

La presentación no fue improvisada. Al menos diez días antes del Coloquio de IDEA, el equipo de Patricia Bullrich había comenzado a trabajar sobre los ejes de un mensaje que debía cumplir con dos condiciones: proponer reformas pendientes y revestir tono presidencial. La exposición iba a ir más allá de lo que sugería formalmente el panel titulado “La agenda del Senado”.
Subió al escenario con la confianza de quien se siente local. Acomodó sobre la mesa una tablet que no utilizó y se lanzó a una conversación en la que planteó su propia idea de una reforma previsional, una rediscusión de la coparticipación federal de impuestos, y el desarrollo de la industria nacional, el sector más castigado de la era libertaria. Bullrich recomendó aplicar el caso alemán (el mittelstand), como motor de desarrollo de pequeñas y medianas empresas a partir de una mejora de las condiciones de competencia, algo que no está hoy en la agenda del Gobierno.
Durante 31 minutos de charla no mencionó ni una sola vez a Javier Milei. La jefa del bloque de senadores de La Libertad Avanza deliberadamente habla de la continuidad de las “ideas”, del “modelo”, del “proyecto”. Eso no quiere decir que tenga pensado ser candidata, sino que está dispuesta a forzar las correcciones que considera necesarias desde adentro para seguir formando parte del espacio.
En las intervenciones públicas y en los pasillos, el grueso de los ejecutivos se mostró a favor de la estabilidad macro y, en líneas generales, del rumbo económico. El kirchnerismo continúa siendo la principal luz roja en el horizonte y la dinámica de una polarización a todo o nada en 2027 genera escozor por el impacto y la volatilidad que eso puede tener a lo largo del año.
Pero también expusieron síntomas de preocupación respecto de lo que arrojan los datos oficiales: caída de la actividad y riesgo de recesión, muy a contramano del escenario de fuerte recuperación que pronosticaba la Casa Rosada. Es decir, algo de la receta está fallando.
Esas dudas le transmitieron a Bullrich en conversaciones privadas y en un almuerzo cerrado con hombres de negocios. “Hubo dos inquietudes. Una en el plano personal y de estilo, hay agotamiento respecto del modo del Presidente. Otra en el plano económico, los más golpeados, reclaman que se afloje un poco, que acompañan pero no se pueden seguir desangrando”, resumió una fuente al tanto de las charlas.
“¿Es viable un mileísmo sin Milei?”, fue una de las preguntas, incómodas para el Presidente, que circuló por los pasillos, no tanto como expresión de deseo, sino como un disparador de discusión. Hace meses que desde el círculo rojo surgen opciones alternativas para participar de la elección presidencial, con capacidad de sostener pilares como el equilibrio fiscal y dar garantías de previsibilidad. Ninguno pica en punta y tampoco hay incentivos para instalar postulaciones cuando la atención y las preocupaciones de la sociedad pasar por otro lado.
De hecho, el dato más relevante de humor social en lo que va del año es el cambio de percepción: del “estamos mal pero vamos bien” al “estamos mal y vamos mal”. Eso se puede desprender, por ejemplo, de la medición de Aresco. Hace varios años, desde por lo menos la gestión de Mauricio Macri, que ante la consulta de la evaluación del presente económico el saldo da negativo. En el caso de Milei, eso persistió, pero su plus era la esperanza hacia el futuro. Desde febrero-marzo, eso comenzó a deteriorarse. En septiembre, el 65% considera negativa la situación económica nacional y apenas el 34%, positiva. Respecto de la mirada hacia delante: el 58% tiene “expectativas desfavorables”, mientras que el 34% conserva “expectativas favorables”.
Bullrich parece dialogar con esa parte más pesimista del electorado, lo que la hace permanecer a flote, con su imagen por encima de la de Milei, en diversas encuestas. Aunque eso no se traduce automáticamente en una capitalización en votos. Un encuestador que sigue de cerca el escenario y mantiene diálogo con la Casa Rosada establece un límite preciso: ella puede tener posibilidades de éxito como candidata sustituta que reemplace al Presidente, pero no podría derrotarlo como rival en una hipotética primaria o por afuera del oficialismo. Al menos es la foto de hoy. Es decir: no puede contra Milei; puede en ausencia de Milei.
Ella navega en ese marco, por eso está en un proceso de exploración, con una premisa contundente: no irse y dar pie al mote de “traidora”. “Patricia no va a hacer nada que implique que gane el peronismo, no va a romper”, sostienen en su entorno. La posibilidad de ir como candidata a vicepresidenta, una carta que dependerá de la necesidad política, requerirá de condiciones: lugares en las listas, espacios en el gabinete, influencia en la toma de decisiones. Cuesta creer que Karina Milei ceda y trate a Patricia como socia porque La Libertad Avanza es una empresa de dos accionistas: ella y su hermano.
La incertidumbre no sólo está puesta en cómo se conforma la oferta electoral sino en cómo serán las reglas que regulen esa competencia. Milei llevó a trece gobernadores a París para acercar posiciones y aprobar la suspensión de las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO). El peronismo encontró en frenar esa avanzada un punto de unidad y viene peleando para que eso no suceda.
Cristina Kirchner empezó a contarles a quienes la visitan en San José 1111, donde cumple con la prisión domiciliaria, que por primera vez ve con chances un triunfo opositor. Antes, daba por descontada la reelección de Milei. “Está de primera”, resume un dirigente que accede al departamento, al describir el ánimo de la ex presidenta. “Lee, pinta, estudia chino”, enumera.
Ella misma deja correr el operativo clamor en relación a su figura, una candidatura de imposible realización por su condena por corrupción que incluye una inhabilitación para ocupar cargos públicos. La narrativa de “Cristina 2027” se choca con la realidad: es sólo combustible para llegar con fuerza al momento de negociar. Junto con Máximo son reacios a darles su apoyo a Axel Kicillof, quien a esta altura asoma como el candidato más instalado aunque con enormes dificultades de sumar respaldos.
Sergio Massa quiere hacer valer su peso como actor dentro de sistema y, a pesar de que los números no lo acompañan, insinuó en distintos diálogos que podría competir contra Kicillof. Es probable que Cristina se incline más por él que por Axel, o por cualquier otra opción que encuentre por el camino. Como sea, en el entorno del gobernador se ilusionan con que se impondrían en la interna y que su mejor escenario es ganarle a un delfín de CFK. Es la única manera de ganar impulso y contundencia, por eso, en el fondo, desconfían de que se concrete esa oportunidad.
La provincia de Buenos Aires es el otro gran bastión en disputa, con representación de un tercio del padrón total. Cada vez hay más voces dentro del PJ a favor de que la elección general a gobernador se unifique con la presidencial. Hay intendentes construyendo consenso para que, si se eliminan las PASO a nivel nacional, se realice el siguiente esquema: elecciones primarias bonaerenses en agosto y elecciones generales bonaerenses concurrentes con la nacional. Así convivirían dos sistemas: boleta única y boleta tradicional, dos urnas, una misma fecha. Lo que se evitó en las legislativas de 2025, con el argumento de que era de imposible realización, se encamina a realizarse en 2027.
La falta de certeza sobre el calendario muestra el grado de imprevisibilidad con el que se mueve la política argentina. Si no hay acuerdo entre las facciones de un mismo partido, mucho más difícil es imaginar un gran pacto entre distintas fuerzas con un propósito de mediano y largo plazo. Las perspectivas de sostener un rumbo de país en base a una visión común son parte de una discusión que queda en palabras bonitas. “Firme en las ideas y suave con las personas”, recitó el ex presidente uruguayo Luis Lacalle Pou, ante el aplauso de los empresarios. También fue ovacionado en Mar del Plata el fiscal Diego Luciani, después de exponer sobre institucionalidad y corrupción. Esa misma tarde, en el Congreso, un grupo de diputados casi se va a las piñas a partir de la patoteada de Juan Grabois, quien ya definió la estrategia para combatir a Milei: “A loco, loco y medio”. Por ahora, la moderación se aplaude, pero los extremos definen la política.



