Ale Martínez lleva 25 años construyendo una carrera en los medios de comunicación. Desde su participación en Gran Hermano hasta convertirse en una de las referentes del periodismo de Fórmula 1 en Argentina, su recorrido estuvo marcado por desafíos, cambios de rumbo y una búsqueda constante de crecimiento profesional.
En una entrevista con MDZ, la periodista y conductora de ESPN repasó sus comienzos en Córdoba, su inesperado acercamiento al mundo de la televisión y las dificultades que encontró para consolidarse profesionalmente después de su paso por el reality. También reflexionó sobre el machismo en el periodismo deportivo y la necesidad de demostrar permanentemente su capacidad.
Su llegada a la Fórmula 1 representó otro punto de inflexión. Después de dejar DirecTV en busca de nuevas oportunidades, encontró en el automovilismo internacional un espacio que terminó por darle reconocimiento. Además, analizó el impacto de Franco Colapinto en el público argentino, las críticas que recibe el piloto y los aprendizajes que le dejaron más de dos décadas frente a las cámaras.
De Ciencias Económicas a la televisión: cómo Ale Martínez descubrió su verdadera vocación
—Sos de Córdoba, empezaste estudiando Ciencias Económicas, algo que no tenía nada que ver con lo que hacés hoy. También venías del mundo de la moda, te gustaba la idea de ser modelo y, en ese primer momento, nunca habías considerado el periodismo como una opción. ¿Hubo algún momento en particular en el que dijiste: “Me quiero dedicar a esto”?
—Sí. La verdad es que siempre digo lo difícil que debe ser para los adolescentes tener que elegir una carrera. Yo estaba convencidísima con Ciencias Económicas. No es que fuera algo que me habían impuesto mis viejos, más allá de que mi papá es contador. No sentía ese peso, sino que tenía facilidad para los números y me encantaban las matemáticas.
Si tenía que ponerme a estudiar algo, quizás sí existía ese mandato de elegir una carrera, una profesión que te diera de comer. Esa cosa de decir: “Bueno, busquemos una profesión en serio que me permita vivir el día de mañana, mantenerme”.
Después, siempre tenía mis hobbies. Me gustaban la publicidad, la moda y quizás la actuación. Pero, al ser del interior, de Córdoba, todo eso me resultaba muy lejano. Todos los programas que veía y en los que quería participar estaban en Buenos Aires. Era imposible.
Cuando cumplí 15 años empecé a hacer algunas promociones, hice un curso de modelo, comencé a ir a castings de publicidad y a trabajar en publicidades. Pero siempre era como un hobby, algo que me gustaba. Después tenía que estudiar algo en serio.
El periodismo no estaba en lo más mínimo en mis planes porque yo odiaba leer. Me gustaba hacer números, resolver ejercicios. Las tareas más teóricas las hacía porque siempre fui buena alumna, aplicada y todo, pero no porque me encantara sentarme a leer. Entonces, el periodismo y las letras no pasaban por mi cabeza.
—No era tu pasión.
—No era mi pasión, por lo menos en ese momento. Cuando me vine a Buenos Aires por el reality de Gran Hermano, me quedé viviendo acá. Ahí empecé a entender qué era lo que estaba buscando y a pensar si podía transformar todo eso en una profesión.
Me preguntaba qué iba a hacer, porque modelo podía ser durante un par de años. Me quedé probando y trabajé cinco o seis años muy intensamente en publicidad, algo que me encantó. Pero pensaba que tenía que empezar a mirar hacia el futuro.
Mi primera idea era volverme a Córdoba, seguir con la carrera de Contadora y continuar con mi vida normal, la que tenía antes. Pensaba: “Me voy a Buenos Aires un par de años, hago una diferencia, ahorro plata y después me vuelvo a Córdoba”.
Cuando empecé a instalarme en Buenos Aires, lo primero que me ofrecieron, independientemente de la publicidad, fue conducir un programa de deportes extremos en Fox. El programa ya estaba aprobado, tenían el piloto y les faltaba la conductora.
Me preguntaron: “¿Te animás?”. Yo nunca había hecho nada de eso, pero dije: “¿Animarme? Me animo. Voy y hago el casting”. Fui, hice el casting y quedé.
Ahí empecé a descubrir el mundo de la comunicación. Me sentía cómoda y me gustaba. Los deportes siempre me habían gustado. Me hubiera encantado poder practicarlos de chica, pero mis viejos no tenían las posibilidades económicas para mandarme a hacer deportes.
De todas maneras, siempre era algo que me interesaba, me inquietaba y me divertía. Iba a la cancha, a ver básquet o fútbol, adaptándome quizás al grupo de amigos o al novio del momento. Pero era algo que disfrutaba.
Empecé a descubrir ese bichito, esa pasión que siempre digo que fue mi vocación. La terminé encontrando de grande y casi que me encontró a mí.
Una vez que empecé a trabajar, a hacer diferentes programas y demás, sentí la necesidad de estudiar Periodismo Deportivo. Entonces estudié de grande y mientras ya estaba trabajando. Todo el mundo me decía: “¿Para qué vas a estudiar ahora si ya estás trabajando?”.
—Justamente, ¿sentías que te faltaba algo que te impulsó a estudiar?
—Sí. Por las dudas, era como decir: “Bueno, a ver si encuentro alguna otra herramienta”. Siempre está bueno seguir puliéndose y, como digo, el saber no ocupa espacio.
Por otro lado, también tenía que ver con que es un medio muy machista. Iban a decir que estaba haciendo lo que hacía porque era ella, la que no era periodista. Entonces, para mí era necesario estudiar para continuar creciendo en mi carrera.
Si mi carrera iba a ir por ese lado, tenía que buscar todas las herramientas posibles. También estaba esa cuestión de decir: “Bueno, tengo el título, soy periodista”.
No sé si estudiar me cambió mucho la perspectiva en determinadas cosas. En todo lo que tenía que ver con la televisión, yo ya contaba con mucha más experiencia de la que me podía dar la escuela.
Pero los primeros años, que estaban más relacionados con el periodismo gráfico, algo que yo no había hecho, sí me sirvieron muchísimo para pulirme y entender cómo se escribe.
Después, la realidad es que todo fue mutando. No es que haya hecho muchas cosas en gráfica, pero me pareció superinteresante.
El fenómeno Gran Hermano y el desafío de dejar atrás la etiqueta de exparticipante
—Tu primera entrada a la televisión fue Gran Hermano, en un momento en el que el reality era furor y hacía 40 puntos de rating. Pasaste de tener una vida normal a que todo el país te conociera. Cuando empezaste a querer dedicarte a otras cosas, ¿durante cuánto tiempo cargaste con la etiqueta de “Ale, la de Gran Hermano”?
—Durante un montón de tiempo. La realidad es que, por un lado, te abría muchísimas puertas, pero también te limitaba para otras cosas.
Incluso en el mundo de la publicidad. Por ahí iba a un casting, pasaba distintas instancias y, cuando llegaba a la etapa definitiva, en la que quedábamos poquitas y teníamos que presentarnos ante el cliente, me veían y decían: “Pero ¿vos no eras la de Gran Hermano?”.
En las publicidades de marcas importantes, generalmente buscan modelos desconocidas, salvo que puntualmente quieran contratar a una figura para una campaña. Entonces, estar tan identificada con una marca como Gran Hermano hacía que perdiera oportunidades de publicidad, sobre todo acá, en Argentina, que era donde más se notaba.
Después, la verdad es que trabajé muchísimo en Latinoamérica y en otras publicidades, y no tuve problemas. Pero acá, para determinadas cosas, especialmente para las publicidades de grandes marcas, era un limitante.
En cambio, para otras campañas, quizás de ropa y demás, te favorecía porque tenías un plus. Era cuestión de ir acomodándolo.
Para la vida normal o para el trabajo en televisión también existe esa cosa de querer poner a los participantes de Gran Hermano en todos lados.
Pero yo siempre digo que, para mí, tiene que ver con el talento de cada uno. Con saber callarte la boca, hacer tu trabajo, seguir estudiando y tener un título.
Poder decir: “Bueno, mirá, sí, está bien, se me abrió la puerta por acá, pero me seguí preparando y adquiriendo herramientas para estar lista para los próximos desafíos”.
Los prejuicios, el machismo y la necesidad de demostrar su capacidad profesional
—¿En algún momento sentiste el síndrome del impostor? Primero cuando empezaste a conducir, sin haberlo hecho nunca antes, y después cuando pasaste de los deportes extremos al automovilismo, un ambiente quizás todavía más machista.
—La realidad es que yo soy muy cabeza dura. Soy de Tauro y los taurinos somos así: cuando queremos algo, no paramos hasta lograrlo. Somos muy persistentes.
Sí me pasó eso de tener que revertir una imagen. Llegás a un lugar y seguramente algunos piensan que estás ahí porque sos la de Gran Hermano. Después tenés que revertirlo con tu trabajo diario. Demostrar que llegás antes, que repasás la rutina, que te preparás, que, si te equivocás o terminás de grabar algo, preguntás: “Bueno, ¿qué te pareció? ¿Salió bien esto? ¿Qué hay que mejorar?”.
Me parece que de eso se trata, de ir sacándote esa etiqueta. Y eso te lo da el tiempo. No es fácil, pero te lo va dando el tiempo. Ya pasaron 25 años y me mantuve siempre trabajando. Durante mucho tiempo estuve en señales que quizás no tenían tanta visibilidad. Por ejemplo, DirecTV, que en su momento no tenía el auge que tiene hoy.
Me pasaba que un montón de gente me decía: “Te desapareciste”. Y yo seguía trabajando, hacía noticieros y un montón de cosas. Lo que pasaba era que la gente no lo veía tanto.
Para mí fue un proceso de seguir creciendo, aprendiendo, preparándome y buscando el lugar en el que me sintiera más cómoda para continuar desarrollándome. Eso para mí es clave: disfrutar lo que hacés. Yo amo mi trabajo, lo disfruto y me encantan los desafíos, la posibilidad de cambiar.
Menos mal que no hice Contabilidad, porque es de lo más rutinario que puede haber: impuestos, números, todo eso que el mundo odia.
Hoy amo no tener esa estructura, que aparezca un desafío diferente, tener que prepararme y poder llevarlo a cabo. Un poco por ahí pasó mi búsqueda profesional.
La decisión de dejar DirecTV antes del Mundial de Qatar: “Fue como un desamor laboral”
—Otro desafío importante fue cuando decidiste dejar DirecTV en diciembre de 2021, antes del Mundial de Qatar 2022, para buscar otra cosa. ¿Por qué tomaste esa decisión? ¿Cómo fue ese salto al vacío?
—Yo ya había cubierto un Mundial, el de Rusia en 2018. En el medio estuvo la pandemia y siempre tenía esa intención de poder consolidarme como periodista y como conductora.
A mí me gusta mucho conducir. Me estaba dedicando principalmente al periodismo deportivo y esa era un poco mi búsqueda.
También estaba haciendo un programa en Canal 9, pero después, con la pandemia, se trabó todo.
Cuando empezamos a salir de la pandemia, sentí que no me estaban valorando. Habían surgido oportunidades durante ese período y quizás a algunos talentos los seguían convocando para hacer determinadas cosas, mientras que yo sentía que había quedado un poco de lado.
Había empezado a conducir un noticiero a la mañana en IP, de noticias en general, junto con Ariella Leart.
Mi búsqueda era otra. Cuando empecé a sentir que ese fueguito ya no estaba, que no disfrutaba de ir todos los días a trabajar, me di cuenta de que necesitaba un cambio.
Llevaba siete años haciendo el noticiero en DirecTV. Necesitaba algo más, quería hacer otra cosa y no encontraba la oportunidad.
Lo hablaba con mis productores y con mis jefes de ese momento. Les decía: “Quiero hacer otra cosa, quiero hacer algo diferente, quiero más”.
Pero no aparecía esa posibilidad. Esperé un tiempo, seguí esperando y no se daba. Llegó un momento en el que sentía que no sabía si alguna vez se iba a dar.
Entonces pensé: “Va a venir el Mundial y, si me quedo un año más y después no me llevan, me voy a querer morir. Porque me quedé todo este año y no habrá servido para nada”.
Ahí dije: “Bueno, es ahora o nunca”.
En diciembre me fui. Antes tuve una reunión en la que planteé lo que me estaba pasando, pero no me ofrecieron ninguna alternativa.
Tampoco me dijeron: “No te vayas, te queremos, vamos a buscar algo”. Fue como un desamor laboral.
Y me fui. Igual tenía IP, porque también estaba esa cosa de contar con algo seguro. Yo tenía el noticiero de la mañana, que era de noticias generales, no deportivas. También era otra faceta de mi trabajo.
Dije: “Bueno, me quedo con IP y después veo”.
Me fui en diciembre y me acuerdo de que en enero o febrero me llamaron de ESPN para hacer Fórmula 1.
Me dijeron: “Lo único es que vos estás en DirecTV y eso no se puede”.
Les respondí: “Mirá, no estoy más. Me fui en diciembre”.
“Ah, bueno, buenísimo. Nos juntamos”, me dijeron. Y así surgió la oportunidad.
La verdad es que, en ese momento, la Fórmula 1 era un producto de nicho, como lo era el automovilismo en general en Argentina durante los últimos años.
Yo había hecho unos siete años El Garage, pero el automovilismo ya no tenía ese auge ni ese furor de décadas atrás.
De todas maneras, pensé: “Bueno, es una puerta de entrada y no la voy a desaprovechar”. Era un poco lo que estaba buscando.
La llegada a ESPN y el desafío de empezar de cero en la Fórmula 1
—A pesar de que ya estaba Drive to Survive, que había acercado a mucha gente a la Fórmula 1, todavía faltaba el gran fenómeno.
—Faltaba el fenómeno Franco, sobre todo en Argentina, en nuestro país.
La realidad es que empecé con un programa llamado Circuito, en el que hacíamos todo el deporte motor internacional: Fórmula 1, MotoGP, IndyCar. Y dije: “Dios mío, ¿dónde me metí?”.
Porque era como empezar de vuelta. Lo mismo que me había pasado con el fútbol, cuando teníamos las ligas de Europa y las sudamericanas en DirecTV. Hacíamos fútbol de Colombia, Perú, Ecuador, Argentina y Europa. Era tener que aprenderte todo de golpe. Bueno, acá me pasaba lo mismo: de repente tenía que conocer a todos los pilotos, las categorías y un montón de cosas.
Además, tenía que ensamblarme en un equipo que ya llevaba muchísimo tiempo trabajando junto.
Entonces también empezaban a mirarte con cara de bicho raro. Yo era la única mujer y, al principio, no fue fácil, obviamente.
Pero era más de lo mismo. Dije: “Bueno, listo, a mi juego me llaman. Si hay que vencer una barrera, quiero eso. Quiero superarlo, demostrar que puedo, prepararme y crecer”.
Cuando me vinieron a buscar, yo les aclaré: “No soy experta en Fórmula 1”.
El inesperado vínculo con los autos que terminó marcando su carrera y su vida personal
—El automovilismo es una actividad que, de alguna manera, atravesó toda tu vida. Es como un hilo rojo que conecta distintas etapas. ¿Desde chica tenías algo que te vinculaba con los autos o cómo apareció esa relación?
—Es el hilo rojo de mi vida. Me sorprende todo el tiempo porque yo no era una apasionada por los autos ni crecí en un ambiente fierrero.
Mis viejos se separaron cuando yo tenía más o menos 12 años. Mi papá, que generalmente es esa figura masculina más vinculada al deporte, al que quizás recordás viendo las carreras a la mañana, durante mucho tiempo no vivió en casa.
Entonces no tenía esa imagen ni esa referencia. Cuando me vine a Buenos Aires, como te decía, el primer programa que me ofrecieron fue uno de deportes extremos. Mi jefe de producción era un fanático de los autos. Él sí era fierrero al cien por ciento, amaba los autos.
Y, si bien el programa era de deportes extremos, íbamos al autódromo. En ese momento estaba Marquito Di Palma, que era la estrella del Turismo Carretera, muy histriónico. Íbamos a hacerle notas y así empecé a meterme un poco en ese mundo, conociendo el ambiente de los autódromos.
Después conocí a mi marido, que corría autos de carrera. Y lo primero que dije fue: “Un corredor de autos, ni loca”. Imaginate que yo ya conocía a Marquito Di Palma y todo ese mundo, y pensaba: “No me quiero meter acá. No es por acá”. Y bueno, me río porque terminé casada con él y ya llevamos 20 años juntos.
Yo no sabía manejar cuando hice mi primer programa. Después aprendí a manejar estando embarazada de Sophie, mi primera hija. Me acuerdo de que dije: “Bueno, ahora voy a tener que moverme con un bebé y no puedo seguir andando en subte, en bondi y todo eso”. Entonces aprendí a manejar.
Después me llamaron para hacer El Garage, donde estuve siete años. Muchos pasos importantes de mi carrera tuvieron que ver con los autos y con el deporte motor. Mi marido fue piloto y ahora sigue vinculado al Turismo Nacional, pero desde la comisión directiva.
Entonces, cuando me llegó la Fórmula 1, independientemente de todo ese recorrido, para mí fue un desafío más.
Hoy estoy en un momento superlindo, de consolidación y reconocimiento. Y digo: “Mirá, me llegó con la Fórmula 1”. No me llegó con el fútbol, ni con el Mundial de Rusia, ni con la Copa América. Muchas veces uno proyecta su carrera con el fútbol o con los deportes más populares, pero a mí me llegó con la Fórmula 1. Y ni siquiera con la Fórmula 1 que conocemos hoy, con Franco. Cuando yo empecé, no teníamos un piloto argentino. Siempre digo que me dio el tiempo para prepararme.
También reconozco algo: yo no era experta en Fórmula 1. Cuando me vinieron a buscar, lo primero que dije fue eso. Y me respondieron: “No, no, estamos buscando otra cosa”. Yo les aseguré: “Aprender voy a aprender, eso te lo aseguro”. Hice un intensivo a pleno, porque además me gusta involucrarme en los proyectos que asumo. No me gusta quedar como una tilinga. Si voy a hacer algo, quiero hacerlo bien.
Pero en ese momento no sabía. También había hecho programas de golf, de básquet y de otros deportes. Al principio siempre te lleva un tiempo acomodarte y después todo empieza a fluir. Ellos me dijeron que me quedara tranquila y que, por mi personalidad, confiaban en que no iba a meter la pata, que podía ir de menos a más.
Fue un poco eso. Al principio tenía unos nervios tremendos por tener que hacer los programas con un equipo de periodistas, todos hombres, y expilotos que sabían muchísimo. Era mi propio nivel de exigencia. No era necesariamente lo que me pedía la producción, sino lo que yo me exigía personalmente.
Tenía unos nervios absolutos.
Ser mujer en un ambiente de hombres: la presión de demostrar que estaba a la altura
—También aparece la necesidad de demostrar constantemente que estás a la altura, sobre todo al ser la única mujer. Dentro del automovilismo hay pocas referentes y vos sos una de ellas en el periodismo. Cuando entraste, ¿sentiste que tenías menos margen de error que tus compañeros?
—Sí, eso siempre. Lamentablemente, aunque evolucionamos muchísimo como sociedad, creo que cuando hablamos de machismo y del rol de la mujer todavía hay mucho que defender.
A mí me pasó durante toda mi carrera. Me pasó en su momento, cuando estaba dando mis primeros pasos en el automovilismo, pero también cuando trabajaba haciendo fútbol.
Por ahí aparecía gente que ni siquiera sabía de periodismo y te decía: “Seguro estás ahí por otra cosa” o “¿Por qué estás ahí, habiendo tantos periodistas sin trabajo?”.
Y te juro que también estudié por eso. Para poder responder cuando me cuestionaban: “Pero pará, ¿querés el título? Lo tengo”.
Porque la gente siempre juzga y eso también es un trabajo que hay que hacer.
Obviamente, yo siempre digo que la crítica constructiva está buenísima. Pregunto mucho, sobre todo cuando empiezo algo nuevo.
Nadie nace sabiendo, todos nos podemos equivocar y muchas veces del error viene el aprendizaje.
Aprender qué hay que modificar, por dónde ir, cuál es el tono. En ese sentido, soy muy receptiva.
No soy soberbia desde ese lugar. Al contrario, me gusta que me hagan devoluciones. No siempre es tan común que suceda.
En ESPN, por ejemplo, durante el primer año trabajamos mucho con el Tero, que es un locutor que lleva muchos años trabajando en el canal.
Me dijeron: “Mirá, la mayoría de los talentos lo hacen. Es para pulir algunas cuestiones, no te sientas mal”.
Y yo les respondí: “No, no me siento mal. Al contrario, buenísimo”.
Trabajamos todo un primer año con él para adaptarme a la comunicación y al estilo del canal.
El tono, la voz, las pausas y un montón de cosas más. Está buenísimo poder aprovechar esas herramientas.
Después todo se fue dando de manera bastante natural.
Obviamente que sí sentía la presión de que me aprobaran. Porque, si no funcionás, te dicen: “Bueno, gracias”, y vendrá otra persona. Es así.
También había un poco de apuesta en la decisión de sumar una mujer. Era como decir: “Hay que incorporar una mujer, vamos por acá y vemos cómo funciona”.
Era claramente una apuesta.
Por suerte funcionó y hoy estamos acá charlando.
Ya va a ser mi quinto año. Yo arranqué en 2022 y Franco llegó en 2024.
Entonces, ese tiempo me permitió prepararme, adaptarme y sentirme segura para poder encarar de otra manera la segunda etapa.
Porque después llegó otro auge, con muchísimo más público y también con muchas más críticas.
El fenómeno Franco Colapinto y las críticas de los argentinos: “Pasamos del amor al odio en un segundo”
—El fenómeno Franco Colapinto llevó a muchísimos argentinos a interesarse por la Fórmula 1. Gente que quizás no entendía nada del deporte empezó a levantarse los domingos a las siete de la mañana para verlo correr, porque hacía décadas que no había un argentino en la categoría. Pero junto con ese entusiasmo también llegaron las críticas. ¿Por qué creés que los argentinos critican tanto a Colapinto?
—Eso no lo sé. Me parece que, como sociedad, estamos en deuda y tenemos que pensar un poco en eso.
Los argentinos somos muy exitistas y muy pasionales. Pasamos del amor al odio en un segundo.
Hoy sos el mejor y mañana sos el peor. Eso también pasa mucho con las redes sociales.
Por eso siempre digo que no tenés que creerte al que te dice que sos el mejor, pero tampoco al que te dice que sos el peor.
Administrar todo eso es difícil, obviamente.
Porque un día te levantás de una manera y otro día, de otra. A veces uno se siente más seguro y otras veces menos.
Y quizás te llegan tres comentarios diciéndote que sos lo peor y terminan afectándote. Empezás a pensar en cómo te desenvolviste, cómo estuviste o qué hiciste.
Yo siempre trato de tomar los consejos o las críticas de la gente que realmente está involucrada en el mundo del automovilismo.
El hecho de que mi marido haya sido piloto hace que conozca a muchos pilotos actuales y a personas de ese ambiente.
Entonces, mi termómetro fue un poco ese: saber que su entorno no considerara que yo estaba diciendo pavadas.
Que me dijeran: “Vas bien, es por ahí”.
Me apoyo mucho en él porque, obviamente, por haber sido piloto, sabe muchísimo.
Al principio le preguntaba un montón de cosas sobre las que tenía dudas o que directamente desconocía.
La autoexigencia, el aprendizaje y la importancia de reconocer los propios límites
—Sobre todo cuestiones técnicas.
—Claro, cuestiones técnicas. Además, él tiene amigos que trabajan con telemetría.
Entonces, cuando yo no entendía un pomo de telemetría, le decía: “Bueno, decile a Nacho que me explique cómo es esto”.
Y Nacho me mandaba un audio y yo trataba de entenderlo, porque son un montón de cosas juntas.
Después también tuve que aprender a bajar un poco mi nivel de exigencia.
Como periodista, siento que no tenemos que ser expertos en todo. No somos ingenieros, por ejemplo.
Tenemos que tratar de entender las cosas. Uno lee, se prepara, pero hay cuestiones que a veces son tan complicadas que digo: “Bueno, hasta acá llegamos”.
Porque quizás terminás diciendo una pavada por algo que leíste y no llegaste a comprender del todo. No tenés la seguridad de si está bien o está mal.
Entonces, mi regla es ir dando pasos seguros y no tirarme al vacío, por lo menos en lo que respecta a los conceptos.
En otras cosas sí me animé a tirarme al vacío, como te decía antes. Nunca había conducido nada y de repente empecé a conducir un programa.
De hecho, a veces miro cosas viejas y digo: “¡Qué horror! ¿Me contrataron en ese momento? ¿A quién se le ocurrió?”.
El mensaje de Ale Martínez a su versión más joven después de 25 años de carrera
—Pero uno también va cambiando y aprendiendo. Para cerrar, pensando en aquella Ale Martínez que estaba a punto de entrar a Gran Hermano con 23 años y viéndote ahora, realizada después de 25 años de carrera, ¿qué le dirías a esa Ale que no tenía idea de todo lo que estaba por venir?
—A mí siempre me emociona un montón esa pregunta, porque fue un momento muy bisagra de mi vida.
Estaba buscando algo diferente. Sentía que necesitaba algo más.
En ese momento de mi vida necesitaba un cambio, necesitaba buscar algo distinto. No sabía qué, pero sí sabía que quería intentarlo.
Entonces, le diría que confíe, que va a estar todo bien. Que confíe en todas las cosas.



