis de representación. 

Cuando consultoras miden a personajes como Mario Pergolini, Dante Gebel o Marcos Galperin, no necesariamente están sugiriendo una candidatura, sino que buscan identificar hacia dónde se desplazó el capital que la clase política perdió. 

En un contexto de creciente ausentismo a las urnas, donde la participación del padrón electoral se ubica en pisos históricos, estos nombres tienen el objetivo de ser sensores de humor político dentro de la sociedad. 

Para poner un ejemplo, el sondeo sobre estos tres hombres, que fueron medidos por DC Consultores, permite diagnosticar si el electorado busca una figura empresarial, la capacidad de comunicación masiva o un guía espiritual.



Por otro lado, para los armadores políticos, medir a un outsider sirve para evaluar el techo electoral de las estructuras existentes y, de esta forma, analizar las estrategias que se utilizarán para las campañas electorales. 

Si un empresario como Galperin, asociado al éxito tecnológico y la modernidad, o un comunicador como Pergolini, vinculado a la irreverencia y la gestión de medios, obtienen niveles de imagen positiva superiores a los dirigentes de carrera, se confirma la existencia de ese voto huérfano que no encuentra en la política tradicional ninguna representación.

En el caso de figuras de la talla de Dante Gebel, su inclusión analiza la permeabilidad del electorado ante liderazgos que se basan en la empatía y el carisma religioso, factores que suelen llenar los vacíos dejados por la racionalidad política.

Estas mediciones funcionan como medidores ya que si el outsider mide bien, la política tradicional se ve obligada a mimetizar su lenguaje o, eventualmente, a intentar cooptarlo.

En última instancia, este fenómeno revela un patrón en el que la credibilidad hoy se construye más por la trayectoria personal y el éxito profesional que por la militancia política. 

La presencia de estos nombres en las encuestas es una herramienta de benchmarking político que busca entender qué atributos de estos personajes son los que el ciudadano reclama y no encuentra en la oferta electoral vigente. 

No se trata únicamente de medir intención de voto, sino de entender qué es lo que la sociedad está buscando en medio de una falta de horizonte político claro, donde los outsiders toman relevancia frente a lo que alguna vez fue la lealtad desde la cuna.

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