
La sensación se repite en la calle, en los comercios y en cualquier charla cotidiana: la plata no alcanza. Aunque algunos indicadores macroeconómicos muestran señales de orden, en la vida diaria el ajuste sigue siendo una constante y obliga a las familias a reorganizarse como pueden.
Los números ayudan a dimensionar ese escenario. Más de la mitad de los hogares no llega al día 20 de cada mes y el 56,4% tomó deuda en los últimos seis meses, de acuerdo con el último Monitor de Opinión Pública (MOP) de la consultora Zentrix. En la mayoría de los casos, no se trata de decisiones planificadas, sino de una respuesta directa a la falta de ingresos para cubrir lo básico.
De herramienta a salvavidas
El endeudamiento, en este contexto, dejó de ser algo excepcional. Hoy se usa para pagar comida, servicios, alquileres o saldos de tarjetas. Es decir, para sostener el día a día.
El dato más preocupante aparece después: casi 9 de cada 10 familias ya tienen dificultades para devolver ese dinero, según el mismo relevamiento de Zentrix. Así, se arma un circuito que se repite: el ingreso pierde contra la inflación, se recorta el gasto todo lo posible, aparece la deuda para cubrir el faltante y, con el tiempo, esa misma deuda se vuelve un problema más.

Esa lógica ya no es marginal. Se volvió parte de la rutina de una gran parte de la población. De hecho, más del 80% de los encuestados aseguró que su salario no logra seguirle el ritmo a los precios, siempre según el MOP.

Cambio de hábitos para llegar
En paralelo, también cambió la forma de consumir. Si antes había hábitos más estables, hoy predomina una lógica mucho más flexible y estratégica. Un informe de la consultora Moiguer lo definió como una “triple infidelidad”, que refleja cómo los argentinos dejaron de ser fieles a los lugares de compra, a las marcas y hasta al origen de los productos.
En la práctica, esto se traduce en algo simple: recorrer más, comparar todo y aprovechar cada promoción. Ya no hay un único lugar para hacer las compras. Un mismo consumidor puede pasar por supermercados, mayoristas y aplicaciones en un mismo día si eso le permite ahorrar algunos pesos.
Las marcas también perdieron terreno. La elección ya no pasa tanto por la costumbre, sino por el precio. El 86% de los consumidores incorporó alternativas más económicas en el último año y el 83% aseguró que ya no es fiel a una marca, según el informe de Moiguer.
Algo similar ocurre con el origen de los productos. En un contexto donde cada peso cuenta, el 43% afirmó que prioriza el precio por sobre si el producto es nacional o importado, de acuerdo con el mismo estudio.
Ajuste, pero con límites
Sin embargo, el ajuste no es total. A pesar del recorte en gastos del hogar —que alcanza a más del 60% de las familias, según Moiguer— hay consumos que se intentan sostener.
Pequeños gustos, salidas o escapadas siguen presentes, aunque sea de forma más esporádica o con promociones de por medio. El consumo no desaparece, se transforma. Se vuelve más selectivo, más pensado y, sobre todo, más condicionado por el bolsillo.

La brecha entre los números y la realidad
Otro punto que aparece con fuerza es la percepción sobre la economía. Para una parte importante de la población, los datos oficiales no reflejan lo que pasa en la vida diaria.
El 65,8% consideró que la inflación informada por el Indec no coincide con su experiencia cotidiana, según el relevamiento de Zentrix. La comparación es directa: lo que dicen los números frente a lo que queda en el bolsillo.
Esa distancia impacta también en el clima general. Crece la sensación de fragilidad económica y cada vez más personas se perciben en una situación peor que meses atrás. La prioridad, en ese contexto, deja de ser mejorar y pasa a ser sostener.
En definitiva, el ajuste ya no es solo una cuestión macroeconómica. Se metió de lleno en la vida cotidiana y redefinió la forma en que las familias administran su dinero: menos margen, más cálculo y una dependencia creciente del crédito para llegar a fin de mes.
Con información de Infoabe, TN y Noticias Argentinas.



