De los trolls a los escándalos: Rodríguez Larreta surfea en el pasado de su gestión

El actual legislador porteño Horacio Rodríguez Larreta decidió romper el silencio y marcar el inicio de una nueva etapa política con el objetivo de regresar a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en 2027. 

Tras el revés sufrido en las internas presidenciales del 2023, el exalcalde porteño lanzó un espacio propio que funciona como búnker de pensamiento y plataforma electoral, desde donde lanza dardos constantes hacia la actual gestión de Jorge Macri

Rodríguez Larreta sostiene que el distrito atraviesa un proceso de degradación visible en la limpieza, el mantenimiento del espacio público y la seguridad, argumentando que la transformación que él lideró durante ocho años terminó por detenerse.

Esta estrategia busca posicionarlo como el gestor eficiente que la Ciudad supuestamente extraña, distanciándose de la alianza que el PRO mantiene con el Gobierno del presidente de Javier Milei, a la cual el legislador describe como una pérdida de identidad para su partido original.



Sin embargo, este intento de retorno triunfal se topa con el recuerdo de episodios que marcaron su administración y que sus detractores se encargan de reflotar cada vez que la oportunidad aparece. 

Entre ellos, el escándalo por la compra de barbijos durante la pandemia del coronavirus permanece como una de las manchas más señaladas en su historial de contrataciones. 

En aquel momento, la Ciudad adquirió mascarillas N95 vencidas a la empresa Green Salud, vinculada al entorno del propio ex Jefe de Gobierno, a un precio de 3 mil pesos por unidad, una cifra que triplicaba los valores de mercado de entonces. 

Este hecho no solo derivó en denuncias por supuesta malversación de caudales públicos y negociaciones incompatibles con la función pública, sino que también instaló la idea de una supuesta cartelización que Rodríguez Larreta aún lucha por sacudirse en su nuevo armado político.

A estas sombras se le suma un componente polémico referido a la activación de granjas de trolls y cuentas automatizadas en redes sociales destinadas a blindar su imagen de cara a las voces críticas.

Este esquema de control del discurso público, sumado a las filtraciones que involucraron a su exministro de Seguridad, Marcelo D’Alessandro, en presuntos intercambios de favores con empresarios contratistas, exhibe un escenario donde la transparencia se convierte en el mayor problema de su propuesta. 

Mientras el ex alcalde porteño intenta convencer al electorado capitalino de que es el único capaz de devolver la eficiencia, sus rivales políticos se preparan para recordarle que su modelo de gestión también incluyó escándalos y polémicas de todo tipo.

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