
A 132 kilómetros de la capital, este pueblo cordobés combina antiguos refugios, una cascada entre piedras y noches con muy poca contaminación lumínica.
En plena Pampa de Olaen aparece Characato, un pequeño pueblo del Valle de Punilla que conserva una particularidad difícil de encontrar en otros rincones de Córdoba: en sus alrededores se identificaron cerca de 150 aleros que fueron utilizados por los comechingones.
La localidad está a unos 132 kilómetros de Córdoba capital y a 38 kilómetros de La Falda. También es conocida como la “Villa del Silencio”, un nombre asociado a su ubicación y a la escasa presencia de ruidos urbanos. El arroyo, los pájaros y el viento entre la vegetación forman buena parte del sonido cotidiano.
Los antiguos aleros son solo una parte de lo que se puede conocer alrededor del pueblo. La zona también se caracteriza por su baja contaminación lumínica, una condición que permite observar el cielo nocturno con bastante claridad cuando las condiciones meteorológicas acompañan.
Qué hacer en Characato
Uno de los paseos más accesibles conduce a la cascada Las Bandurrias, ubicada a unos 300 metros del poblado. El agua cae entre grandes paredes de piedra y termina en una olla natural donde es posible refrescarse durante las jornadas más cálidas.
También se puede caminar hacia las fuentes de la Cañada del Laurel, recorrer caminos en mountain bike o realizar cabalgatas. En los cerros Tres Picos y Characato es posible observar cóndores andinos sobrevolando las formaciones rocosas de esta parte de Punilla.
Dentro del pueblo aparece además la iglesia Nuestra Señora del Rosario del Milagro, una pequeña capilla vinculada con distintas historias locales. Para quienes quieran extender la salida, a unos 25 kilómetros se encuentra la Estancia Jesuítica La Candelaria, uno de los conjuntos históricos más importantes de esta zona de Córdoba.
Cómo llegar a este pueblo de Córdoba
Desde Córdoba capital hay que recorrer aproximadamente 132 kilómetros hasta Characato. Por su ubicación y los caminos serranos de los alrededores, conviene consultar previamente el estado de los accesos. Una vez allí, la propuesta pasa por combinar historia comechingona, caminatas y agua en un pueblo que todavía permanece bastante alejado de los circuitos más concurridos de las sierras.




