
“Si la economía del país crece, la economía de Mendoza va a crecer más todavía”. Durante todo su segundo mandato, el gobernador Alfredo Cornejo ha repetido esta frase en discursos oficiales, encuentros privados, cafés, reuniones de gabinete, foros y cuánto espacio ha podido. Es real que la provincia no tiene soja, maíz ni minería desarrollada para exportar más y mejorar sus ingresos en dólares. Que la producción de petróleo declina y la Vaca Muerta mendocina aun no despierta. Que la vitivinicultura (a nivel mundial) atraviesa una crisis monumental y que el turismo ha venido a la baja. Pero también es real que su vaticinio, repetido tantas veces, hasta ahora no se cumplió. Y que gobernar bien no es lo mismo que administrar bien (un logro que no se le puede discutir). Dato mata relato.
Lo cierto es que la economía de Mendoza atraviesa una situación estructural crítica que quedó plasmada en la 21° edición del informe anual presentado por el IERAL de la Fundación Mediterránea. Según el documento dirigido por los prestigiosos economistas Gustavo Reyes y Jorge Day, la provincia ha completado un ciclo de 15 años sin lograr una recuperación real de su actividad económica per cápita. Para los expertos, este estancamiento prolongado se traduce en una pérdida sistemática de bienestar para sus habitantes y una foto problemática del mercado laboral actual.
El informe fue presentado días pasados en el hotel Park Hyatt Mendoza, ante un selecto grupo de invitados, entre los que se destaban funcionarios, legisladores, empresarios, emprendedores, dirigentes, académicos y otros hombre y mujeres influyentes de la sociedad mendocina.
Los datos del estudio estipulan que durante 2025, si bien se registró una recuperación tras un 2024 recesivo, los números no son alentadores en términos comparativos. La economía de Mendoza experimentó una expansión estimada del 3,5% anual, una cifra que resulta significativamente menor al crecimiento del 4,4% registrado por el promedio de la economía nacional. Esta brecha de casi un punto porcentual evidencia las dificultades de los motores locales para traccionar al mismo ritmo que el resto de Argentina.
El estudio detalla que la producción estimada de bienes y servicios en la provincia durante 2025 ascendió a los u$s 15.750 millones, lo que representa aproximadamente el 3,4% del total del país. En términos de ingresos individuales, el nivel promedio de cada mendocino se situó en los u$s 7.500 anuales, una cifra condicionada por las dos décadas de baja productividad e inversión que arrastra la región.
La dinámica de la actividad económica provincial a lo largo de 2025 fue marcadamente dispar. El año comenzó con una leve recuperación durante los primeros tres trimestres, pero sufrió una fuerte contracción en los últimos meses debido a los diversos shocks macroeconómicos que afectaron al país hacia el cierre del periodo. La inflación en la provincia terminó diciembre en niveles levemente superiores al 30% anual, en sintonía con el promedio nacional.
Para entender este desempeño inferior al del país, el IERAL analizó los cinco motores macroeconómicos de corto plazo. De ellos, las ventas al exterior fueron el único motor contractivo, ya que las exportaciones mendocinas y su poder adquisitivo interno se redujeron drásticamente durante el año. Mendoza se destacó negativamente como la provincia que más bajó sus ventas al mundo en un contexto donde la mayoría de las jurisdicciones argentinas tuvieron una dinámica exportadora positiva.
La brecha con la Nación
Al profundizar en la dinámica de los sectores, se observa una realidad heterogénea entre “ganadores” y “perdedores”. Entre los sectores con mejor desempeño relativo en 2025 se encuentran el financiero, con un aumento del 26,7%, y la construcción, que creció un 6,1% impulsada por la obra pública y el crédito hipotecario. Sin embargo, la construcción aún no logra recuperar los niveles previos al derrumbe de finales de 2023.
Por el contrario, los pilares históricos de la economía de Mendoza mostraron cifras preocupantes. El sector del petróleo, que representa el 17% del Producto Bruto Geográfico (PBG), continuó en caída con una reducción cercana al -5% en su producción. A diferencia de lo que ocurre a nivel nacional con el auge de Vaca Muerta, Mendoza padece el agotamiento de sus yacimientos maduros en la Cuenca Norte y la falta de inversiones significativas en la Cuenca Sur.

La vitivinicultura, otro eje central que aporta el 12% del PBG, también tuvo un año negativo. Los ingresos reales de las bodegas y productores cayeron un 8%, acumulando varios años de retroceso consecutivo. La mayor oferta de uva en 2025, lejos de ser una buena noticia, presionó los precios a la baja, provocando una caída estimada del 29% en los ingresos monetarios de los viñateros netos de inflación.
El turismo fue otro de los grandes perdedores del año, con una caída del 5% en la cantidad de visitantes alojados en hoteles. Mientras que a nivel nacional el turismo interno mostró una leve mejora, Mendoza se vio perjudicada por la apreciación cambiaria, que volvió al destino menos competitivo para los extranjeros y alentó a los argentinos a viajar al exterior. Esta situación impactó directamente en el empleo formal del sector, que se redujo tanto en hotelería como en gastronomía.
El sector del comercio, que representa el 17% de la economía provincial, mostró un repunte anual del 3,7%, pero el informe aclara que esta mejora responde principalmente a la baja base de comparación de 2024. Durante gran parte de 2025 predomino el estancamiento, con rubros tradicionales como supermercados e indumentaria muy afectados por la caída de los ingresos reales en el segundo semestre. En contraste, se destacó la venta de autos impulsada por el acceso al crédito.
8 propuestas para recuperar a Mendoza
La economía de Mendoza enfrenta un panorama social complejo derivado de estos años de estancamiento. Según los datos del cuarto trimestre de 2025, la provincia se ubica como la cuarta con mayor presión laboral en Argentina. Se estima que existen aproximadamente 275.000 ciudadanos mendocinos con problemas de empleo, ya sea porque están desocupados o porque sus trabajos actuales no les permiten cubrir sus necesidades básicas de ingreso u horas.
Para revertir esta tendencia de tres lustros, el IERAL propone ocho reformas estructurales clave. La primera de ellas es incentivar sectores dinámicos como la minería, siguiendo el ejemplo de diversificación productiva de provincias vecinas, aunque advirtiendo que no se debe descuidar la competitividad del resto de los sectores. También se subraya la necesidad de potenciar el sector exportador, reduciendo la concentración de productos y destinos y mejorando la logística hacia Chile.
Un punto crítico señalado es la reducción de impuestos distorsivos, específicamente Ingresos Brutos. Aunque la alícuota promedio bajó del 3,8% en 2017 al 3,2% en 2025, la presión impositiva sigue siendo más del doble de la que existía en periodos de estabilidad económica. Para lograr una baja real de impuestos, el informe sostiene que es indispensable una reforma integral del Estado Provincial que reduzca el gasto público de forma eficiente y permanente.
Otro desafío reside en mejorar la infraestructura, priorizando proyectos con alta rentabilidad social, especialmente ante el uso de los fondos del resarcimiento de Portezuelo del Viento. A esto se suma la urgencia de agilizar trámites burocráticos, ya que la simplificación administrativa podría acelerar el crecimiento económico hasta en medio punto del PBI por año, según estándares internacionales.
Finalmente, el informe destaca dos áreas clave para la productividad del capital humano: la reducción de la litigiosidad laboral, donde Mendoza se ubica entre las provincias con más juicios contra las ART, y la mejora de la calidad educativa. Un dato alarmante es que casi un tercio de los trabajadores mendocinos no ha terminado el nivel secundario, lo que limita drásticamente su capacidad de innovación y el nivel de sus remuneraciones.
De cara al 2026, el escenario base plantea una lenta recuperación iniciada en los primeros meses del año. No obstante, el panorama está condicionado por la altísima incertidumbre mundial derivada de conflictos bélicos, que podrían afectar los precios de la energía y el crecimiento de los socios comerciales de la provincia. Si la demanda de pesos se estabiliza a nivel nacional, Mendoza podría consolidar una mejora gradual y comenzar a recuperar parte del terreno perdido durante los últimos 15 años. Y se cumpla el vaticinio de Cornejo.




