
Es el último pibe de una generación. La de Cristian Medina, Alan Varela, Equi Fernández, Agustín Almendra, Luca Langoni y el Colo Barco. El último que queda de los que estuvieron en los primeros años de Juan Román Riquelme como dirigente y brillaron en varias consagraciones. Pero mientras disfruta de sus últimos días de vacaciones, el futuro de Exequiel Zeballos es incierto a días del inicio de la pretemporada de Boca.
La carrera del Chango siempre estuvo repleta de incertidumbres y vaivenes. De gran promesa a lesiones graves. De olvidado y relegado a figura clave en el cierre de 2025. Y justamente ese olvido hizo que llegara a esta situación actual: un contrato sin renovar, con un vencimiento cercano, como si nadie hubiera confiado en la última resurrección.
Si bien siempre dijeron desde el entorno de Zeballos que había intenciones de renovar y que contaban con propuestas del exterior, pasaron los primeros seis meses del año sin acuerdo y sin ofertas formales en Boca Predio, por lo que el delantero arrancará la pretemporada sin definiciones.
Con la llegada de Rodolfo Arruabarrena y la ausencia de jugadores desequilibrantes por las bandas, el Chango podría tener un rol importante. Por la forma de jugar de sus equipos y por su probada costumbre de darle lugar a los jugadores hechos en casa y por lo que representa Zeballos, no sería descabellado que el Vasco pida por él para el armado de su nuevo plantel.
Pero para que eso ocurra, las charlas entre las partes -que hasta ahora siempre fueron cordiales- deberían avanzar hacia una renovación. Por lo menos encaminarse. Parece difícil que el Chango tenga un lugar importante si la cosa no prospera…
Y si no hay ofertas por él, todo puede pasar, incluso que forme parte de alguna negociación para encontrar una solución y evitar perderlo a fin de año sin nada a cambio.








