El titular de la Coviar negó una “crisis vitivinícola”, pero admitió un panorama “complejo”

El titular de la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar), Mario González, admitió que el sector atraviesa un momento “difícil y complejo”, marcado por la caída del consumo y la acumulación de stock, aunque evitó definir la situación como una crisis estructural.

 

En diálogo con Opinión de LVDiez, sostuvo que el contexto responde tanto a factores externos como a cambios en los hábitos de consumo y en la situación económica del país. “Por supuesto que hay problemas, pero también hay un montón de posibilidades”, afirmó, y remarcó que la industria debe apoyarse en el posicionamiento internacional logrado en las últimas décadas.

Respecto del proceso de desregulación económica, González señaló que años atrás la vitivinicultura enfrentaba trabas para importar insumos enológicos y para operar con fluidez en el comercio exterior. Consideró que la apertura de ciertos mecanismos administrativos abre oportunidades, en especial en lo vinculado a la desburocratización.

Sin embargo, advirtió que no todos los cambios deben evaluarse bajo una lógica de “todo o nada” y planteó reparos frente a medidas que puedan afectar estándares de control y reputación internacional.

En ese marco, defendió la continuidad del Certificado de Ingreso de Uva (CIU), cuya eliminación había generado fricciones con el Gobierno nacional. Explicó que se trata de un instrumento ligado a la trazabilidad y a la calidad del producto, sin impacto significativo en costos o tiempos administrativos. Confirmó que la obligatoriedad del sistema fue restituida para la actual Vendimia y que la mayoría de las instituciones del sector respaldaron esa decisión.

En materia impositiva, el dirigente sostuvo que la carga tributaria representa una de las principales desventajas competitivas, especialmente frente a países vecinos como Chile. Señaló que, más allá de la discusión sobre impuestos internos, el problema central es el peso global de los tributos sobre la cadena productiva, tanto en el mercado interno como en la exportación.

En paralelo, remarcó la necesidad de financiamiento de largo plazo para encarar inversiones tecnológicas en el sector primario e industrial. “Argentina hace 40 años que no tiene líneas de crédito acorde al sector productivo”, afirmó, y subrayó que la reconversión vitícola requiere plazos de entre cuatro y cinco años para estabilizarse.

De cara a la Vendimia, González definió el escenario como un “momento bisagra”, atravesado por desafíos estructurales y por un consumidor que redefine la demanda. Mencionó la creciente preferencia por vinos de menor graduación alcohólica y opciones más ligeras, incluso combinaciones, y sostuvo que la industria debe adaptarse sin abandonar los estándares de calidad. “El consumidor siempre va a tener la razón y a donde nos marque el consumidor que hay que ir, la industria tiene que rápidamente ir hacia ahí”, concluyó.

 

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