
El mercado vitivinícola argentino inició el ciclo 2026 con una tendencia de reordenamiento tras los retrocesos experimentados en volumen y valor durante el periodo anterior.
José Bartolucci, presidente de la Cámara Argentina de Vinos a Granel, destacó que el sector comenzó a recuperar terreno en el escenario internacional gracias a una mayor oferta exportable. Al analizar este cambio de rumbo, el directivo se mostró esperanzado respecto al desempeño de las ventas externas: “Estamos medianamente contentos porque este año ha habido un incremento tanto en vinos varietales como en genéricos. Argentina ha vuelto a participar en mercados donde no teníamos oportunidad de competir últimamente”.
La dinámica exportadora actual se encuentra estrechamente vinculada a la situación del consumo doméstico, el cual registró una caída que liberó excedentes para el comercio exterior. Esta mayor disponibilidad de producto permitió a las bodegas locales volver a tentar a compradores internacionales con precios competitivos en diversos segmentos.
“Lamentablemente, la caída del consumo en el mercado interno, que siempre será nuestro principal cliente, nos deja hoy con una mayor cantidad de vinos disponibles para la exportación”, indicó Bartolucci a El diario de San Rafael, señalando que la crisis local terminó actuando como un dinamizador forzoso de las ventas al granel.
No obstante, la rentabilidad de las empresas se enfrenta a la presión de los costos logísticos internos y a las dificultades macroeconómicas que encarecen el traslado de la producción hacia las terminales portuarias. Así, el incremento de los combustibles se posiciona como una de las principales preocupaciones para los exportadores, quienes reclaman medidas que alivien la carga impositiva.

“Venimos reclamándole al gobierno nacional que se mantenga el camino de eliminar la inflación para ser un país normal, pero hoy los aumentos del combustible nos traen mayores costos para llegar con el vino a los puertos”, observó el referente del sector.
El papel del vino mendocino
En cuanto a la calidad del producto mendocino, Bartolucci subrayó que la certificación de procesos es el factor determinante para obtener un diferencial de valor en los mercados más exigentes. El perfil orgánico de la producción local se destaca como una fortaleza estratégica que la industria busca potenciar mediante avales internacionales.
“Destacamos siempre el carácter orgánico por naturaleza que tiene la producción argentina. Actualmente, estamos trabajando fuertemente en obtener todas las certificaciones internacionales necesarias; entendemos que ese es el factor que nos da un ‘plus’”, detalló el presidente de la Cámara.
Finalmente, el análisis de la cadena productiva reflejó la tensión existente entre los precios del viñedo y las fluctuaciones de la demanda global, afectando principalmente al productor primario. A pesar de que los valores actuales de la uva no resultan satisfactorios para el sector, los industriales confían en que el aumento de las exportaciones termine traccionando una mejora en los precios de la materia prima.
“Estamos convencidos de que en la medida en que logremos sacar volúmenes importantes de vino a granel, los precios internos se tendrán que ir reacomodando naturalmente por una cuestión de mercado”, concluyó Bartolucci.




