
El escenario político mendocino se ha visto sacudido por un súbito interés del gobernador Alfredo Cornejo en la autonomía municipal, un concepto que -según los especialistas- la provincia ignora sistemáticamente desde la reforma constitucional nacional de 1994. Resulta llamativo que, tras años de administraciones radicales y justicialistas que prefirieron mirar para otro lado, el mandatario provincial decida ahora apurar una reforma que busca, fundamentalmente, poner límites a lo que considera una amenaza a su esquema de poder centralizado.
Esta repentina vocación reformista no es producto de una convicción democrática profunda -ya lo sabemos-, sino una reacción directa a la iniciativa del intendente de San Rafael, Omar Félix, quien decidió avanzar con la reforma de la Carta Orgánica de su departamento tras obtener el aval ciudadano en las urnas.
La jugada de Cornejo, que incluye una enmienda de un solo artículo de la Constitución Provincial y planteos judiciales por “conflicto de poderes”, deja al descubierto un doble estándar: defiende la autonomía en los discursos pero se apresura a condicionarla en los papeles para evitar que los municipios escapen a su control.
Lo cierto es que estas contradicciones son el resultado de un oficialismo que esta vez corre detrás de los hechos, temeroso de perder la iniciativa política frente al peronismo del sur. Al mismo tiempo, la prensa porteña, concretamente el histórico diario La Nación, ha puesto la lupa sobre esta maniobra, exponiendo que Mendoza lleva más de 30 años de incumplimiento constitucional y que el gobernador intenta ahora “pasar por la puerta” de la Constitución Provincial solo para imponer restricciones, especialmente en materia tributaria y financiera.
La resistencia a este movimiento no se ha hecho esperar, y desde el justicialismo, liderado por el diputado nacional Emir Félix (hermano del alcalde sanrafaelino), se denuncia que el gobernador calificaba la autonomía como “una locura” hasta hace muy poco.
La estrategia de Cornejo de acudir a una Suprema Corte provincial que la oposición señala como afín a sus intereses, mientras los jefes comunales amenazan con llevar el reclamo a la Corte Suprema de la Nación, prefigura un conflicto institucional de proporciones que deja a la provincia en una posición de fragilidad jurídica frente al resto del país.
Cornejo, ante una obligación
En este contexto de tensiones y acusaciones de oportunismo, la mirada académica aporta la cuota de realidad que la política intenta matizar. Al respecto, la prestigiosa jueza Gabriela Abalos expresó textualmente a La Nación: “El principio general es la competencia de la provincia, es obligación provincial asegurar la autonomía municipal y reglarla en su texto constitucional. Ahora bien, frente a los 32 años de omisión por parte de la provincia de Mendoza en cumplir con dicha manda, ello ha dado pie a que tanto Malargüe como San Rafael intentaran avanzar. La mora de la provincia en cumplir con el texto constitucional de 1994 es la causa de la situación actual”.
El diario La Nación ya había sido particularmente duro con Cornejo, cuando el radical mendocino ocupaba una banca en el Congreso de la Nación, en tiempos de la presidencia de Alberto Fernández, y el entonces senador nacional se mostró bravucón, con una amenaza: si el Estado nacional seguía relegando a la provincia de Mendoza tenía los recursos para plantear una suerte de autonomía o “independencia”. Una suerte de “Medoexit” discursiva.

En esa oportunidad, el prestigioso periodista Claudio Escribano -una de las plumas más sólidas y respetadas del diario fundado por Bartolomé Mitre– le dedicó un extenso artículo y hasta le insinuó que una decisión de esa naturaleza lo acercaba a la figura de “sedición”. Pocos se acordarán de este episodio. Y es lógico, con tantos problemas que tenemos los argentinos y los mendocinos, hasta parece otra anécdota de la dirigencia que supimos conseguir.
Y además, para los ciudadanos de a pie, la mala memoria (aun impostada) a veces es un sano ejercicio para sobrevivir a las contradicciones de los políticos y los gobernantes.




