El factor Pichetto: pragmatismo, reglas y la sombra de Cristina Kirchner

Nicolás Sanz

El armado político que Miguel Ángel Pichetto despliega con la mirada puesta en 2027 representa, quizá, la maniobra más sofisticada y pragmática que se haya visto en Argentina en muchos años

Lo que busca el histórico legislador peronista es llevar adelante la construcción de un nuevo sistema de gobernabilidad que intenta encontrar un lugar entre el estatismo del pasado y el liberalismo actual, sacando lo que considera productivo de ambos modelos.

La estrategia nace de la reactivación de un concepto harto conocido por los actores políticos del país, el Frente Nacional, una estructura de base peronista pero con una arquitectura que atraviese diversos frentes en un modelo de coalición más amplio como el que le permitió el regreso a la presidencia de Brasil al actual mandatario Lula da Silva.

La movida, ambiciosa por cierto, parte de la idea del peronista que sostiene que para enfrentar la disrupción como la que encabeza el presidente Javier Milei, la oposición no debe estar dividida por los purismos ideológicos, sino que debe converger en un programa de capitalismo productivo.



Parte de este movimiento se encuentra en una reconciliación, acaso inesperada, entre Pichetto y la ex presidenta Cristina Kirchner, una movida que puede en última instancia ser contraproducente teniendo en cuenta la pérdida de apoyo de base que enfrenta la hoy condenada por la Causa Vialidad.

Sin embargo, no deja de ser el reconocimiento de que ambos se necesitan. Por un lado está Pichetto con una alta capacidad de interlocución con sectores de la derecha nacional, el círculo rojo y el denominado peronismo republicano.

Mientras, a pesar de la pérdida de apoyo, Cristina Kirchner retiene un volumen electoral que, para el diputado nacional, es necesario para cualquier proyecto que busque oponerse al Gobierno de Milei en las elecciones del 2027.

Uno de los mayores desafíos de este pragmatismo es la capacidad que ambos dirigentes tengan para digerir sus propias contradicciones, siendo Pichetto un hombre que propone un peronismo que reniegue del pobrismo abrazando la inversión privada que choca de frente con la identidad de las bases más radicalizadas del kirchnerismo.

En otras palabras, el éxito de la alianza dependerá de ver si logran transformar esa convivencia y esos ideales opuestos en un programa de gobierno coherente que no espante al electorado moderado, que en gran parte, rechaza la figura de la ex mandataria.

Sin embargo, Pichetto no se queda con esa única carta y opera en un segundo plano, articulando con otras figuras de la talla de Emilio Monzó para tratar de construir una alternativa de poder en la Provincia de Buenos Aires.

Esta idea básicamente retrata la necesidad de atraer al nuevo esquema tanto a intendentes como legisladores que no conciben en la polarización actual ni en la radicalización de los espacios políticos una forma viable de Gobierno.

Es desde allí de hecho que se construye el relato de miedo de cara a gobernadores, incluso algunos dialoguistas con la Casa Rosada, a quienes les advierte que el Gobierno de Milei es puramente centralista e intentará avanzar en otros distritos, como Córdoba o Santa Fe.

Es una advertencia con la que Pichetto busca avispar a puntuales mandatarios provinciales, sobre todo aquellos pertenecientes al espacio Provincias Unidas, que no quieren volver al pasado pero se sienten desencantados con el desfinanciamiento que denuncian de parte de la Casa Rosada.

El análisis del armado pichettista, además, no puede obviar la dimensión en lo que se refiere a un peronismo capitalista, que busca arrebatarle a Milei el monopolio de las ideas promercado, aunque con una matriz fundamental dentro del rol del Estado como garante de de la industria y la soberanía.

Lo que propone con este amplio armado es una suerte de capitalismo con reglas con el que busca seducir al sector privado que apoya el ajuste fiscal pero que observa otras medidas del Gobierno, como la apertura del mercado, con puntuales críticas.

Es decir, el diputado nacional lo que está intentando hacer es mostrarse como aquel garante de la política profesional para aquellos desencantados con el experimento de los outsiders. 

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