
El consumo no repunta en Argentina y el vino atraviesa una caída escalonada que parece no tener retorno.
Más allá de la situación restrictiva de los ingresos de los argentinos y de la mavor penalidad al consumo de alcohol al volante, el motivo principal está vinculado a los cambios de hábitos, una filosofía de vida estoica y una alimentación saludable.
Según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), el consumo per cápita de vino en Argentina cayó a 15,77 litros anuales, el registro más bajo en varias décadas de medición (alcanzaba los 90 litros por persona anuales en 1970).
La crisis golpea a bodegas, productores, comercializadores, a la enogastronomía y al turismo ligado al vino.
La crisis del vino se da en un contexto donde el principal enemigo no es ni el tipo de cambio, la inflación, el costo argentino y mucho menos la calidad. El principal enemigo es la corriente de vida saludable que rechaza el alcohol, coinciden bodegueros y especialistas en consumo masivo.
fuente 0291 y clarín



