
Luego de los dos últimos accidentes viales que dejaron víctimas fatales, uno de ellos en Acceso Este y el otro el pasado domingo en la ruta 60, los especialistas coincidieron en un dato contundente: aproximadamente el 90% de los siniestros automovilísticos están realacionados con fallas humanas. Pero también vincularon a factores como el estado de las rutas, las condiciones climáticas y los desperfectos mecánicos.
Exceso de velocidad, distracciones al volante, uso del teléfono celular, consumo de alcohol o drogas, impericia y maniobras imprudentes forman parte de las conductas que, para los expertos, pueden transformar un error en una tragedia en cuestión de segundos.
Pero el análisis de los especialistas va más allá de señalar al conductor. También pone el foco en la infraestructura vial, la señalización, las condiciones de los vehículos y los elementos de seguridad pasiva, como el cinturón y los airbags.
El factor humano, detrás de la mayoría de los siniestros
Osvaldo Corvalán, director de la Unidad Ejecutiva de Seguridad Vial de Mendoza, explicó que las estadísticas reflejaron que los incidentes tienen principalmente origen en el comportamiento de quienes circulan.
“Por estadística, los accidentes de tránsito mayormente son ocasionados por fallas humanas e infraestructura de las rutas. Posteriormente, por alguna falla mecánica”, señaló en diálogo con El Sol.
Para Corvalán, la infraestructura también representó un desafío. Si bien reconoció que existen inversiones destinadas a mejorar los caminos, consideró que todavía queda mucho por hacer, especialmente en un contexto económico complejo.
La mirada coincidió parcialmente con la del especialista en ergonomía, transporte y seguridad vial Roberto Tomassiello, quien estimó que cerca del 90% de los siniestros ocurren por fallas humanas, ya sea por imprudencia, negligencia u otras conductas vinculadas con quién conduce.
Dentro de ese factor aparecieron situaciones como el consumo de alcohol y estupefacientes, pero también otros comportamientos cotidianos que muchas veces son subestimados.
Una distracción de apenas unos segundos puede significar recorrer decenas de metros sin prestar atención plena al camino. El uso del celular, fumar o incluso tomar mate mientras se conduce pueden reducir la capacidad de reacción frente a un imprevisto.
El estado de las rutas
Aunque el factor humano tiene un peso predominante, los especialistas remarcaron que sería incorrecto explicar todos los siniestros únicamente por las decisiones de los conductores.
El perito mecánico Pedro Zeballos hizo un análisis particular de la distribución de responsabilidades y, tomando como referencia el accidente ocurrido el domingo en la Ruta 60, estimó de manera orientativa un “50% de imprudencia, 40% relacionado con la señalización y el estado de las rutas y un 10% correspondiente a desperfectos automotrices”.
Para el perito vial Héctor Budy Roitman, además, no existe una única explicación para un siniestro.
“Un accidente es un hecho multicausal”, afirmó. Es decir, la velocidad, el estado de la ruta, una maniobra, el cinturón, el airbag y las condiciones del vehículo pueden intervenir simultáneamente, aunque con distinto peso.
Roitman fue especialmente crítico con algunas condiciones de la infraestructura vial. Mencionó caminos con mala señalización, desmarcaciones deficientes o inexistentes y banquinas difíciles de distinguir durante la noche.
También apuntó al deterioro de determinadas rutas y a situaciones en las que los conductores deben circular esquivando pozos.
“Hay rutas, caminos con pésimas señalizaciones, muy malas o casi nulas”, describió el perito.
A modo de ejemplo, el lugar donde ocurrió el trágico accidente de Maipú el pasado domingo presenta, según vecinos de la zona, importantes falencias en materia de seguridad vial. El tramo de la ruta 60, a la altura del callejón Piperbo, no cuenta con iluminación y la demarcación de la calzada se encuentra muy deteriorada.
Los límites de la tecnología
Los especialistas advirtieron que ningún sistema de seguridad puede garantizar que una persona salga ilesa de un choque de enorme magnitud.
Los vehículos actuales cuentan con estructuras de deformación programada, diseñadas para absorber parte de la energía del impacto y evitar, dentro de determinados límites, que elementos como el motor o la caja de cambios ingresen al habitáculo.
Pero esos sistemas tienen límites físicos. Roitman explicó que las pruebas de choque se realizan a velocidades controladas y que, a partir de determinados niveles de energía, la deformación de la estructura puede ser tan grande que las posibilidades de supervivencia disminuyen drásticamente.
Por eso, la seguridad de un vehículo no comienza cuando se produce el impacto. Sino en la velocidad a la que se circula, en el estado de las rutas, en la atención del conductor y en el correcto uso de los sistemas de seguridad.
Una mascota suelta, otro de los riesgos
Tomassiello sumó un elemento que muchas veces queda fuera de las campañas tradicionales de seguridad vial: el transporte de mascotas.
Una mascota que viaja suelta dentro del habitáculo puede convertirse en un proyectil ante una frenada brusca o un choque. El especialista indicó que, si un vehículo circula a 80 o 100 km/h y se produce una detención repentina, cualquier objeto o animal que no esté correctamente sujeto mantiene la energía del movimiento y puede salir despedido hacia adelante.
Ese impacto puede provocar lesiones tanto en la mascota como en los demás ocupantes. Por eso, el traslado seguro de animales también debería formar parte de los hábitos preventivos de quienes viajan en automóvil.
Fuente: El Sol – https://www.elsol.com.ar/mendoza/fallas-humanas-rutas-en-mal-estado-que-hay-detras-de-las-tragedias-viales-en-mendoza/



