En defensa del memorándum con Irán (cuando Nisman era K)

Para discutir hay que saber. Y entender.

A seis años de la muerte de Alberto Nisman, mientras todos insisten en denostar al memorándum con Irán, haré una defensa encendida del mismo.

Primero debo decir que es obvio que nadie lo leyó, o al menos la mayoría de los que opinan al respecto. ¿En qué parte del mismo se asegura impunidad hacia los iraníes sospechados de volar la AMIA? ¿Qué tramo obliga a pensar que existe traición a la patria?

Antes de continuar debe mencionarse que el expediente que investiga lo ocurrido en la mutual judía jamás avanzó un ápice, desde el 18 de julio de 1994, cuando se dieron los bombazos de marras.

En ese contexto, se pensó en la solución “Lockerbie”, es decir, la posibilidad de que un tercer país —ni Argentina ni Irán— hiciera una investigación independiente sobre la base de los elementos que hay en la causa judicial. ¿Qué es lo cuestionable siendo que, como se dijo, la investigación está paralizada y promete seguir así?

El propio Alberto Nisman estuvo de acuerdo en avanzar en ese sentido en el año 2010, aunque muchos hoy insistan en sostener lo contrario. Quien albergue alguna duda, solo debe buscar diario Ámbito Financiero del 24 de septiembre de 2010, donde se hace referencia a los trámites que inició entonces el fiscal especial del caso AMIA.

La última intentona la tuvo Nisman, a cargo de la intrincada pesquisa local por el ataque terrorista. En marzo pasado solicitó soporte al FBI y a Interpol para acarrear a los iraníes a una sala de enjuiciamiento en territorio neutral o en un tribunal internacional bajo jurisdicción de la Naciones Unidas. La ‘amistad comercial’ entre Irán y Brasil y entre Lula da Silva y los Kirchner ubican al Superior Tribunal de Justiça brasileño al tope de las apuestas. Pero la oferta se marchitó ante la inquebrantable posición del gobierno de Mahmud Ahmadineyad”. Más claro, echarle agua.

 

Tercer país

El 21 de diciembre del año 1988 ocurrió un hecho trágico, que conmocionó a todo el mundo: el vuelo 103 de la firma Pan Am explotó en el aire cuando se encontraba sobre la localidad escocesa de Lockerbie. Ello causó la muerte de 270 personas, entre ellas 189 ciudadanos estadounidenses.

Diez años más tarde, ante la parálisis de la investigación, se decidió buscar un tercer país, independiente, a efectos de llegar a la verdad. Holanda fue el elegido.

Entonces, la decisión fue anunciada conjuntamente en Londres y Washington por la secretaria de Estado, Madeleine Albright, y el secretario del Foreign Office, Robin Cook. De esa manera, se logró condenar a los acusados y llegar a la incómoda verdad, que rozaba al gobierno de Muammar Khadafi.

¿Por qué no puede hacerse lo mismo en este caso, para tratar de aclarar el atentado más cruel de la historia argentina? De hecho, si se avanzara de manera independiente, se podría esclarecer también lo ocurrido en la embajada de Israel el 17 de marzo de 1992 y la muerte del hijo de Carlos Menem el 15 de marzo de 1995.

La verdad está ahí, esperando ser encontrada. Hay documentos, testimonios y otros indicios que permitirían hacerlo.

Sin embargo, puntuales grupos de poder se niegan a avanzar, tanto en la idea del tercer país como en tomar declaración a los acusados en Irán, principalmente lobistas de Estados Unidos e Israel.

¿Qué ocurriría si se comprobara que Irán no tuvo nada que ver con los atentados en Buenos Aires, como ya se demostró en el expediente que se sustancia en Comodoro Py? ¿Cómo tomaría la sociedad la idea de que todo lo que se dijo hasta ahora es completamente falso?

En el marco de la resolución de Claudio Bonadio, que busca meter en prisión a Cristina Kirchner, amerita más que nunca llegar a la verdad.

Insisto, no se trata de un tema periodístico, sino de la verdad que se encuentra en el expediente judicial, donde ya se han refutado tres tópicos:

1-Jamás hubo un coche bomba —menos aún un conductor suicida, como pretende Daniel Santoro en diario Clarín—, sino que los explosivos se pusieron en un volquete ubicado en la puerta de la AMIA. Hay 200 testigos, y solo uno de ellos refirió haber visto la Trafic. Se trata de Nicolasa Romero, quien se desdijo en el juicio oral y admitió que fue presionada por la Policía, para la cual trabajaba.

2-No se trató de un desprendimiento de la pelea que libran árabes y judíos en Medio Oriente. No hay antecedentes de que ello ocurra —su guerra se libra allá lejos— y en este caso tampoco sucedió. Lo que hubo es un “vuelto” hacia Carlos Menem.

3-No hay una sola prueba contra iraní alguno. El expediente apunta a Siria, país sobre el cual abundan las pruebas. Ello por una venganza contra Menem por promesas incumplidas en el contexto de la campaña que lo llevó a la presidencia en 1989.

Aparte de las pruebas que aparecen a nivel judicial, he recopilado mi propia evidencia, parte de la cual me la aportaron tres fuentes de información independientes del menemismo: Domingo Cavallo, exministro de Economía; Oscar Spinosa Melo, exembajador en Chile; y Mario Rotundo, jefe de campaña de Menem en 1988/89. Los tres confirmaron los detalles del viaje del exmandatario a Siria y las promesas realizadas.

Todo lo demás que pueda decirse, es interesado. De hecho, junto al periodista Fernando Paolella —con quien escribimos un libro sobre AMIA en 2007— entrevistamos al propio Nisman y él mismo nos admitió que no tenía prueba concreta contra iraní alguno. Argumentó que confiaba en lo que le decían la CIA y el Mossad, que juraban tener evidencia de sobra.

¿Cómo es posible entonces que se sigan sosteniendo las fábulas que aún se manifiestan, algunas de las cuales persisten en aparecer en los principales diarios argentinos?

La única verdad, como decía Perón, es la realidad. Y quien tenga incertidumbre al respecto, solo debe consultar la causa judicial. Allí está todo, no falta nada.

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