Acerca de la gravedad de las operaciones rusas en medios argentinos

La revelación de la red de propaganda rusa “La Compañía” en Argentina expuso una fuerte injerencia internacional en suelo argentino que no hace más que degradar la democracia del país y poner en jaque al periodismo independiente que termina siendo enchastrado por el juego de algunos medios que se prestaron para la operación. 

Es un peligro que atraviesa estructuralmente a toda la prensa al terminar erosionando la confianza que la misma debería brindar. Por más que haya sido un grupo pequeño de medios los que se beneficiaron, todo el periodismo perdió un poco más de respeto por el rol antiperiodístico de unos pocos.

Pero más allá del punto de vista meramente del rol del hombre de prensa, resulta ser una práctica de estafa grave para el ciudadano de a pie, aquel que en algún caso consumió un guión escrito en Moscú destinado a manipular las angustias económicas y/o sociales en beneficio de una agenda geopolítica ajena (o quizá no tanto).

El periodismo, cuyo rol es funcionar exclusivamente como un informador que dota al individuo de conocimiento  para decidir, se ve aquí parasitado por agentes que utilizan la libertad de prensa como una herramienta para destruirla desde adentro.



Asimismo, hay un doble riesgo político, ya que por un lado la intervención extranjera busca desestabilizar la gestión interna mediante la fabricación de información o la utilización de datos reales sobredimensionados.

Por el otro, y quizá aún más grave, es que un hecho de esta índole le otorga al Gobierno una suerte de escudo que le permitirá defenderse ante los señalamientos periodísticos o sociales, buscando darle la razón al argumento de que todas las críticas, en casos bien fundadas e independientes, no son más que operaciones de prensa.

En otras palabras, en Casa Rosada encuentran en “La Compañía” la excusa perfecta para blindarse ante reclamos ciudadanos, construyendo una narrativa donde todo disenso es, por definición, una operación de una nación “enemiga”.

Básicamente, el único que sale beneficiado de todo este asunto, en última instancia, es el propio Gobierno al que se suponía que se debía golpear, porque el periodismo queda totalmente enchastrado y la sociedad, en casos, con problemas para comprender qué es una operación y qué es información real.

Le da, además, un argumento a los fanáticos para defender al Gobierno ante las noticias que pueden pegar de lleno a las altas esferas del poder, sobre todo en la retórica coyuntural, donde se perdió en gran parte la habilidad del debate para cerrarse en frases cortas y previamente digitadas para deshacer cualquier tipo de cuestionamiento.

La veintena de medios que fue financiada por Rusia para llevar adelante esta operación de desgaste debería rendir cuentas al respecto, porque hicieron un daño superlativo al resto del periodismo que no solo no tiene nada que ver, sino que se centra en el trabajo ético de la prensa.

No hay justificativo alguno a la hora de realizar operaciones porque se insiste, el trabajo de los medios de comunicación es tan sencillo como ser el “medio” entre los hechos y las personas. Nada más que eso.

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