Mendoza perdió 55% de productores en 10 años y cayó casi a la mitad la superficie cultivada

Entre 2015 y 2025 desaparecieron 11.683 productores en la provincia. También se redujo 47% la superficie cultivada en cultivos clave como vid, frutales, olivos y ajo, según datos oficiales del Registro Permanente del Uso de la Tierra.

La estructura productiva agrícola de Mendoza atraviesa una transformación profunda y preocupante. Entre 2015 y 2025 la cantidad de productores se redujo 55%, según datos del Registro Permanente del Uso de la Tierra (RUT) del Ministerio de Producción a los que accedió un medio local tras un pedido de información pública. En el mismo período, la superficie cultivada de algunos productos cayó 47%.

En números concretos, de 20.876 productores que había en 2015, en 2025 quedaron 9.193. Es decir, desaparecieron 11.683 productores en una década. La caída no se limita al sector vitivinícola: también se observa en ajeros, productores de olivo, frutales y otras actividades agrícolas tradicionales.

¿Qué cultivos fueron los más afectados?

El retroceso impacta de manera desigual según el cultivo, pero todos muestran números en rojo:

  • Vid: 37% menos de superficie.
  • Frutales: 51% menos.
  • Olivos: 78% menos.
  • Ajo: 74% menos.

Estos datos reflejan no solo una retracción coyuntural, sino un proceso sostenido de abandono de fincas, reconversión forzada y pérdida de capacidad productiva.

Entre las causas señaladas aparecen los bajos precios pagados al productor, el aumento de costos, el avance urbano sobre tierras cultivables, la falta de inversión en agregado de valor y la escasa mejora de productos orientados a la exportación.

¿Cómo influye la caída del PBG en la crisis agrícola?

La doctora en ciencias sociales y especialista en economía agrícola, Natalia Palazzolo, explicó que una de las causas estructurales es la caída del Producto Bruto Geográfico (PBG) de Mendoza.

Según su análisis, la provincia aporta cada vez menos al PBI nacional, lo que genera un achicamiento progresivo de sectores productivos, en especial la agricultura. “Pero a Mendoza le ha ido peor que a la Nación”, sostuvo, al remarcar que no todo puede atribuirse a la macroeconomía nacional.

Palazzolo señaló que, salvo la industria manufacturera y algunos servicios, actividades como minas y canteras, energía y agricultura han soportado una disminución cercana al 15%. A su entender, también hubo políticas provinciales desde 2015 que no lograron sostener los sectores generadores de valor.

Recordó además que Mendoza supo tener un fuerte polo exportador de fruta de pepitas, como peras y manzanas, cuya producción se redujo prácticamente a la mitad. “Pasamos de ser exportadores a importar fruta”, advirtió, vinculando esa transformación con la pérdida de productores y abandono de fincas.

¿Qué advierten desde el ámbito legislativo?

La diputada provincial Gabriela Lizana, ex dirigente de la Asociación de Productores del Oasis Este (Aproem), consideró que la pérdida del 55% de productores en diez años confirma que el modelo productivo está en crisis.

“No estamos perdiendo solo hectáreas de vid: estamos perdiendo frutales, horticultura y otras producciones. Eso significa menos empleo rural, menos arraigo y menos capacidad exportadora”, afirmó.

Para Lizana, la ecuación productiva dejó de cerrar. Los costos crecieron más rápido que la rentabilidad y el valor agregado se concentra lejos del origen. Además, señaló la ausencia de una política integral que equilibre la cadena agroalimentaria y modernice el sistema productivo.

¿Qué pasa en el contexto internacional?

La legisladora comparó la situación local con lo que ocurre en el mundo. Tras la pandemia y los conflictos internacionales, muchos países reforzaron sus políticas de seguridad alimentaria y protegieron sus cadenas agroalimentarias.

En Europa, por ejemplo, se fortalecieron marcos regulatorios para evitar que el productor venda por debajo de sus costos y para equilibrar la cadena de valor. En contraste, sostuvo Lizana, en Argentina aún se discute el mercado en términos teóricos sin reconocer las asimetrías profundas que existen en la cadena.

“Sin políticas inteligentes, el eslabón más débil desaparece”, advirtió.

¿Hay miradas diferentes dentro del sector?

En el Sindicato de Obreros y Empleados Vitivinícolas existen posiciones encontradas. Algunos sostienen que la reducción de hectáreas y productores se explica por precios que no acompañan y por los altos costos de mantenimiento y construcción de viñedos.

Otros, sin negar la caída, plantean que parte de la actividad se reubica dentro de la provincia, es decir, que productores abandonan una zona pero se instalan en otra.

Sin embargo, los datos globales del RUT muestran una tendencia clara: menos productores y menos superficie cultivada.

¿Qué implica esta retracción para el futuro de Mendoza?

La pérdida del 47% de superficie cultivada en ciertos productos no es una oscilación de mercado, sino una señal estructural. Menos producción implica menos empleo rural, menor circulación económica en los oasis productivos y menor capacidad exportadora.

Con un mercado interno retraído y escaso acceso al crédito, muchos productores encuentran dificultades para innovar, mejorar calidad o conquistar mercados internacionales.

El desafío, coinciden especialistas y dirigentes, es reconstruir un modelo productivo con visión estratégica, que recupere valor agregado y genere nuevas oportunidades. De lo contrario, la retracción podría profundizarse y modificar de manera irreversible el perfil económico de la provincia.

 

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