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La tormenta acecha y la señal de alerta que Javier Milei ya no puede ocultar

Los últimos días de Javier Milei condensaron los rasgos de su matriz conductual. Llamó ladrón a Lula da Silva, pidió sacar a patadas del poder a Pedro Sánchez, a un periodista español le dijo que no respetaba su cerebro y a una cronista argentina la acusó de trabajar para corruptos y extorsionadores. En su paso por España, el Presidente gritó, humilló a quienes lo contradicen y se burló de los que dicen que en Argentina hay gente que no llega a fin de mes. Al regresar al país, su talante se volvió todavía más beligerante: dijo que a las malas personas hay que quemarlas en la hoguera, una práctica que durante siglos se aplicó en Europa contra quienes alteraban el orden divino, político o moral.

Pero, entre su estadía en Madrid y el regreso a Buenos Aires, casi al pasar, Milei hizo una confesión, la primera concesión pública sobre las dudas que genera su modelo, al admitir que la economía no crece todo lo positivamente que él esperaba. Fueron palabras ligeras, aunque premeditadas -bien premeditadas, según sus exégetas-, que le ponen un freno al relato oficial de euforia permanente sobre el estado de las cosas. Un escudo, acaso, frente a lo que podría venir. Parafraseando el credo libertario, no todo marcha acorde al plan.

El golpe es duro. Milei no ha pasado un solo día sin subestimar a economistas, empresarios, periodistas, opositores e, incluso, hasta integrantes de su propio Gobierno que, durante distintos pasajes de su gestión, advirtieron sobre los riesgos de un esquema tan dogmático. Es cierto que hay sectores que apuntan a desestabilizarlo, que preanuncian su huida en helicóptero de la Casa Rosada desde el primer día, pero hay otros que -valorando ciertos logros macroeconómicos- han hecho cuestionamientos de buena fe o, tan solo, utilizaron la libertad de expresión para marcar diferencias con el rumbo.

Milei ridiculizó a todos ellos, sin distinción. A veces, incluso, se enojó más con aquellos que supuestamente simpatizan o están cerca de sus ideas que con los adversarios ideológicos que lo desprecian. Les puso apodos peyorativos, los llamó ratas, miserables, idiotas e ignorantes. Hasta hizo callar a sus propios colaboradores en las reuniones de Gabinete. A Patricia Bullrich, por ejemplo. Su rencor aflora y parecería radicalizarse cuando las cosas no salen como él espera. Viejos amigos o ex funcionarios que alguna vez esbozaron algún comentario crítico descubrieron el jueves, al querer escribirle para saludarlo por su cumpleaños número 56, que los había bloqueado en WhatsApp.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso (i), se reúne con Javier Milei, en las instalaciones del Canal de Isabel II de la capital, este miércoles. EFE/

“A medida que los pronósticos no se cumplen, su comportamiento se agrava y es difícil marcarle un matiz con lo que piensa”, reconoce uno de los integrantes del Gabinete. Es una sensación que se expande desde hace tiempo entre quienes tienen acceso a la Residencia de Olivos. Cuentan en el núcleo duro del poder que, para transmitirle una mala noticia o explicarle que una medida es inviable, primero sondean su humor de ese día y luego calibran el tono con el que abordarán el encuentro.

Los temores son mayores cuando se trata de temas relacionados con la economía. La situación actual no es la que esperaban ni Milei ni Luis Caputo. Aun cuando se les reconozca la baja de la inflación, el notorio descenso del 211% que heredó de la gestión Alberto-Cristina-Massa, ambos quedaron presos de sus proyecciones exorbitantes sobre el crecimiento. El ministro llegó a decir en abril pasado que a partir de ese mes la Argentina tendría el mayor despegue en varias décadas. Ahora responsabilizan al shock externo, que existe, pero que no es nuevo. Los primeros ataques de Estados Unidos e Israel a Irán se produjeron en febrero.

La economía volvió a arrojar noticias desalentadoras en agosto, tras la fuerte caída de julio. Según informó el Indec, la actividad tuvo un rebote insignificante, de 0,1% mensual, cuando el consenso del mercado había establecido una suba cercana al 1%. En la comparación interanual, la contracción fue del 1,7%. El país acumularía dos trimestres a la baja y entrará técnicamente en recesión.

Es cierto que en los primeros ocho meses de 2026, la economía todavía puede reflejar números positivos, con un avance del 1,2%. Pero, hace un año, ese indicador era de 5,3%. El FMI y el Banco Mundial tuvieron que ajustar sus proyecciones. La actividad crecería apenas por encima del 1% este año. Mientras eso sucede, el riesgo país no da tregua: subió 16% en octubre y llegó a los 707 puntos básicos. Los mercados se intranquilizan. Y los ciudadanos de a pie, acostumbrados a crisis cíclicas, entendieron que, cuando eso pasa, no se aproximan buenas noticias.

Milei ingresará al año en que se juega su reelección con inconsistencias y frente a una advertencia generalizada de que los sueldos -que tuvieron una leve mejora en los últimos tres meses- llegarían retrasados con relación a diciembre de 2023. El JP Morgan acaba de preguntarse si los votantes estarán dispuestos a mantener el rumbo en 2027 y el Financial Times describió un ambiente sombrío de cara a las elecciones.

El economista Ricardo Arriazu alertó el jueves en la Bolsa de Comercio sobre la férrea política monetaria. Dijo que está de acuerdo con que el Banco Central adquiera dólares, pero alertó: “El problema es que están comprando divisas cuando no subió la demanda de pesos. ¿Qué están haciendo? Destruyendo crédito interno”.

Fue como meter el dedo en la llaga: la descripción de Arriazu coincide con lo que piensan muchos sectores afines a La Libertad Avanza. Milei se niega a cambiar. Ante cualquier sugerencia suele decir que buscan condicionarlo y que se retomen los atajos populistas. Que alguien avise si Arriazu es kirchnerista.

El economista Ricardo Arriazu hizo algunos llamados de atención sobre la economía.

El jefe de Estado mantiene su obsesión inflacionaria y enfrenta desafíos externos, como la suba del petróleo, que podría derivar en un reajuste de los precios en los surtidores. Pese a todo, quiere que los incrementos mensuales arranquen con cero, algo que había prometido para agosto y no pudo cumplir. Sus esfuerzos están puestos en esa dirección. Pero en su equipo son unos cuantos los funcionarios que preferirían que fuera menos intransigente. Es decir, elegirían demorar un poco la caída de los precios a cambio de dinamizar la actividad económica.

Es lo que sugiere Patricia Bullrich, quizá, a partir de las charlas reservadas que mantiene con Carlos Melconian al menos una vez por mes, como reveló Clarín hace tres domingos. La senadora aprovecha y avanza con su plan de diferenciación. Ya no quedan dudas de que, si los astros se alinearan, el año que viene saldría a escena con su proyecto presidencial. Lo dijo el propio Milei: está incentivada por una parte del Círculo Rojo que se ilusiona con un mileísmo sin Milei. Bullrich está dispuesta a transitar sobre la cornisa durante los próximos meses.

Patricia Bullrich se abraza con Javier Milei en la Fundación Faro.

Los confidentes de Milei sospechan que la senadora trabaja para evitar la suspensión de las primarias, como busca el Gobierno en el Congreso para impedir que el peronismo tenga herramientas para dirimir su interna y para minimizar los riesgos de un eventual impacto negativo en los mercados entre la primera elección y la general. El jefe de Gabinete, Diego Santilli, insiste con que tiene los votos. Bullrich pone reparos. El peronismo y los llamados outsiders presionan para que se imponga la postura bullrichista. Si se eliminaran las PASO, más de uno podría desistir de participar en la contienda.

Jorge Brito y Daniel Hadad, que coquetean con una postulación, no formularán ningún anuncio hasta no saber cuáles serán las reglas electorales. El banquero ya decidió no competir dentro del peronismo, como él mismo quería, a partir de los consejos de Emilio Monzó y Jaime Durán Barba. Le resulta indispensable la división del PJ. Lo mismo que a Hadad. El dueño de Infobae estaría confeccionando un equipo económico con profesionales sub-40 que conoció por las redes sociales. Aunque también dialoga con economistas como Melconian y Hernán Lacunza -el posible candidato del PRO-, apuesta a promocionar caras nuevas y hacer eje en la educación.

El peronismo se mantiene en estado deliberativo. La semana pasada, el partido se agitó cuando se conocieron dos hechos: el encuentro de Sergio Massa con Cristina Kirchner y la foto de Axel Kicillof con Juan Grabois. Este jueves, lo que parecía difícil sucedió: Massa, Kicillof y Máximo Kirchner volvieron a verse las caras en la Casa de La Pampa en la Ciudad. Asistieron también, entre otros, el senador José Mayans, el diputado Germán Martínez, Juan Manuel Olmos y los gobernadores Sergio Ziliotto (La Pampa), Ricardo Quintela (La Rioja), Gildo Insfrán (Formosa), Gustavo Melella (Tierra del Fuego) y el jefe político de Santiago del Estero, Gerardo Zamora. Todos coincidieron en algo: sin unidad, Milei se beneficia.

Kicillof sale de la cumbre con Massa y Máximo Kirchner. Foto Enrique García Medina.

Kicillof sigue siendo el mejor posicionado, pero enfrenta la resistencia de Cristina. Hay quienes intentan convencerlo de que se dé una vuelta por San José 1111 para forzar una reconciliación. El gobernador, por ahora, se niega. La última vez que se vieron, hace un año, la ex presidenta le pidió que escuchara más a su hijo Máximo y que acordara con él la estrategia electoral.

Un día después de la cumbre del PJ, el diputado Kirchner se sentó por primera vez en el banquillo de los acusados en la causa Hotesur-Los Sauces. El Tribunal Oral Federal 5 lo juzga, junto a su madre, por lavado de dinero y asociación ilícita. Los delitos son gravísimos, pero el peronismo parecería no reparar en ellos.

Once años después de la salida de Cristina de la presidencia y a 16 de la muerte de Néstor Kirchner, Máximo se propuso levantar el perfil con apariciones en programas de radio, streamings y TV. Intenta mostrarse como uno de los armadores del partido, pero no es su único propósito. Resulta instintivo que quiera ser candidato para mantener su banca entre 2028 y 2032.

En la primera jornada de juicio, el dictamen fiscal acusatorio lo definió como el “organizador” de una “banda criminal” que tenía como jefes a sus padres. Los fueros podrían volverse una necesidad. Un refugio frente a una tormenta que, también sobre él -al fin y al cabo un Kirchner-, avanza lenta pero cada vez más amenazante.

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