El plan para reconvertir el Hipódromo de Mendoza y el impacto en las 800 familias que viven del turf

El histórico Hipódromo de Mendoza se encuentra en las puertas de una transformación radical que redefinirá la fisonomía del centro-oeste del Gran Mendoza.

El intendente de Godoy Cruz, Diego Costarelli, presentó un ambicioso plan para reconvertir las 40 hectáreas del predio en un nuevo polo urbano. Sin embargo, el anuncio abre un interrogante crucial sobre el futuro de la actividad hípica local, un motor económico y social del que dependen cientos de trabajadores en la provincia.

Un “gigante” urbano hacia la innovación

Tras un año de trabajo técnico bajo estricto hermetismo y consultoría con el Consejo Federal de Inversiones (CFI), la comuna busca darle una nueva dinámica a este espacio subutilizado, delimitado por el Corredor del Oeste y las calles Montes de Oca, Armani y Gorriti.

El concepto urbanístico proyecta el desarrollo de viviendas, comercios y áreas destinadas a la producción y la educación, integradas de manera fluida con espacios verdes y recreativos.



“Este proyecto es urbanismo, pero también es cohesión social. Es calidad de vida. Es futuro”, enfatizó Costarelli.

Respecto al destino del turf, desde el municipio aclararon que la intención no es eliminar la actividad, sino “revalorizarla”. No obstante, reconocieron que la proyección a largo plazo contempla el traslado de la tradicional pista de carreras a otra sede para permitir el desarrollo total de la obra.

Trabajo y arraigo en el Hipódromo de Mendoza

Más allá del avance inmobiliario y la modernización, el Hipódromo alberga una compleja microeconomía. Según los registros históricos del propio sector trabajador, la cadena productiva del turf sostiene directa e indirectamente a cerca de 800 familias en Mendoza. Este ecosistema está compuesto por un engranaje fundamental que incluye a jockeys, peones, cuidadores, vareadores, herreros, veterinarios, vendedores de forraje y personal administrativo.

Cualquier mudanza impactaría de lleno en la logística y el sustento de estos trabajadores. Históricamente, las caballerizas (studs) han funcionado como un segundo hogar —y en muchos casos, el principal— para cuidadores y peones, dada la estricta necesidad de asistir a los animales de alta competencia las 24 horas del día.

Esta realidad habitacional tiene antecedentes profundos: en el año 2012, el Instituto Provincial de la Vivienda (IPV) debió intervenir para erradicar y relocalizar en el Barrio Jardín Hipódromo a 30 familias que vivían en el interior del predio en condiciones de vulnerabilidad.

Hoy, por la dinámica ininterrumpida que exige el cuidado de los caballos, sigue siendo habitual que un número fluctuante de trabajadores pernocte o resida temporalmente en el predio.

Más allá de las carreras: equinoterapia e inclusión deportiva

El impacto de una posible reconversión no solo alcanzaría a la industria hípica, sino también al rol comunitario que el espacio ha consolidado en los últimos años. El predio cedió un sector específico para el desarrollo de la equinoterapia, una actividad vital para la rehabilitación y el tratamiento de diversas condiciones de salud.

Además, el óvalo central se ha transformado en un verdadero polo de contención. En mayo de 2019, se inauguró allí una cancha de rugby con un fuerte perfil inclusivo. Este espacio deportivo forma parte para el desarrollo de múltiples disciplinas —como fútbol y hockey— y actividades sociales, beneficiando directamente a los clubes locales y a programas de integración comunitaria como el equipo de rugby inclusivo “Los Caciques”.

El desafío para la gestión será lograr un equilibrio entre el avance urbano en una zona estratégica de Godoy Cruz y la contención integral de un sector histórico, resguardando tanto las fuentes de trabajo del turf como los espacios vitales de inclusión social y deportiva.


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