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habló la mujer acusada de asesinar a su pareja en Año Nuevo

“Yo me defendí ese día, porque él me dio un cachetón, vi que vio el cuchillo, era él o era yo”. Con esas palabras, Tamara Estefanía Vila intentó explicar por qué apuñaló a su pareja, Carlos Antonio Ramírez Cortes, durante la madrugada del 1 de enero de este año, en una casa del barrio Las Viñas, en El Algarrobal, Las Heras. La mujer, de 37 años, está imputada por homicidio agravado por el vínculo, un delito que prevé prisión perpetua, y el caso se convirtió en el primer crimen del año en nuestra provincia.

Casi diez meses después del asesinato, Vila rompió el silencio en el expediente luego de la imputación. El pasado miércoles, en la Unidad Fiscal de Homicidios -la fiscal del caso es Claudia Alejandra Ríos y, acompañada por su defensora, la abogada Ángeles Mandarino, declaró y dio una versión atravesada por graves acusaciones contra el hombre de 70 años al que mató de una puñalada en el pecho.

Según su relato, durante los tres años de convivencia sufrió agresiones físicas, abusos sexuales, amenazas y un control permanente sobre sus movimientos y su dinero. Afirmó que Ramírez Cortes la obligaba a consumir cocaína y alcohol, que no le permitía alejarse de él y que la mantenía bajo amenazas. También sostuvo que, mientras estaba detenida, se enteró de que su pareja habría abusado sexualmente de su hija.

“No era mi intención matarlo, nunca, no era mi intención, no quería”, insistió en su declaración. La mujer dijo que actuó después de una nueva discusión y cuando, según su versión, vio que Ramírez Cortes miraba el cuchillo que estaba sobre la mesa.

Su declaración introdujo en la causa una descripción detallada de la violencia que, señaló, padeció antes del homicidio. Parte de ese contexto ya había aparecido en el expediente a través del testimonio de su hija, quien también describió agresiones y amenazas.

Sin embargo, las circunstancias exactas en las que ocurrió el ataque y la responsabilidad penal de Vila deberán ser evaluadas más adelante, seguramente cuando llegue a juicio por jurado.

Durante tres años, las discusiones fueron parte de la rutina en una casa del barrio Las Viñas, en El Algarrobal, Las Heras. Los vecinos escuchaban gritos, insultos y peleas que, según declararon después ante el Ministerio Público, casi siempre estaban atravesadas…


La discusión, los celos y la puñalada mortal

Vila reconstruyó la última noche de Ramírez Cortes a partir de una cena de Año Nuevo que, contó, comenzó sin conflictos. El hombre preparaba un pollo al fuego, compartieron la comida y brindaron. Después, ella se puso a bailar con su yerno, a quien identificó por su nombre de pila, Ignacio. Ese momento habría desencadenado una nueva escena de celos.

“Cuando terminamos de brindar, yo me pongo a bailar con mi yerno Nacho, y él, Carlos Ramírez, empezó a celarme con Nacho y cuando empieza a celarme me tira un vaso”, declaró.

La mujer dijo que llevó a su yerno a una habitación para evitar que se involucrara en la discusión. Pero, según su relato, Ramírez Cortes volvió a llamarla y comenzó a insultarla. “Me empieza a decir muchas palabras feas, me empieza a decir que soy una loca, que me entrego con todos, que soy una puta, que me fuera con el que estaba bailando”, recordó.

La acusada aseguró que intentó frenar la pelea y le advirtió que se iría si continuaba la discusión. La respuesta que atribuyó al hombre fue tajante: “Vos no te vas a ningún lado”.

La secuencia que describió ante la fiscalía coincide parcialmente con la hipótesis central de la acusación: ambos discutieron y el enfrentamiento terminó con una puñalada mortal. Sin embargo, la imputada sostuvo que antes de tomar el cuchillo recibió una agresión física y advirtió que su pareja había reparado en el arma que estaba sobre la mesa. “Él estaba en la punta de la mesa y yo en un costado, él mira el cuchillo y cuando veo eso lo agarro yo primero y le pego con el cuchillo porque él me da un cachetón al principio”, declaró.

Para la fiscalía, el hecho ocurrió a las 4.30 del 1 de enero en la casa 17 de la manzana del complejo del barrio Las Viñas. De acuerdo con la imputación, Vila tomó un cuchillo Tramontina tipo carnicero, con mango de madera, y le asestó una puñalada en el sector superior izquierdo del tórax, a la altura del corazón. La lesión le provocó la muerte en el lugar.

La investigación reunió testimonios de vecinos que describieron una convivencia marcada por discusiones, celos y consumo de alcohol y otras sustancias. Ninguno afirmó haber visto ingresar a una tercera persona a la casa durante aquella madrugada.

Una de las vecinas contó que la pareja solía discutir después de beber. “Se ponían a tomar entre los dos, le pintaban los celos y se golpeaban mutuamente”, declaró. También recordó que, cuando llegaban a consumir alcohol, comenzaban los insultos y las agresiones. Otra mujer relató que escuchó una discusión durante la madrugada y, de repente, un grito de dolor del hombre: “No, hija de puta… ay”.

Instantes después, Vila salió de la casa para pedir ayuda. Según los testimonios incorporados al expediente, la mujer tenía sangre en una de sus manos y gritaba que Ramírez Cortes estaba sangrando mucho.

La imputada también declaró que salió corriendo para pedir auxilio y negó haberlo dejado solo después de apuñalarlo. “Yo salgo corriendo a pedir auxilio para que lo vengan a ver a él”, afirmó. Dijo que permaneció en la casa hasta que llegaron los primeros policías y que luego fue trasladada a una comisaría.

“Me abusaba sexualmente todos los días”

El tramo más duro de la declaración llegó cuando la mujer explicó qué ocurría, según ella, puertas adentro de la vivienda. Afirmó que los abusos sexuales eran reiterados y que Ramírez Cortes utilizaba la fuerza para someterla a prácticas que no quería.

“Él abusaba sexualmente de mí, usaba cosas que yo no quería, yo le pegaba patadas, me abusaba mucho, todos los días”, relató.

Ante una pregunta de la fiscal sobre las torturas que había mencionado, respondió que el hombre la golpeaba, la sometía y le impedía salir sin su compañía. “Me pegaba mucho, me abusaba sexualmente, me mandoneaba mucho. Y no me dejaba ir a ningún lado, siempre con él, siempre me tenía encerrada”, declaró.

Vila sostuvo que el control también alcanzaba sus vínculos familiares. Dijo que tenía contacto con un hijo que se estaba alojando en un hogar, pero que Ramírez Cortes primero le permitió mantener esa vinculación y después comenzó a impedirle que lo visitara. También detalló que no le permitió acompañar a su padre cuando estaba gravemente enfermo.

“A donde yo iba a comprar, a cualquier lado, tenía que ir con él”, contó. Según su versión, la vigilancia y las restricciones se extendían a los espacios públicos: recordó que el hombre también la celaba cuando salían al centro y que, en una oportunidad, ambos fueron retirados de un lugar por una discusión.

La mujer declaró que las agresiones no se limitaban a los insultos o al control de sus movimientos. Le dijo a las partes que tenía una discapacidad en la columna y que su pareja la golpeaba sin importarle quién estuviera presente: “Siempre me pegaba él, no le importaba quién esté, me pegaba en cualquier lado, en el centro, en la calle, en cualquier lado”.

También aseguró que Ramírez Cortes gastaba el dinero que ella obtenía en alcohol y drogas, y que utilizaba sus tarjetas de crédito. “Se gastaba la plata, mi plata, en chupi y en drogas, nunca vi mi plata, se la gastaba él”, declaró.

Las cicatrices y las amenazas

Para explicar por qué nunca había formalizado una denuncia por violencia de género, Vila habló de las amenazas que, sostuvo, recibía de manera permanente. Dijo que el hombre le advertía que mataría a su hija o a ella si recurría a la Policía. Esa intimidación era el motivo por el que guardaba silencio sobre lo que sucedía en la casa.

“Me tenía amenazada que si ponía la denuncia iba a matar a mi hija o a mi”, declaró.

En otro tramo de su testimonio, describió dos episodios en los que, según su versión, sufrió lesiones que todavía conserva. Uno ocurrió el año pasado, cuando Ramírez Cortes le habría partido una botella en la cabeza. El otro fue un corte en una mano que, expuso, le provocó el hombre con un cuchillo. “En la mano izquierda me quedó una cicatriz y acá en el costado, la cicatriz donde me dio el botellazo”, explicó mientras señalaba las marcas.

Sobre el episodio de la cabeza, relató que ambos habían pasado la noche consumiendo alcohol y que, en un momento, el hombre se volvió violento. “Nos amanecimos tomando y se volvió loco y me partió la botella en la cabeza”, sostuvo.

La declaración de Vila encontró un punto de contacto con el testimonio previo de su hija. La joven también había contado en la causa que Ramírez Cortes golpeó a su madre en la cabeza con una botella y le provocó una lesión que dejó una cicatriz. Además, recordó que en otra ocasión le cortó una mano con el mismo cuchillo que luego fue secuestrado tras el homicidio.

Según ese testimonio, los policías que llegaron a intervenir después de uno de los episodios y acompañaron a la mujer a un hospital, donde intentaron que denunciara lo ocurrido. Sin embargo, Vila nunca formalizó una presentación, de acuerdo con lo declarado por su hija. La mujer dijo que, en otra oportunidad, intentó escapar de la vivienda, pero que Ramírez Cortes salió detrás de ella.

En la investigación, los vecinos también habían mencionado episodios de violencia en la pareja. Una de las testigos sostuvo que ambos se golpeaban y discutían con frecuencia, aunque esos relatos no establecen por sí solos cómo se produjo la agresión fatal del 1 de enero.

La escena del crimen en el barrio Las Viñas de Las Heras.

El supuesto abuso sexual de su hija

Vila incorporó durante su declaración otra acusación contra Ramírez Cortes: afirmó que, mientras estaba detenida, se enteró de que el hombre habría abusado de una hija. “Hasta que después me entero de que abusaba de mi hija, yo no quería matarlo, pero ya estaba cansada”, expresó.

La imputada dijo que tomó conocimiento de esos presuntos abusos a través de sus abogados y que su hija no le habría contado antes lo que sucedía porque también temía al hombre. “Me he enterado acá adentro del penal, ella se ve que no me contaba porque él parece que la tenía amenazada, como me tenía amenazada a mí”, declaró ante la fiscalía.

Según su versión, Ramírez Cortes habría manoseado a la joven. Vila agregó que su hija le enviaba mensajes sobre lo sucedido, pero que no llegó a recibirlos cuando todavía convivían. “Yo me entero por los otros abogados que tenía de pobres y ausentes”, explicó.

La acusación no apareció por primera vez en la declaración de la imputada. En su testimonio previo, la hija había afirmado que Ramírez Cortes intentó abusar de ella durante el período en que convivían en la misma casa. También contó que se lo comunicó a su madre y que esa situación provocó una fuerte discusión entre la pareja.

La joven dijo que su mamá no denunció lo ocurrido porque temía que el hombre cumpliera las amenazas de matarlas.

La acusación

Vila está imputada por homicidio agravado por el vínculo, una calificación que contempla la prisión perpetua. En marzo, la jueza María José Cerdera dictó su prisión preventiva al considerar que, en esa etapa de la investigación, estaban reunidos los elementos necesarios para mantener la medida cautelar mientras avanzaba la instrucción.

La causa continúa en esa etapa y todavía deben incorporarse y evaluarse pruebas antes de que la fiscalía resuelva si requiere la elevación a juicio por jurados.

En ese eventual debate, además de determinar la responsabilidad de Vila en la muerte de Ramírez Cortes, se analizará el contexto de violencia que la defensa pretende acreditar y la incidencia que pueda tener en la evaluación jurídica de lo ocurrido.

En su última respuesta antes de que terminara la audiencia, la mujer volvió sobre la explicación que repitió durante toda la declaración: “Pero no era mi intención matarlo”.

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