
La situación tomó otro tono cuando los colectivos que recorrían la zona comenzaron a ser blanco de los ataques acuáticos. Cada unidad que avanzaba por las calles del barrio era recibida con una lluvia de agua que estallaba contra los vidrios y la carrocería.
Entre la tradición y el riesgo
El lanzamiento de bombitas y baldazos a los colectivos provocó que los conductores debieran disminuir la velocidad al atravesar el tramo más activo del festejo.



