
En territorio mendocino, la política en general busca la forma de reordenarse y reorganizarse ante una serie de eventos y circunstancias que expresan más dudas que certezas sobre el funcionamiento de los partidos políticos.
Es así que el oficialismo provincial comenzó a ejecutar una estrategia de asimilación frente al creciente fenómeno de La Libertad Avanza con cierto grado de comparación a lo que el partido violeta intenta a nivel nacional.
El gobernador Alfredo Cornejo promueve una confluencia de cúpulas que integra a referentes libertarios y sectores del PRO dentro de la estructura de gestión con el fin de poder mantener firme su gobernabilidad.
Este entramado de alianzas garantiza una cómoda mayoría propia en ambas cámaras de la Legislatura de Mendoza, permitiendo avanzar con celeridad en puntuales reformas
Esta sintonía termina por profundizarse de manera anticipada para los próximos turnos electorales, tanto presidenciales como provinciales, asegurandose el territorio frente a eventuales fragmentaciones del voto antikirchnerista.
Por su parte, los representantes libertarios en Mendoza despliegan una estrategia orientada a expandir su base de sustentación territorial sin diluir su identidad doctrinaria.
La Libertad Avanza mantiene bloques propios en los Concejos Deliberantes para preservar su perfil diferenciado ante el electorado evitando ser absorbidos por el radicalismo provincial.
No obstante, esta independencia coexiste con un apoyo indiscutido a las iniciativas del Gobierno local, lo que de todas formas no está exento de discusiones y debates internos que garanticen la viabilidad de la alianza.
En todo caso, la dirigencia provincial libertaria valida los acuerdos de gobernabilidad con la Unión Cívica Radical y resguarda los espacios de decisión obtenidos en las elecciones.
Hay, de todas formas, ciertas líneas internas que optan por competir de manera autónoma para evaluar el peso real de sus consignas en escenarios de gestión comunal. ¿Analizarán en tal caso distanciarse llegado el momento del radicalismo?
En todo caso, no puede dejarse de lado que el despliegue de obras energéticas bajo el amparo del régimen de grandes inversiones (RIGI) impulsado por el Gobierno Nacional apuntala la sintonía entre la Casa Rosada y el Gobierno provincial.
Por otro lado, en el espectro opositor, el Partido Justicialista atraviesa un proceso de depuración interna destinado a dirimir la conducción del peronismo local pero con figuras más centradas en Mendoza que en la política nacional.
La estrategia de los sectores tradicionales e intendentes con arraigo territorial prioriza el aislamiento político de las facciones kirchneristas, quizá más preocupadas por la situación de la ex presidenta Cristina Kirchner y el Gobierno del presidente Javier Milei que por la gestión provincial. Al menos es lo que sostienen dentro del peronismo tradicional.
En este complejo panorama para la oposición, la conducción partidaria aplica sanciones y suspensiones a aquellos dirigentes que optaron por competir por fuera de la estructura oficial en las elecciones previas.
De esta forma se busca homogeneizar el discurso partidario en torno a un perfil de gestión que tire más hacia el centro, relegando temporalmente la confrontación para armar un núcleo de coincidencia interna antes de proyectarse como alternativa de gobierno.




