
El planteo del especialista no parece menor, ya que apunta directo al corazón de la estrategia tecnológica que intenta mostrar Javier Milei: convertir a la Argentina en un destino atractivo para centros de datos, empresas de inteligencia artificial y capitales de Silicon Valley, con energía, recursos naturales, baja regulación y beneficios fiscales. De hecho, en su discurso ante la Asamblea General de la ONU la semana pasada, el Presidente dijo que el país buscará ubicarse “en la vanguardia de la libertad” frente a la IA, con el compromiso de “no regular de manera preventiva”, responsabilidad limitada para empresas que operen con agentes de IA y beneficios fiscales.
La discusión ya no pasa sólo por atraer anuncios. Esposito puso el foco en una pregunta previa: si el país tiene energía, redes, centros de datos, agua, minerales, talento y reglas suficientes para transformar esos proyectos en desarrollo propio y no en una nueva forma de dependencia tecnológica.
Energía primero, datos después, IA tercero
La frase central de Esposito fue directa: “Energía primero, datos después, IA tercero”. En el marco del Coloquio de IDEA, en el que Ámbito participa con una cobertura especial, el experto sostuvo que alterar ese orden deja a los países con grandes anuncios, pero con pocas posibilidades de concretarlos. “No se trata solamente de la voluntad política de tener centros de datos. ¿Tenemos la infraestructura para esos centros de datos?”, planteó ante los empresarios reunidos en Mar del Plata.
La advertencia es relevante para la Argentina porque los centros de datos no son una industria liviana. Requieren energía firme, redes de transmisión, disponibilidad de agua para refrigeración, conectividad, marcos de uso de datos y comunidades preparadas para recibir instalaciones de gran escala.
Esposito definió como “colonias digitales” a los países que no consiguen navegar al mismo tiempo la transición energética, tecnológica y geopolítica. Es decir, aquellos que no desarrollan infraestructura propia, temen abrir y utilizar sus datos, adoptan tecnología construida por otros y pierden capacidad para decidir las condiciones de su inserción en la nueva economía digital.
El choque con el plan de Milei
El diagnóstico aparece en un momento en el que Milei viene construyendo una narrativa de oportunidad alrededor de la inteligencia artificial. En la ONU, el Presidente sostuvo que la Argentina tiene minerales críticos, energía, talento y capacidad para competir en cada eslabón de la cadena de valor de la IA, y que quiere ser “el lugar más competitivo del mundo” para desarrollarla.
Ese discurso se apoya en varios movimientos. Uno fue el anuncio del Plan Nuclear Argentino, presentado por el Gobierno como una forma de construir nuevos reactores y atraer inversiones vinculadas a inteligencia artificial. Milei había afirmado que la Argentina tiene “energía de sobra, tierras frías e inhóspitas de sobra y recurso humano de calidad” para atraer inversiones de alto grado en IA.
Otro es el Súper RIGI, el régimen de incentivos para nuevas industrias que recibió media sanción en Diputados. El proyecto apunta a inversiones superiores a u$s1.000 millones y ofrece beneficios fiscales, aduaneros, cambiarios y regulatorios por 30 años. Entre las actividades alcanzadas aparecen inteligencia artificial, data centers, semiconductores, hidrógeno verde, baterías de litio, vehículos eléctricos, biotecnología y reactores nucleares modulares.
Stargate Argentina, el gran espejo
Uno de los casos más resonantes de esa apuesta -pero que parece aún muy lejos de materializarse- es Stargate Argentina. OpenAI y Sur Energy firmaron una carta de intención para desarrollar un centro de datos de gran escala en la Patagonia, dedicado a inteligencia artificial. El proyecto prevé 500 MW de capacidad alimentados con energía renovable y una inversión estimada de entre u$s20.000 millones y u$s25.000 millones.
OpenAI presentó el proyecto como el primer Stargate de América Latina y aseguró que Sur Energy liderará el componente energético y de infraestructura. La compañía también señaló que mantiene conversaciones con el Gobierno argentino para explorar oportunidades de adopción de IA en el país, incluso dentro del sector público.
La lectura de Esposito no niega la oportunidad, pero la condiciona. Para el experto, la Argentina tiene un punto de partida creíble: capital humano, recursos minerales, energía disponible y una sociedad con adopción digital. El problema es cómo se usan esos recursos. En su planteo, un país puede limitarse a extraer minerales y ofrecer energía barata, o puede convertir esos activos en poder de negociación dentro de la cadena global de la inteligencia artificial.
Musk, Thiel y el puente con Silicon Valley
La apuesta oficial también se refleja en los vínculos políticos con empresarios tecnológicos. Milei se reunió con Elon Musk en Nueva York en septiembre de 2024, en un encuentro en el que hablaron sobre el RIGI, la Ley Bases, la desregulación y el proceso económico argentino. Hubo luego otros encuentros.
El otro nombre clave es Peter Thiel, fundador de PayPal y Palantir. Milei lo recibió en Casa Rosada en abril de 2026 junto al canciller Pablo Quirno, en un encuentro del que también participaron Matt Danzeisen, de Thiel Capital LLC, y Matias Van Thienen, socio de Founders Fund.
La presencia de Thiel en la Argentina también coincidió con la definición del Súper RIGI. Por esos días, el magnate compró una lujosa mansión en Belgrano.
La crítica del New York Times
La discusión también tuvo un capítulo internacional. The New York Times planteó que Milei promociona a la Argentina como un “refugio sin reglas” para la inteligencia artificial, incluso mientras otros líderes intentan controlar una tecnología que genera debates por sus riesgos.
El artículo incluyó el caso de Lucía Libertaria, una influencer creada con IA que fue tomada inicialmente como real por Santiago Oría, cineasta personal y estratega de medios del Presidente. Según la reconstrucción del medio estadounidense, Oría dijo que el episodio le parecía “inofensivo” y no le veía nada malo, una postura que el diario vinculó con el enfoque más amplio de no intervención del Gobierno frente a la IA.
Esa crítica dialoga con la advertencia de Esposito desde otro ángulo. Para el experto, la IA no se resuelve con fascinación por los modelos más nuevos ni con una apertura irrestricta a las grandes tecnológicas. Su recomendación a los empresarios fue mirar la adopción real, la penetración y la expansión horizontal de la tecnología en las operaciones, los proveedores y las cadenas productivas.
El desafío de no quedar como usuario
Esposito dejó una hoja de ruta de corto plazo: definir reglas, decidir qué rol quiere ocupar el país, lanzar proyectos piloto, probar, equivocarse, reunir datos, construir redes e institucionalizar lo que funcione. También marcó un plazo político: 24 meses.
La diferencia entre oportunidad y dependencia puede estar en ese punto. La Argentina tiene energía, minerales, talento, recursos naturales y una ubicación que despierta interés de las empresas globales. Pero la advertencia de “colonia digital” apunta a que esos activos no garantizan por sí solos soberanía tecnológica, empleo calificado ni desarrollo industrial.
En el nuevo mapa de la inteligencia artificial, los centros de datos necesitan energía, agua, chips, minerales, conectividad, reglas de datos y licencia social. La pregunta que dejó Esposito es si la Argentina va a negociar desde esos recursos o si se limitará a ofrecerlos para que otros construyan, procesen y decidan afuera.



