
El terremoto de Colombia del 10 de agosto volvió a poner el foco sobre una estadística que ya impresiona por sí sola: 2026 acumula diez grandes sismos de magnitud 7 o más en apenas ocho meses. Algunos ocurrieron a gran profundidad o lejos de zonas pobladas y casi no dejaron consecuencias; otros derivaron en tragedias humanas y severos daños materiales.
El año arrancó el 22 de febrero con un sismo de magnitud 7,1 cerca de Kota Belud, en Malasia, a una profundidad de 629 kilómetros que ayudó a reducir su impacto sin víctimas fatales. En marzo, dos nuevos eventos sacudieron el Pacífico: uno de magnitud 7,5 en Tonga y otro de 7,3 en Vanuatu, ambos profundos y sin consecuencias graves.
El 1 de abril llegó el cuarto gran sismo, en el mar de las Molucas en Indonesia, más superficial y con al menos una víctima fatal y daños en viviendas. En abril también Japón volvió a aparecer en la lista con un sismo de 7,4 frente a la costa de Miyako que activó alertas de tsunami pero no dejó muertos, solo seis heridos.
El más fuerte del año llegó el 7 de junio: un sismo de magnitud 7,8 en el sur de Filipinas, cerca de Mindanao, que provocó derrumbes, deslizamientos y un tsunami de alrededor de un metro. Fue el evento más severo hasta ese momento.
Pero la secuencia más destructiva del año llegó el 24 de junio en Venezuela: dos terremotos separados por apenas 39 segundos, de magnitud 7,2 y 7,5, sacudieron el norte del país y desencadenaron una emergencia humanitaria de proporciones históricas que dejó miles de muertos y decenas de miles de damnificados.
El 17 de julio, un sismo de 7,3 frente a las costas de Chiapas, en México, se sintió en Guatemala y El Salvador pero no dejó muertos. Y el 10 de agosto, Colombia sumó el décimo gran terremoto del año, con magnitud 7,4 cerca de San José del Palmar.
Lo que llama la atención es la concentración geográfica reciente: tres de los cuatro terremotos de magnitud 7 o más ocurridos desde fines de junio tuvieron epicentro en el norte de Sudamérica. Esa cercanía temporal y geográfica no alcanza para afirmar que estén relacionados entre sí, pero marca un cambio respecto de los primeros meses del año, cuando la actividad fuerte se concentraba en Asia y Oceanía. La mayoría de estos eventos se produjo dentro o cerca del Anillo de Fuego del Pacífico, y la secuencia de 2026 confirma una vez más que los grandes terremotos pueden alternar entre eventos casi sin consecuencias y tragedias de enorme escala en muy poco tiempo.
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