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Revisitar la escuela: el concepto sociológico de revisita

Revisitar es volver a un lugar, a un grupo o a un problema que ya fue estudiado, con otra mirada y otro momento histórico. En sociología el gesto tiene nombre propio y una tradición: los reestudios etnográficos, las revisitas de Michael Burawoy y la vigilancia epistemológica sobre lo que damos por sabido.

La escuela es un terreno singular para este ejercicio. Casi todas las personas la han habitado durante más de una década, por lo que la conocen desde dentro, y al mismo tiempo ha sido uno de los objetos más estudiados por las ciencias sociales. Esa doble condición, la de lo íntimamente vivido y lo académicamente teorizado, la vuelve un campo especialmente fértil para preguntarse qué ocurre cuando se vuelve a ella. Revisitar la escuela funciona en tres planos que conviene distinguir: como método (reestudiar una escuela o una investigación clásica), como memoria (volver a la escuela propia con herramientas sociológicas) y como práctica (que docentes y comunidades vuelvan a mirar críticamente lo que hacen todos los días). En los tres, revisitar no es repetir: es producir conocimiento nuevo a partir de la distancia entre el ayer y el hoy.

El concepto de revisita en sociología

El término se asocia sobre todo a Michael Burawoy, quien en “The Extended Case Method” y en “Revisits: An Outline of a Theory of Reflexive Ethnography” (2003) distingue la revisita de la simple replicación. Replicar busca comprobar que un resultado se sostiene con las mismas reglas; revisitar asume que el mundo cambió, que el observador también, y que la diferencia entre ambos momentos es en sí misma el dato. Para Burawoy, cuando el etnógrafo regresa a un sitio ya estudiado, sea el suyo o el de otra persona, lo que contrasta no es solo el terreno sino las teorías con las que se lo miraba. La práctica es anterior al nombre. El caso más citado es el de Tepoztlán, en México: Robert Redfield lo estudió en los años veinte y describió una comunidad relativamente armónica; Oscar Lewis lo reestudió en los cuarenta y encontró conflicto, desigualdad y tensiones. La discusión posterior mostró que la diferencia no provenía únicamente de un pueblo que hubiera cambiado, sino de dos marcos teóricos y dos sensibilidades distintas. Ese episodio enseñó a la disciplina que una revisita revela a la vez al objeto y al investigador. De ahí que la revisita se vincule con la reflexividad. Pierre Bourdieu insistió en objetivar la posición desde la que se investiga, y volver sobre un terreno propio o ajeno obliga a hacerlo: hay que explicar por qué se ve hoy lo que ayer no se vio. Tres ideas quedan entonces en el centro del concepto: el tiempo como variable (el mundo cambió), la teoría como lente (la mirada cambió) y la posición del observador como parte de lo observado.

Revisitar es volver a un lugar, a un grupo o a un problema que ya fue estudiado, con otra mirada y otro momento histórico. — Archivo.

Tipos de revisita y qué se gana al volver

Se puede ordenar la variedad de revisitas según quién vuelve y a qué vuelve.

  • La primera es la autorrevisita, en la que la misma persona investigadora regresa años después a su terreno y descubre tanto cómo cambió el lugar como cuánto cambió su propia mirada.

  • La segunda es el reestudio por otra persona, donde un investigador distinto al original vuelve sobre el caso y deja a la vista los supuestos teóricos y los sesgos que condicionaron el primer trabajo.

  • La tercera es la revisita de la teoría, que realiza una comunidad académica entera al preguntarse qué categorías siguen explicando y cuáles envejecieron.

  • La cuarta es la revisita biográfica, propia de quien vuelve a su propio pasado y resignifica la experiencia vivida con herramientas que antes no tenía.

Lo que se gana con cualquiera de ellas es una dimensión temporal que los estudios de un solo momento no tienen: permite distinguir lo que persiste de lo que cambia y separar el cambio del objeto del cambio en el modo de observarlo. Los riesgos son reales. La nostalgia puede confundirse con análisis, sobre todo cuando se vuelve a un lugar querido. También existe la tentación de leer el primer estudio con criterios actuales y juzgarlo por lo que no podía ver en su época. Y cuando quien revisita es la misma persona, la propia narrativa puede volverse un obstáculo para percibir lo nuevo. Por eso la revisita exige método: registrar qué se busca, con qué preguntas y desde qué lugar.

La escuela como objeto de revisita

La sociología de la educación tiene una larga historia de estudios que hoy funcionan como clásicos y que invitan a ser revisitados. Willard Waller describió en “The Sociology of Teaching” (1932) la escuela como un pequeño mundo social con sus propias tensiones. Philip Jackson, en “Life in Classrooms” (1968), acuñó la idea de currículum oculto para nombrar lo que se aprende de las rutinas, las esperas y las evaluaciones más allá de los contenidos. Paul Willis, en “Learning to Labour” (1977), siguió a un grupo de varones de clase obrera en una escuela inglesa para mostrar cómo su resistencia a la cultura escolar terminaba encaminando a esos jóvenes hacia los trabajos manuales que su clase ya ocupaba.

Cada uno de esos textos invita a preguntar qué sigue vigente. Las escuelas de hoy están atravesadas por tecnologías digitales, por la ampliación de la obligatoriedad, por nuevos debates sobre género, diversidad e inclusión y por trayectorias laborales que ya no son las de los años setenta. Revisitar a Willis, por ejemplo, exige preguntarse qué forma toma hoy la resistencia escolar, quiénes la protagonizan y hacia dónde conduce cuando el trabajo industrial que ese estudio daba por horizonte ha perdido peso. En el contexto latinoamericano, la tradición etnográfica de la educación, con figuras como Elsie Rockwell en México, ha insistido en que la vida cotidiana escolar se estudia en el tiempo largo y en la escala de lo concreto. Volver a las mismas escuelas, a los mismos barrios y a los mismos docentes es una manera de tomar en serio esa apuesta: lo que una escuela es no se agota en un corte transversal.

La sociología de la educación tiene una larga historia de estudios que hoy funcionan como clásicos y que invitan a ser revisitados. — Archivo.

Revisitar la escuela propia

Hay una segunda revisita, menos institucional y más frecuente: la de quien vuelve, como adulto, a la escuela donde fue alumno. La escena es conocida: los pasillos parecen más chicos, los patios más cortos, las autoridades más jóvenes de lo que se recordaba. Esa sorpresa es ya un dato sociológico, porque muestra que la memoria escolar está construida desde una posición (la de niño o adolescente) que el cuerpo y la biografía han dejado atrás. Desde la sociología, esa vuelta permite preguntarse por lo que en su momento era invisible: quiénes eran los compañeros que abandonaron, qué lugar ocupó la clase social o el género en las jerarquías del aula, qué se premiaba y qué se sancionaba sin decirlo. Bourdieu y Passeron mostraron en “Los herederos” y “La reproducción” que la escuela transforma desigualdades sociales en diferencias aparentemente individuales de mérito. Volver a la escuela propia con esa lente puede ser incómodo, porque obliga a reinterpretar como estructura lo que se vivía como talento, suerte o carácter. La autoetnografía y la escritura de trayectorias escolares han hecho de esta vuelta un método. Su condición es la misma que la de cualquier revisita: distinguir la nostalgia del análisis, contrastar el recuerdo con otras fuentes (fotografías, cuadernos, testimonios de otros) y explicitar desde dónde se mira.

Implicancias y cierre

Para la investigación, revisitar la escuela invita a diseñar estudios con memoria: conservar notas de campo, registrar el marco teórico de partida y dejar abierta la posibilidad de volver. Un estudio educativo pensado para ser revisitado documenta no solo lo que encontró sino cómo lo buscó. Para la práctica docente, el gesto tiene un valor parecido. Volver a mirar el propio aula, la propia planificación o las propias expectativas sobre los estudiantes con la distancia de un ciclo lectivo, o con la ayuda de colegas, es una forma de reflexividad profesional. Las comunidades escolares que revisan su historia, sus rituales y sus criterios de evaluación descubren con frecuencia que muchas prácticas “naturales” son decisiones acumuladas, y por tanto modificables.

Revisitar, en conclusión, no es volver atrás

Es usar el pasado como punto de comparación para ver mejor el presente, y usar el presente para cuestionar la forma en que se interpretó el pasado. Aplicado a la escuela, ese movimiento permite conectar tres cosas que suelen ir separadas: lo que la escuela fue, lo que la teoría dijo que era y lo que las personas que la habitan dicen que es hoy.

* Mg. Juan Manuel Ribeiro, especialista en educación. 

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