Impresionante carta de una alumna de último año: “No puedo explicar la desmotivación que me genera vivir en este país”

Esta semana se viralizó la carta abierta de Agustina, una alumna cordobesa de último año que plantea en una conmovedora misiva, cómo la educación y clases presenciales, de las que muchas veces, y como todo chico, pretendió zafar, la dejó desvinculada totalmente.

Los párrafos son imperdibles, y a continuación rescatamos algunos. Al pie, la carta completa.

Algunos dicen que el último año es el mejor momento de la adolescencia, y otros no coinciden. Yo no sé porque no lo experimenté. Padecí mucho. De un día para el otro me encontré en una frontera totalmente sola, necesité recuperar un vínculo presencial con la escuela y desde marzo la sentí inalcanzable. Ir a la escuela, de la que me quejé reiteradas veces, a la que rogaba faltar las mañanas que llovía.

Intenté buscar caminos que me incentiven. Empecé a estudiar para el ingreso a la facultad, y me mantuvo entretenida por un tiempo.

Me autopercibo una piba soñadora, con proyectos que algunos dirán que son imposibles, pero me siento capaz de mucho. No puedo explicar la desmotivación que me genera vivir en este país. Un país donde siento que todo está mal. Me frustra de una manera difícil de explicar, donde el mérito no cuenta y el nivel educativo no garantiza nada. La mejor vía de ascenso social no se consigue por medio del estudio. Los mensajes y las medidas que bajan desde el poder desalientan cualquier esfuerzo e ilusiona al conformismo.

Me hicieron dudar de los valores básicos. Tenemos de herencia el modelo de u país que se forjó a sí mismo a través de valores morales, como el esfuerzo y el mérito, hoy tan estigmatizados. El que recibió a nuestros bisabuelos sin nada, con una parcela de tierra y elementos que los llevaron a progresar y hacer que sus hijos vivieran mejor que ellos. No me sometan a resignarme a otra cosa. No me obliguen a soñar con menos.

Confirmé que si antes el sistema educativo no me gustaba, ahora me gusta menos. Nueve meses en los que se pensaron protocolos para bares, casinos, shoppings, pero jamás para la escuela. Nueve meses no alcanzaron para pensar un protocolo para la vuelta a clases. Nueve meses en los que la educación estuvo en segundo, tercer y cuarto plano. Nueve meses en los que la educación jamás fue prioridad.

 

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