La frase suena brutal por donde se la mire y encierra toda una metáfora de la Argentina actual. “La idea de que la gente no llega a fin de mes es una pelotudez“, afirmó sin medias tintas el presidente Javier Milei este lunes en AOG Patagonia 2026, un encuentro frente a petroleros en Neuquén.
Lejos de dejar ahí la polémica, que buscó alimentar contra periodistas, medios y analistas económicos que mencionan la cantidad de gente que tiene problemas para llegar a fin de mes con sus ingresos, fiel a su estilo aceleró en la curva y se preguntó: “Si se quedan sin plata verdaderamente el 20, ¿cómo viven 10 días sin comer ni beber?“
Ahí vino la estocada final, repetida este martes en un posteo en la red social X. “¿Ustedes se dan cuenta de que la frase suena linda, pero es una pelotudez del tamaño de una casa? Reflexionemos. No nos dejemos psicopatear por los hijos de puta que hicieron mierda al país“, dijo en un tono que generó reacciones adversas en la ciudadanía, en momentos de alta sensibilidad en muchas familias.
Claramente, cada funcionario tiene todo el derecho de defender su gestión con los argumentos que crea válidos, pero hay algunas afirmaciones del Presidente que, cuanto menos, resultan curiosas, sin mencionar la cantidad de improperios o insultos por frase que hay en boca del presidente.
Fingir demencia
La primera señal confusa que dejó Milei es cómo un presidente que desde hace años hace gala de elevada creatividad y sentido del humor al jugar con los nombres de todos aquellos que, por distintas cuestiones, cayeron bajo el escrutinio del mandatario, toma ahora de manera literal una obvia metáfora sobre la baja de ingresos o la pérdida del poder adquisitivo.
Lo que no puede desconocer Milei, que es economista, es que el uso de esa metáfora (“no llegan a fin de mes”), explica que siempre hay una manera de llegar, aunque esto siempre tiene costos, a veces muy altos.
Es decir, la gente llega a comer y beber todos los días del mes pero, para poder hacerlo, cada familia empieza a cortar gastos no imprescindibles a partir del día 10 o 15 del mes, cuando ya se pagaron el grueso de los impuestos y servicios (luz, gas, ABL, Inmobiliario, patente del auto si tiene, prepaga, colegio de los chicos, cuotas del club, celulares, tarjetas de crédito, etc).
Allí, al menos en la clase media, empieza una pelea día a día, para ver qué gastos cortar o postergar, justamente para privilegiar los gastos imperativos y “no negociables” como transporte para ir a trabajar, al colegio o la facultad; compras de supermercados; y nafta para el auto, aunque incluso el uso del auto se está moderando para reducir gastos.
Todo el resto, salidas a comer o tomar un café afuera, esparcimiento y recreación, vestimenta, arreglos en la casa, vacaciones o escapadas de finde XXL, etc., entra en estado de hibernación hasta nuevo aviso.
Por las malas razones, la clase baja no tiene esta disyuntiva del corte, simplemente porque ya dio de baja hace tiempo esos gastos “no imprescindibles”.
Tarjeta y mora
El otro punto a considerar, en este contexto, es que para algunas familias -ellas sabrán por qué- la alternativa a cortar gastos para que “cierren” los números del mes, es tomar deuda o pagar consumos con tarjeta de crédito y después se verá.
Es decir, mantienen su ritmo de vida como cuando los ingresos eran mayores o alcanzaban para más, decidiendo no cortar el gasto pero a costa de un compromiso de pago a futuro, lo que complicará, seguramente, que se compliquen los números del mes siguiente.
Parte de eso se vio en los últimos meses con el incremento de la mora en la deuda tomada por las familias. Seguramente, tiene gran parte de razón el presidente Milei cuando dice que muchos de los que tomaron créditos fueron “irresponsables” en ese momento y no midieron adecuadamente las consecuencias de hacerlo.
También es verdad que hay gente que está pagando las compras del supermercado con tarjeta de crédito, lo que es toda una señal de que la plata no alcanza. Lo habitual y razonable es pagar en efectivo o con dinero en cuenta (billeteras o tarjetas de débito) y reservar el crédito para imprevistos o inversiones de capital (arreglos en la casa, en el auto) incluso el pago de las vacaciones.
La calle está dura
El Gobierno sigue insistiendo que los salarios “le están ganando” a la inflación, por lo que habría una recuperación del poder adquisitivo de los salarios. No es algo que se vea en la calle, ni de cerca.
La caída del consumo, incluso el consumo masivo (alimentos, bebidas, productos de limpieza y de higiene personal) marca que, independientemente de si la compra se hace en tiendas físicas o por el canal online, lo que manda es el volumen de venta, y ese dato consolidado cae, según consultoras especializadas.
La receta de la clase media para “llegar a fin de mes” o acercarse lo más posible al día 30 sin cortar gastos, incluye una estrategia más y es el pluriempleo. Quien puede conseguir un ingreso adicional fabricando algo en casa para venderlo entre conocidos y familiares, o unas horas de trabajo adicional, lo hace sin dudar.
El costo se paga físicamente. Jornadas de trabajo de 12 a 14 horas, stress crónico, agotamiento físico y mental y suba de niveles de ansiedad, todo para poder llegar a fin de mes, aunque al presidente Milei le parezca inverosímil que haya gente en Argentina en esa condición.



