La carne aumentó 70% en el último año y empujó a los mendocinos a elegir cerdo y pollo

Comprar carne vacuna se ha convertido en un gasto cada vez más pesado para el bolsillo de los mendocinos. Con un salario promedio cercano a $922.000, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), el precio del kilo ya supera los $20.000 y obligó a muchas familias a reducir su consumo o buscar alternativas más económicas.

Durante el último año, la carne vacuna registró incrementos del 70%, muy por encima de la inflación, lo que terminó generando un fuerte impacto tanto en los consumidores como en los comercios del sector. La suba sostenida del producto provocó una caída en las ventas que comienza a sentirse en carnicerías, frigoríficos y establecimientos dedicados a la faena.

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Caída del consumo

Desde el sector cárnico advirtieron que el cambio en los hábitos de compra ya es evidente. El presidente de la Cámara de Abastecedores de Carne de Mendoza, José Rizzo, explicó que muchos consumidores comenzaron a reemplazar la carne vacuna por otras proteínas más económicas.

“La gente lo que está haciendo es reemplazando proteínas, el cerdo y el pollo por la carne”, señaló. Según el dirigente, esta disminución en el consumo genera un efecto directo en toda la cadena de producción y comercialización. Al vender menos, los frigoríficos redujero el nivel de faena y los comercios enfrentan mayores dificultades para sostener su actividad.

A esto se sumó el incremento de los costos operativos que deben afrontar las carnicerías, como energía, alquileres, salarios e impuestos provinciales, municipales y nacionales, lo que complica aún más el panorama.

En ese contexto, Rizzo advirtió que algunos negocios se ven obligados a cerrar cuando las ventas no alcanzan para cubrir los gastos básicos.

La situación, además, impactó en la cadena de pagos y en el funcionamiento general del mercado de la carne.

El tema inflacionario

Los últimos datos oficiales también reflejan el fuerte incremento que registraron los alimentos en los últimos meses. El Indec informó que la inflación de febrero fue del 2,9% a nivel nacional, mientras que en Mendoza la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas (DEIE) midió un aumento del 2,5%.

En ambos casos, el rubro Alimentos y bebidas se ubicó entre los que más subieron, solo por detrás de vivienda y servicios básicos. A nivel nacional registró una suba del 3,3%, mientras que en Mendoza el incremento fue aún mayor y alcanzó el 3,7%.

Dentro de ese segmento, el informe del Índice de Precios al Consumidor mostró que en la región de Cuyo el apartado “Carnes y derivados” aumentó 11% entre diciembre y febrero, mientras que en la medición interanual la suba llegó al 54,5%.

Sin embargo, este indicador incluye distintos tipos de carnes, por lo que no refleja completamente el comportamiento específico de la carne vacuna, que tuvo aumentos más pronunciados.

Según explicó Rizzo, la carne vacuna acumuló un incremento del 70% entre febrero de 2025 y febrero de 2026.

De acuerdo con su análisis, el mercado podría haber alcanzado un techo en los valores actuales. La combinación de límites en el mercado interno y externo, junto con una mayor oferta, habría frenado la escalada de precios.

Por este motivo, desde el sector estiman que por el momento no se esperan nuevas subas importantes en el precio de la carne.

Récord de consuma de cerdo en el 2025

El fuerte crecimiento del consumo de carne porcina en la Argentina durante 2025 tiene una explicación concreta y directa: el precio. Así lo afirmó José Rizzo, quien aseguró que el fenómeno respondió a una clara sustitución frente al encarecimiento de la carne vacuna y que el fenómeno se repitió en la provincia.

“La carne aviar y la carne de cerdo son mucho más económicas que la vacuna”, señaló en diálogo con El Sol.

Rizzo también dejó en claro que la diferencia de valores es determinante a la hora de elegir. “Para que se tenga un parámetro, la carne aviar y porcina cuestan dos veces menos que la vacuna. Por eso la gente ha elegido consumir carnes alternativas y ‘mixear’ un poco más su nutrición”, ejemplificó.

Según el referente del sector, este comportamiento no es exclusivo de Mendoza, sino que se repite en todo el país, impulsado por la pérdida de poder adquisitivo y la necesidad de ajustar el gasto en alimentos sin resignar proteínas.

Qué pasó en el 2025

Los números oficiales respaldaron esa lectura. De acuerdo con estadísticas de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, el consumo per cápita de carne de cerdo alcanzó en 2025 los 18,9 kilos anuales por habitante, lo que representó un salto del 8,8% respecto de 2024 y el nivel más alto desde que existen registros.

Este avance fue clave para que el consumo total de proteína animal llegara a 116,5 kilos por persona al año, un 6% más que el período anterior.

El especialista de la provincia vinculó esta tendencia con la evolución dispar de los precios. Mientras la carne vacuna acumuló en 2025 aumentos del 56,8%, muy por encima de la inflación anual, el cerdo subió 29,4% y el pollo apenas 19,2%, según datos de la Cámara Argentina de la Industria de Chacinados y Carne de Cerdo (Caicha).

“Cuando la diferencia es tan grande, el consumidor no tiene demasiadas opciones: busca alternativas más accesibles”, resumió Rizzo.

El crecimiento del consumo también encontró respaldo en la producción. El sector porcino cerró 2025 con récords históricos de faena y elaboración, con más de 8,5 millones de cabezas faenadas y una producción superior a 812 mil toneladas.

Para Rizzo, estos números confirman que el cambio en la dieta “no es coyuntural, sino una tendencia que se consolida”, tanto en Mendoza como en el resto del país.

La diferencia de precios

La brecha de valores entre las distintas carnes explica gran parte de este fenómeno. Actualmente, un kilo de carne vacuna blanda se ubica entre $18.000 y $20.000, mientras que el mismo corte de cerdo ronda los $8.000.

Algo similar ocurre con otros productos: la costeleta de cerdo se vende entre $8.000 y $9.000 por kilo, frente a los casi $17.000 que cuesta la versión vacuna.

El pollo aparece como la alternativa más económica. El cuarto trasero congelado se consigue alrededor de $4.500 por kilo y cerca de $6.000 en su versión fresca. La suprema, en tanto, oscila entre $8.000 y $13.000 por kilo.

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