
Sin embargo, el resultado deportivo pasó a un segundo plano cuando, a escasos segundos del final, una chispa desató una de las batallas campales más violentas de los últimos años en el fútbol sudamericano.
El conflicto se originó tras una jugada dividida en la que el jugador de Cruzeiro, Christian, llegó tarde a un balón y terminó golpeando al arquero del Galo, Everson, quien ya tenía la pelota en sus manos. La reacción del portero fue inmediata y agresiva, lo que provocó que futbolistas de ambos bandos, suplentes y miembros del cuerpo técnico invadieran el campo de juego.




